viernes, 18 de enero de 2013

DIARIO 2002.7



DIARIO 2002.7

miércoles, 18 de diciembre de 2002 758
Tenemos visita a San Vicente y Comillas. Toda la mañana y si se complica un poco, acabaremos de comida.
Las comidas de obra son una parte importante de la arquitectura. Para muchos, incluso la más importante. Probablemente para nuestros maestros y teóricos, cernedores de las mafias controladoras de grandes encargos y de las publicaciones, esto que digo es blasfemo. Posiblemente. ¿Qué tiene que ver la Arquitectura, con mayúscula como a ellos les gusta denominar lo que hacen o controlan, con los chuletones de buey o los cocidos que tanto le gustan, por ejemplo, a J L y no digamos nada a los aparejadores?. Pues a mí me parece que mucho. Esos chuletones ponen en común a los tres grandes agentes de la arquitectura: Propiedad, constructor y arquitecto, con papeles y responsabilidades cada vez mas repartidos, de aquello de útil, firme y bella, respectivamente. Así que la buena Arquitectura, la que parte del la cohesión de los tres condicionantes vitrubianos, se asienta tanto en los cimientos, como en los chuletones regados con buen vino. Allí se conocen, se liman diferencias, se discute, se cuentan historias imposibles y salvan el edificio, o también se alejan, recelan y rompen tratos haciendo fracasar la arquitectura.
Debería estudiarse en la carrera: Introducción al Menú, Chuletones I, Postres II...
nosabeloquedice

viernes, 20 de diciembre de 2002 8:24
Se acabó el año de trabajo. Quedan flequillos, pero nada más. Todo el género está vendido, que decían no sé cuándo. Pero quedan cosas, ya lo creo, por hacer y que nos las encontraremos a la vuelta, a primeros del 2003 ¿Se acaba alguna vez el trabajo?. Como bien decía mi amigo Goyo el canario: ¿para qué trabajar con prisas, si el trabajo no se acaba nunca?. A pesar de reconocer la verdad de este pensamiento, no consigo aplicarlo a mi quehacer diario y las prisas condicionan el trabajo.
Asquillo.
Las buenas obras de arquitectura se han construido sin prisas. Este puede ser un buen propósito para el año que viene. Difícil de cumplir. En todo el proceso de una obra, el tiempo que se dedica a pensar, a hacer el proyecto, es el menor. Ridículamente pequeño en comparación al resto. La mayor presión de prisas en todo el proceso la soporta el arquitecto, después, claro está, de los pobres destajistas de la obra.
Las prisas son dinero para el que lo gana: el promotor.
Otro día escribo del dinero en la arquitectura.
prisas

sábado, 21 de diciembre de 2002 8:24
El día después del encuentro gastronómico organizado por B. Un éxito. Cosillas a mejorar y a esperar el II Encuentro. Quedó claro que la arquitectura es una labor de equipo, en este caso modesto, pero equipo. Hemos escogido una organización disgregada con colaboradores en otros estudios, en lugar de un estudio compacto. No es seguro que sea un acierto. Desde luego no es lo que hacen los que más trabajo llevan. Claro que ya está bien de trabajo con el que hay.
semiorganizado


domingo, 22 de diciembre de 2002 9%
Domingo de lotería. Premios para los pobres que lo necesitan. Así suele ser esta lotería. Y también gana dinero el estado, que cada vez es más pobre, con los billetes que no vende y tocan.
También hoy es el primer día en que crece, valga la redundancia, el día. Se notará poco en este primer mes, pero ya vamos a más luz.
La arquitectura no entiende mucho de estaciones y yo creo que eso es un fallo. Si las personas se adaptan o toman medidas para afrontar estos cambios, la arquitectura, en cambio, confía en las instalaciones; al final, en el derroche de energía. para "adaptarse" a las estaciones. Los edificios deberían de cambiar de color, oscuros en invierno y claros en verano; de tamaño de ventanas, grandes en invierno y pequeñas en verano, etcétera, etcétera ...
Queda mucho camino que recorrer en este sentido.
Ya veremos si lo vemos.
empiezaacrecer


martes, 31 de diciembre de 2002 13:02
Último día del año
Se acabó el año 2002. Capicúa. Mal año.
La arquitectura camina sin rumbo a la par que el urbanismo. Victimas del populismo, la frivolidad y el capitalismo desaforado. Así de realista lo veo. Pero soy optimista para los años que vienen. El rigor, la austeridad y la funcionalidad volverán a ser la base de la belleza en la arquitectura. Todavía hay esperanzas.
Y lo veremos.
El año que viene.
esperanzado

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