DIARIO 2002.6
domingo, 24 de noviembre de 2002 8:39
Domingo que amanece
luminoso por aquí y lluvioso por el resto. Día después del Barça-Madrid, que se
recordará por el lanzamiento de tiro al blanco contra Figo. No hubo ganador.
Figo salió ileso.
Los estadios de
futbol, como el Nou Camp o El Sardinero, están pensados para que pase esto.
Desde el principio de un proyecto de estadio de este tipo, la arquitectura se
define para que llegado el momento, la afición, eufemismo con el que se
denomina a la masa embrutecida, alcoholizada y salvaje, llegado el momento,
digo, la afición pueda insultar, escupir y tirar al blanco contra los jugadores
a los que considere culpables de sus males. El arquitecto encamina desde el
principio el diseño al acercamiento de la afición al terreno de juego. Dicen
que para dar el calor a este deporte. Y vaya que si lo consiguen. El espacio
entre la línea blanca del campo y la primera línea de espectadores se reduce a
lo mínimo imprescindible para mal sacar los corners y colocar la llamada
publicidad estática (debería llamarse asaltática, por lo que supone de agresión
visual y por las veces que los jugadores en sus carreras tienen que saltarlas,
más o menos ágilmente). Además, a los graderíos se les da mucha mayor
inclinación de la necesaria por visibilidad, también para acercar las últimas
filas al terreno de juego. El primer y el segundo anfiteatro vuelan hasta casi
la línea blanca del campo, para que esos espectadores estén también lo más
cerca posible y puedan insultar, escupir y tirar al blanco, incluso con mas
efectividad que los del primer tendido. Toda la arquitectura del campo se
encamina al fin de conseguir lo que los futboleros llaman una "olla a
presión". Todos quieren esa presión, jugadores (del equipo de casa),
técnicos, directivos y sobre todo periodistas. Es la "esencia del
futbol", dicen. Cabrones. El arquitecto les hace el campo como ellos
quieren y todos contentos con su olla a presión. Pero si un día hay una
explosión de la olla echan la culpa a "cinco o seis fanáticos", que
como ayer tiraron cientos de escupitajos. naranjas, botellas, piedras,
mecheros, esta vez a Figo, pero podría haber sido a Luis Enrique en el Bernabeu.
Arquitectura de masas. Para las masas.
En el Sardinero se
sugirió que el campo fuera también un estadio de atletismo, pero los futboleros
dijeron que no, que ellos querían olla.
Toma olla.
arquitectosinmasas
lunes. 25 de noviembre de 2002 7:50
Lunes. Volvemos a la
arquitectura. ¿Es arquitectura esto que hacemos en el estudio?. ¿Cumple con las
condiciones para ser considerado como tal?. ¿Todo lo que hacen los arquitectos
es arquitectura?. Los edificios seriados, domésticos, discretos, ... ¿son arquitectura?.
¿Y los que sucumben a los
terribles gustos por un regionalismo trasnochado?.
¿Cuáles son las
condiciones mínimas que debe cumplir un edificio a partir de las cuales puede
ser considerado como obra de arquitectura?.
Prometo esforzarme próximamente
y escribir las condiciones que yo creo necesarias.
pensante
martes, 26 de noviembre de 2002 8:O2
La arquitectura
tiene, como todo, sus miserias y penalidades. No todo es crear espacios
continuos y fluidos en donde la luz lo inunda todo y el bienestar se apodera de
sus ocupantes.... Más bien para conseguir algo de esto, muy poco normalmente,
hay que pasar por la penalidad cotidiana del llamado ejercicio profesional. Ahí
es nada el ejercicio ese.
Bueno pues ayer fue
un día de gran ejercicio profesional y bajos resultados arquitectónicos.
Pura miseria cotidiana.
Hoy será otro día.
meejercito
martes, 17 de diciembre de 2002 7'44
Iré a Torrelavega a
ver cómo va el final del hotel y piscina en el que ha metido mano el decorador
PE y no la saca.
Ten obras y que te
las decore PE. Es una conocida maldición que corre entre los arquitectos,
cuando de verdad quieren hacerse daño. Los decoradores, interioristas,
arquitectos de interior o como más pomposamente se les quiera llamar, son
profesionales imprescindibles en determinadas obras. Tienen un trabajo complejo,
delicado, difícil, que requiere muchas horas de dedicación y conocimientos. Y,
además, tienen la enorme responsabilidad de configurar, en gran medida, la
imagen final de la obra de arquitectura.
Pero los hay, !ay!,
que creen que pueden y deben desconfigurar la obra de arquitectura a su gusto y
que es, su gusto, lo intocable e indiscutible del proceso. Lamentable. Quizá
haya algo de la famosa puta envidia detrás de todo esto, pero el resultado
final es, casi siempre, y en el caso de PE siempre, el mismo. No se trata de subordinarse
al arquitecto, que tampoco pasaría nada por hacerlo, no, se trata de
subordinarse al proyecto y que este sea el que mande.
Demasiado evidente para estas horas,
besos
entrenaadiario
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