LA REMONTA
Hace dos años nos presentamos al concurso
de La Remonta. De vez en cuando, en el estudio hacemos algún concurso, más como
ejercicio de liberación que como esperanza de recompensa. Algunos hemos ganado,
pero en general partimos casi siempre con mucho escepticismo ante el resultado,
que vemos confirmado con los respectivos fallos. Con La Remonta pasó lo mismo:
poca moral, pero muchas ganas de exponer nuestra visión del problema y nuestra solución.
A mí lo de La Remonta me había preocupado
siempre, pues los santanderinos hemos puesto durante años muchas esperanzas en
lo que allí pudiera salir. Hace casi veinte años, en mi pasada vida de
funcionario, participé en unas iniciales conversaciones para trasladar la
instalación militar al entorno del Pozón de la Dolores que, es evidente, no
cuajaron. Mucho se habló entonces de llevar allí el Hospital de Valdecilla, que
finalmente se decidió mantener en su sitio, para desesperación de una
generación del personal del centro que ha sufrido, sufre y sufrirá la obra
durante años (creo que los menos afectados, menos mal, han sido los pacientes).
De pronto, al poco del triunfo de Zapatero,
los socialistas lanzan la idea de dedicar la finca a viviendas de protección
oficial. Hablan inicialmente de 5.000 viviendas. Gran polémica. En aquel tiempo
hablar de construir viviendas de protección oficial era discurso obligado del
político que quisiera votos. Cuantas más viviendas de VPO, más votos (creían).
Se produjo el choque entre Ayuntamiento que quería la finca gratis para un
parque botánico (?) y los socialistas que mantenían que había que hacer "viviendas
sociales", a ser posible 5.000 o más.
Al final tras muchas reuniones hubo un
principio de acuerdo entre Defensa, Gobierno Regional y Ayuntamiento.
Desecharon, por razones políticas, un proyecto ya redactado y convocaron un
concurso al que nos presentamos.
Las bases exigían una reserva para espacios
libres del 50% de la superficie, es decir 15 hectáreas de las 30 totales. (Hay
que recordar que la Península de la Magdalena tiene 25 hectáreas). El número de
1.300 viviendas era el resultado de aplicar a la superficie, el máximo
permitido por la ley: 70 viviendas por hectárea para el suelo urbanizable.
Además, había que situar 41.000 m2 edificables de uso terciario y las obligadas
reservas de equipamientos. Total, el resultado era una alta densidad si se
considera que la mitad de la superficie debía destinarse a espacio libre.
Para hacerse una idea, esta es la
comparación aproximada entre el proyecto de La Remonta y el ya construido Cierro del
Alisal:
Es decir la densidad neta del Cierro del
Alisal es de 1.250/8= 156,25 viviendas por hectárea. Y la densidad neta de La
Remonta será: 1.300/6= 217 viviendas por hectárea. Un 50% más alta. Esta
densidad tan alta sale por la exigencia de partida de destinar el 50% de la
finca a espacio libre, propuesta con la cual los políticos creen haber acallado
las críticas por destinar tan hermosa propiedad a viviendas de protección
oficial. Parece que lo consiguieron. Es más, como se verá, han escogido una
solución que valora por encima de todo ese nuevo parque y hace de la ordenación
de las viviendas algo residual. A mí me parece bien esa alta densidad y lo digo
porque los grandes maestros del urbanismo que he tenido y leído, defienden que
solo por encima de 200 viviendas por hectárea se consiguen características
urbanas, de ciudad. Por debajo, estamos en las afueras de la ciudad y en este
caso se trata de hacer un trozo de ciudad netamente urbano.
