DIARIO 2003.9
sábado, 22 de marzo de
2003 10:23
Casi me voy sin
escribir este diario matutino. He bajado al estudio dispuesto a imprimir los de
los últimos meses y la cosa no resulta fácil por aquello de que mi maldito ordenador
me los ha borrado de improviso y tengo que trasvasarlos de otro ordenador, cosa
nada fácil. aunque parezca mentira.
Ayer cine:
"Soldados de Salamina". Una pena. La Ariadna se carga la película de
la que lo único que me gustó fue la calidad de la fotografía semi en color,
semi en blanco y negro.
Colores. A algunos
habría que sacárselos. Literalmente.
soloparaelbuengustoestancolores
domingo, 23 de marzo
de 2003 10:12
Arquitectura de
piedra, algunas piedras-rubias, en la que se puede aprender mucho del armado de
la piedra, del rejunteo de la mampostería, de la disposición de los colores,
...
A los historiadores
solo les admira la labra de los sillares y describen con minuciosidad las enigmáticas
marcas de canteros, pero falta por hacer un estudio de los lienzos de piedra y
sus juntas o rejunteos que, al fin, tienen más trascendencia que aquellas
oscuras marcas.
Mampuesteromayor
lunes, 24 de
marzo de 2003 9:02
Almodóvar ganó su
segundo óscar. Mejor guión original. Ahora con este premio pienso que mi idea
de un guión especular de este, con personajes femeninos y suicidio final en la
Giralda, aquel que conté cuando vimos la película, podía merecer un trocito del
òscar. Y me hace ilusión.
Sigue
la primavera. el sur y la sequía. La ciudad empieza a oler mal porque aquí la
limpieza urbana la cobra una contrata, pero la hace la lluvia. Y si no hay
lluvia no hay limpieza. La última vez que vi usar una manga, la famosa
manga-riega-que-aquí-no-llega, hará más de treinta años. Ahora como todo está
mecanizado, el riego se hace desde un camión cisterna que se limita a salpicar
los bordillos y mojar lo justo las aceras para que, durante un rato, se vuelvan
peligrosamente resbaladizas. También consigue, gracias a la virulencia del
chorro, llevar toda la mierda de la calzada a las aceras. Una vez allí pueden
aparecer las otras máquinas: La rompedora de aceras o la esparcedora de basura
que completan el ciclo devolviendo gran parte de la basura a la calzada y, de
paso, rompiendo gran parte de las baldosas de la acera. Es lo que se puede
llamar el ciclo rotacional del negocio de las basuras, que entra en contacto
con el ciclo reposicional del negocio de baldosas en acera. Maravillas de la
vida urbana moderna que ofrecen estos delicados y sutiles ejemplos de
diversidad negocial.
Ya está bien.
quelluevaquelluevalavirgendelacueva
martes, 25 de marzo
de 2003 9:05
Primavera inacabable.
Sequia prolongada. ¿Ya está aquí el verano?. ¡A que no!.
Sigue la guerra
inacabable y prolongada. ¿Cuándo llegará la paz?. O por lo menos el
final.
Muchas veces he
pensado que una obra es como una guerra del edificio contra numerosos y, a
veces, indefinidos enemigos. Es una metáfora que hoy parece demasiado frívola,
porque la realidad de la guerra no admite metáforas de pura barbarie que es. La
bestialidad en sentido literal aparece de pronto en el escenario de la guerra,
pero con los medios y refinamientos que producen la bestialidad racional,
mas evolucionada, e inalcanzable para las pobres bestias irracionales.
Nada que ver con la
guerra de las obras. Guerra sin sangre, literaria, de baja intensidad con intereses
mezquinos por todos lados y una única víctima inocente: el edificio.
Fin de la metáfora.
noalaguerra
miércoles, 26 de marzo de 2003 9:10
Sigue la primavera.
Sigue la guerra. Sigue la sequia.
Me iré a San Vicente
de la Barquera. Volveré para estar con Iruretagoyena. La tarde con J. Barquín.
Bien. Días completos.
La arquitectura a
veces está tan lejana que no la sientes. Otras veces te inunda y rodea y al
mismo tiempo te ayuda a flotar. Pero la sequia todo lo agosta incluso la mente
y las ideas. Así que nada. Nada de nada.
Un día de estos, en
cualquier esquina, bajo tanto papel como hay en el estudio, con una llamada,
con la entrega de un proyecto o el final de una obra, un día de estos,
reaparecerá la arquitectura e, inundados, volveremos a sentirla.
poético
jueves, 27 de marzo
de 2003 9:06
Saramago, el
inquietante premio Nobel, dice (ayer venia en los periódicos) que el correo
electrónico es incapaz de trasmitir emociones. Nada como la conversación, el
cara a cara, o la letra escrita "mojada, quizá, por una lagrima". Me
da no se qué enmendar la plana a un premio Nobel y lo que voy a hacer es
enmendar la plana a la noticia del periódico: No está bien negar a los emailes
la posibilidad de trasmitir emociones. Incluso pienso que es mejor vehículo que
los otros. La imaginación no tiene aquí mas sustento que ella misma y no
necesita de la imagen, del cara a cara, ni del tacto, ni la carta húmeda, para
la evocación. Es un medio más directo a la imaginación. También es un medio que
facilita el engaño, pero habrá que
suponer
la voluntad de trasmitir emociones en todos los casos. ¡Cuántas miradas falsas
y cuántas cartas mentirosas hay en el mundo de las relaciones!. Es verdad que
un email es volátil, a mí me desaparecen cada cierto tiempo, y que cobran más
entidad cuando salen por la impresora, pero ese ya no es el campo de los sentimientos
sino el de los documentos, el de nuestra frágil memoria que quiere almacenar en
papel lo que es incapaz de retener.
¿Qué tiene esto que
ver con la arquitectura?. Poca cosa. Pero hay en el fondo un paralelismo entre
la diferente trasmisión de sentimientos arquitectónicos: oralmente, dibujando
en papel, o con un computer. ¿Es este último un medio incapaz de trasmitir
emociones arquitectónicas?.
emociones
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