DEMANDADO
Fui a mi primer juicio como
demandado. Alguna vez tenía que ser la primera, tras cuarenta y pico años de
profesión. Una comunidad de viviendas construidas hace unos siete años por
Construcciones V. para la Promotora VA., me demandó a mí como arquitecto, a la
constructora y a la promotora. En la instrucción se incorporó a los
aparejadores como demandados. Inicialmente la comunidad se basó en un informe
pericial, encargado por ella a un aparejador, en el que se documentaban varias
humedades en la escalera, portal y cuartos de instalaciones. Poca cosa. La
valoración, hecha por partidas alzadas, según el perito era de 12.000
euros. Cuando a mi me llego la demanda, Construcciones V. ya se había ofrecido
a arreglar las humedades por 4.000 euros que proponía repartir, a partes
iguales, entre los demandados: Promotora VA., Construcciones V y yo. Tocábamos
a poco más de mil euros y se evitaba todo el proceso del juicio. Parecía
razonable, aunque resultaba injusto el reparto teniendo en cuenta que los
aparejadores, con mayor responsabilidad que yo, si es que tenía alguna, se
escapaban del pago y que un reparto igualitario debe hacerse entre socios
igualitarios. VA, el promotor había vendido todas las viviendas de la promoción
ganando mucho dinero y V. las había construido ganando también mucho dinero.
Comparativamente el arquitecto era, calculo yo, menos de un 2% del
negocio, pero a la hora de pagar debía contribuir con un 33%. Injusto, pero
tratándose de cantidades pequeñas a mi no me importaba, sobre todo porque yo
creía que lo pagaría mi compañía de seguros: Asemas.
Pero Asemas me propuso que pagara yo los mil y
pico euros para evitarme sobrecostos en la prima a partir de entonces. Y además
me enteré que por el mero hecho de haber sido demandado ya había perdido la
bonificación que había acumulado a lo largo de años sin ninguna demanda. Es
decir Asemas, con la demanda de la comunidad no solo no perdía nada, sino que
incluso ganaba por el hecho de quitarme la bonificación de la prima. Llegue a
pensar que Asemas podría ir incitando a las comunidades a demandar a sus
asegurados con bonificación, pues de esa manera incrementaba su negocio. Les
hice ver que con la sola lectura del informe pericial de parte, se veía claro
que las humedades eran debidas a la fase de construcción y puesta en obra, y no
a las de proyecto y que era bastante claro que yo no tenía ninguna
responsabilidad de manera que no estaba conforme con el enfoque que querían
darle. Su propuesta de acuerdo era que yo pagara para evitarme sobrecostes en
la prima, pero en realidad los beneficiarios eran ellos, no solo por recuperar
las bonificaciones que yo me había ganado, sino por no tener que hacer el gasto
del juicio. Me negué. No veía ninguna ventaja para mí en el acuerdo, así que
les dije que no, que quería que se gastaran el dinero y seguir adelante: no hay
acuerdo.
El abogado de Asemas, y por lo tanto mío, ha sido L. R., abogado de postín de la ciudad, que ha llegado a ser decano. En la instrucción se ha designado perito al arquitecto F A, que se dedica única y exclusivamente a peritaciones judiciales. Tipo listo, impulsivo, hablador (¡me comentó el abogado L. R. que ha habido juicios en los que ha hablado más de una hora!) y creo que buen experto en construcción, pericias y sobre todo en maniobras de comunidades y administradores cazapleitos. Después de un aplazamiento (¿hay algún juicio que no se aplace?), por fin quedó señalada la vista para el viernes. Unos días antes el arquitecto F A me había enviado el informe pericial. Es largo y prolijo con un buen aporte documental con termofotografías y todo. Según el informe no hay responsabilidad en el proyecto y cabe deducir que hay problemas en la "puesta en obra". Esta es un poco la clave del asunto: La "puesta en obra" es un concepto importante. Se distingue "dirección de obra", que es la supervisión y control de la ejecución de las distintas partidas que conforman una obra, cuya responsabilidad directa es del aparejador, y en algún caso también del arquitecto, de la "puesta en obra" que es el control de la ejecución de todos y cada uno de los metros cuadrados y detalles individuales de la obra que corresponde principalmente al encargado y en consecuencia al constructor. Es decir si hay una humedad concreta, no generalizada en las mismas condiciones de la obra, en principio se trata de un fallo de puesta en obra, pues está claro que la obra está bien ejecutada excepto en ese punto. Bien. Con ese informe tan favorable, llegó el día del juicio y como es normal el abogado L R me cito en la cafetería Lobriza (bonito nombre) frente a los juzgados. Lobriza es a Santander lo que Riofrio es a la Audiencia Nacional de Madrid. Todos los juzgados tienen una cafetería adjunta que sirve para punto de reunión, para llegar a acuerdos para verse las caras y suponer lo que va a pasar en la vista.