En realidad La Remonta es una isla en la ciudad. Pero no siempre lo fue. Hubo un momento en que fue ribera del mar. Es más,
la charca circular que la caracteriza, hoy embalse artificial, fue el extremo
de una pequeña cala de las decenas que a mediados del XVIII conformaban el
perímetro de la bahía, antes de los grandes rellenos de siglos posteriores. A finales
del XIX, uno de los Pombo santanderinos adquirió y rellenó parte de una finca de la zona que
destino a “explotación y recreo”, a la que denominó Campogiro. Esta fue
adquirida por la Diputación
y cedida al ejército para Depósito de Sementales en 1920. Y desde entonces se conformó como un recinto
cerrado. Un recinto militar en las afueras de la ciudad, que con los años ha
quedado dentro. Hasta no hace muchos años la tapia que rodea la finca era bastante
diáfana. Desde el perímetro se podían ver las suaves y bien cuidadas campas de
pastos para el ganado. Hace pocos años la finca se cerró con bloques de
hormigón y se acentuó su carácter de isla
Pero no solo es una cuestión visual: el
aislamiento tiene también fundamentos topográficos, de planeamiento y
sociológicos.
La topografía de la finca es una suave ladera que asciende
desde el Norte hacia el Sur, para caer abruptamente con un desnivel de casi 20 metros, hasta la calle
Eduardo García del Río. En realidad ese es el límite original y natural de la
Bahía: El relleno de la concesión Wissocq (1853), alejó el litoral un par de kilómetros
y con los años las aguas y marismas fueron sustituidas por naves industriales.
La Remonta limita por el Sur y por el Este
con suelo industrial. Y, además, el ferrocarril de la costa, o del Cantábrico, contornea
la finca por el Este, aislándola de su conexión más natural con la ciudad. Sólo
un escueto paso inferior bajo la vía férrea ha servido y sirve de conexión con
el centro. Peñacastillo ofrece un límite al Oeste, también abrupto e
inaccesible, situación que se ha acentuado aún más con la construcción de los
edificios de la casa cuartel de la
Guardia Civil, que por razones de seguridad constituye otra
nueva barrera inaccesible y visual
La Remonta es hoy un isla urbana , tapiada
y cerrada sobre sí, cuya realidad solo se percibe desde algún punto alto de
Cazoña. Sólo al pasar por la puerta del recinto, en la calle Campogiro, se
puede ver fugazmente el conjunto, todavía hermoso, de las praderías coronadas
por los edificios del desaparecido Depósito de Sementales del Ejército.
Las administraciones se propusieron abrir
La Remonta,
que deje de ser una isla, para pasar a ser un trozo de ciudad. Requirieron que una gran superficie, el 50%
del total, se destinara a parque y todas las viviendas (1.300) fueran de
protección oficial. Además se asignó una notable edificabilidad (41.000 m2) para usos
terciarios.
Esta claro que las administraciones querían
hacer no sólo un nuevo barrio integrado en la ciudad, sino aprovechar la
ocasión para “coser” la ciudad, de modo que La Remonta deje de ser una
isla, pero también deje de ser una barrera en la trama urbana, todavía poco
estructurada, de la zona.El programa o las bases del concurso, hacían
mención y especial hincapié en la interconexión, continuidad e integración de
los espacios libres de Doctor Morales, existente, y Peñacastillo en proyecto, con el fin de que
esa continuidad de los espacios libres, inevitablemente muy limitada, garantizara
la “costura” e integración del sector con el resto de la ciudad.
Creemos sin embargo, que la integración ha
de conseguirse con algo más que la
conexión exclusiva de los espacios libres colindantes (en algunos casos todavía
en proyecto).
La ciudad son sus redes. La red de espacios
libres es integradora, pero también lo son, y algunas en mayor medida, la red
viaria, la de comunicaciones en general, la de trasporte público, la de
itinerarios peatonales, la de carril-bici, las redes de servicios, de agua,
energía, saneamiento y, como no, la red del paisaje urbano entendida como un
continuo visual identificable que enlaza las distintas partes de la ciudad sin
interrupción. Todas esas integraciones hay que conseguir en La Remonta para que pase a
ser parte de la ciudad.
Solo hay en la ciudad algo más importante
que las redes y son las personas. Pero incluso las personas y sus relaciones
conforman en la ciudad una red intangible que caracteriza la vida de sus
barrios y al conjunto de la ciudad. La Remonta va a ser un barrio de viviendas de protección
oficial y eso caracteriza la población inicial no solo por su nivel de renta,
sino por algo mucho más trascendente en el plano urbanístico: toda la población
será joven y los edificios se ocuparán inmediatamente de construidos.
Nuestra propuesta pretendió,
fundamentalmente, esa continuidad de las redes de la ciudad, de modo que las
1300 viviendas pasaran a ser un conjunto accesible y tramado en aquellas redes.
Además, perseguimos otros objetivos secundarios de paisaje, liberando el entorno
de la parte alta de la finca de edificación para valorar la atractiva
topografía actual de las suaves laderas, con el edificio original y su hermoso
patio de palmeras, en lo alto.
Resuelto el concurso confirmamos, una vez
más, que no habíamos ganado.
Y supimos que los ganadores eran Batlle y Roig
(¿aliados discretamente con Apia XXI?). Me pareció una gran noticia. Tengo el
mejor concepto de estos arquitectos paisajistas catalanes. He oído varias
conferencias de Batlle y conozco bastantes obras suyas todas ellas
interesantes, de modo que el resultado del concurso me pareció, sinceramente,
estupendo. La Remonta estaba en buenas manos.
Pasó un tiempo hasta que conocimos la
propuesta ganadora y ahí comenzaron mis dudas y sobre todo mi sorpresa. Batlle y Roig plantean una solución
arrazimada sorprendente. Partiendo de dos de las rotondas exteriores proyectan
sendos viales que penetran en la finca en fondo de saco y que sirven de
soporte, uno a unas 500 viviendas y el otro a las 800 restantes. De este ultimo
sale a su vez otro vial en fondo de saco en forma de rama secundaria, de modo
que entre los dos abrazan la parte alta de la finca donde se sitúa el edificio
original.
Un principio básico de un esquema viario,
es que un fondo de saco no debe tener más de 200 metros y servir a muy baja
densidad. Lo que los profesionales conocemos como esquema Radburn, en
referencia a la ciudad de New Jersey en que se conformó este modelo (usado de
modo generalizado para viviendas en parcelas independientes de los suburbios
americanos). La propuesta de Batlle y Roig rompe radicalmente con ese principio
y plantea unos fondos de saco de cientos de metros y una altísima densidad.
Sorprendente.
Pero a mí me sorprende más que un jurado de técnicos y políticos seleccionen
una propuesta así. ¿Cómo funciona ese esquema que obliga a una intensa
circulación interna obligados sus habitantes a entrar y salir de su “racimo”
por un solo punto?. ¿Dónde queda el concepto de red, imprescindible en la
construcción de la ciudad?. El esquema es tan frágil que una simple avería en
el vial de acceso significa cerrar el acceso y salida de todo el barrio. Por
otro lado los recorridos de algunos servicios se multiplican o agravan, como es
el caso de la recogida de basuras, autobuses y taxis. Por no hablar de
ambulancias o bomberos. Paisajísticamente, se renuncia a la característica silueta
de la finca con el edificio original presidiéndola, que quedará situado entre
unos masivos bloques. Se propone la construcción de la mayor cantidad de
viviendas del conjunto en una tipología de bloques muy compacta, en el
pronunciado talud del sur, cuya pendiente aconseja o bien su no construcción o hacerlo
con muy baja densidad.
Todo se ha condicionado al gran parque. Lo demás es residual.
Me sorprende el esquema y más la elección.
Con todo, lo más grave es el aspecto
sociológico, pues como ya hemos dicho, con ser importantes las redes materiales,
en una ciudad lo son más las sociales. El esquema favorece el sentimiento de gueto,
lo cual tratándose además de viviendas de protección oficial resulta poco
recomendable.
La Remonta no dejará de ser una isla urbana



Certero y didáctico. Como siempre
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