- Este quiere el aplazamiento
Me dijo el abogado L. R.
después de saludar al abogado de Construcciones V. Yo creo que no lo había
dicho tan claro, pero se ve que se conocen bien.
El abogado de Promociones VA
es un joven madrileño de buena pinta y, no hay más que hablar dos palabras con
él, para darse cuenta de que es listo. Viene entregado. Todos conocen ya el
informe pericial y saben cómo puede ir la cosa. A Promociones VA le toca pagar
en cualquier caso. Está por ver que nos puede caer a los técnicos y Construcciones
V. tampoco se escapa.
Después de pasar un control
llegamos a la puerta de la sala con casi diez minutos de adelanto. Al poco van
llegando los procuradores, los aparejadores y sus abogados, los representantes
de Construcciones V. y los suyos y naturalmente la "parte actora" que
es el termino técnico con el que se conoce al demandante, en este caso la
comunidad de propietarios. Por esa parte solo asiste el administrador, el
procurador y la letrada (¡qué poco interés el de los propietarios!) Así que nos
juntamos allí más de 15 personas dispuestas a pasar la mañana.
A las diez y cinco llega su señoría, la secretaria y el oficial, que entran en la sala. Al poco el oficial sale para llamar a las partes. A mí me toca casi el primero; para entrar a la sala tengo que dejar el carnet de identidad al oficial, que me lo devolverá a la salida. He ido a muchos juicios pero siempre como testigo o perito y por lo tanto no había entrado en la sala al principio del juicio. Tenía curiosidad por ver como comenzaba un juicio. Y no me defraudó.
A las diez y cinco llega su señoría, la secretaria y el oficial, que entran en la sala. Al poco el oficial sale para llamar a las partes. A mí me toca casi el primero; para entrar a la sala tengo que dejar el carnet de identidad al oficial, que me lo devolverá a la salida. He ido a muchos juicios pero siempre como testigo o perito y por lo tanto no había entrado en la sala al principio del juicio. Tenía curiosidad por ver como comenzaba un juicio. Y no me defraudó.
El estrado es una tarima más
alta que la de las clases de mi época y lo bastante grande como para que quepan
allí todas las partes intervinientes presididas por la mesa de su señoría en la
que se sienta el mismo y el secretario. La llegada de los abogados al estrado
se hace con saludos bien cordiales entre ellos y el juez. Hubo problemas con
los asientos y el letrado de Promociones VA estuvo de pie un buen rato hasta que
el oficial trajo una silla de una sala próxima. Tras los saludos el juez cambió
de tono de voz y dijo:
- Bueno, supongo que habrán llegado a un acuerdo, ¿no?.
El letrado de Promociones VA
dijo que por su parte estaba dispuesto a llegar a un acuerdo a medias, a
tercias o como fuere, pues sabía que le iba a tocar pagar. Me hizo gracia la
sinceridad con la que, ante el juez, reconocía que su señoría le iba a condenar
en cualquier caso.
- Y ¿ustedes?.
Dijo el juez dirigiéndose al
resto de los letrados.
A partir de ahí la
conversación fue muy viva entre todas las personas que ocupaban el estrado.
Cada uno exponía sus razones o no para el acuerdo y se argumentaba a favor o en
contra. El juez conducía aquellas intervenciones rápidas de forma muy precisa
y, a mi parecer, acertada. Desde luego parecía una obra de teatro bien
representada. La altura del estrado y las casi veinte personas que ocupábamos
la sala como publico silencioso y atento, conformaban un recinto teatral
perfecto. Allí arriba se escribía y representaba (incluso se grababa en
televisión), todo al mismo tiempo, un pequeño drama. Afloraban las miserias (el
letrado del constructor no quería que los profesionales se fueran sin pagar),
las imposiciones (el letrado de los arquitectos tenía instrucciones de su
compañía de seguros de no llegar a ningún acuerdo con pago) y los deseos de las
victimas ( la comunidad quería que le arreglaran los desperfectos y no dinero).
Pero allí había un personaje
que jugaba con una gran ventaja y lo dijo:
- Miren, con ese informe pericial está claro que ya saben a qué atenerse.
Su señoría juega con
ventaja: Dirige, escribe la obra y, lo que es más importante, sabe el final.
Así que con gran habilidad y paciencia lleva a unos y otros a un solución
pactada: Pagarán a medias promotor y constructor y la comunidad recibirá el
dinero en que el perito valora la reparación. Total 5.600 euros, a 2.800 por cabeza.
Los profesionales quedamos absueltos. El juez toma unas notas y se levanta la
sesión. Un total de media hora.
Me quedo con las ganas de
aplaudir. La actuación de todos ha sido buena, la del juez, soberbia.
- ¡Bravo, bravo!
Tenía que haber dicho.
Y ya está.
Saludé y me fui.
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