domingo, 24 de febrero de 2013

EL CRISTO



EL CRISTO

En poco tiempo he estado en tres funerales en el Cristo. Hace tiempo, en varias bodas. El Cristo es la iglesia baja de la Catedral de Santander o la Cripta. Hasta los años 70 del pasado siglo la iglesia se la conocía como “la cripta”, pues la verdad es que su fisonomía responde a esa definición. Sin embargo a partir de los 80, a algunos historiadores oficiales empezó a no gustarles nada eso de la cripta y defendieron que se trata de dos iglesias superpuestas bien diferenciadas desde sus orígenes. No les gusta lo de cripta por malsonante y porque resta importancia al edificio y, en consecuencia, a su trabajo.


Elías Ortiz de la Torre, arquitecto historiador de referencia de principios del XX, la considera una cripta, construida para regularizar el terreno con el fin de edificar la abadía, hoy catedral, en un nivel superior. En estilo de transición del románico al gótico (siglo XIII, con el atrio o porche del XVII), dice Ortiz de la Torre que “todos sus elementos, sobrios y recios, juntamente con la lobreguez y escasa elevación del recinto, contribuyen a que la iglesia del Cristo tenga un marcado carácter de vetustez y a que se le haya atribuido una antigüedad mucho mayor de la que realmente tiene”.

Ángel Hernández Morales, que fue, al parecer, el primero en levantar una colección de planos correcta de la iglesia, publicó, con el patrocinio del Colegio de Arquitectos, un libro titulado “La cripta de la Catedral de Santander” en el año 1958. Es un estudio hecho más desde el punto de vista constructivo e historicista, que  del arquitectónico y que contiene un capítulo final de ”Normas para Conservar el Edificio” en el que, entre diversos consejos, dice: “En los actuales momentos las obras de conservación del carácter propio de esta cripta han tenido un excelente principio. Los paños de piedra y particularmente las bóvedas, que habían sido en época anterior enmascaradas con un revestimiento de cal, han sido repicadas dejando al descubierto su verdadero material y su despiezo”.

El gusto de la época, bajo el pretexto de conservar o mantener “el carácter propio de los edificios”, extendió la moda de “sacar la piedra” de los edificios, es decir, picar todos los revestidos hasta dejar la piedra desnuda, moda que desgraciadamente continúa hoy día.

Bien, sea o no sea cripta, el hecho es que por la altura de sus bóvedas y la ausencia de ventanas, al estar toda ella bajo tierra, salvo la entrada, el espacio resulta agobiante y opresor lo cual favorece un ambiente religioso obscurantista, deprimente, penitencial, purgatorial o infernal. Es la parte dura y áspera de la religión. Los graves cánticos del sacristán acompañado de un órgano retumbante, acentuaban en los funerales todo el ambiente penitencial. La dramática iluminación de la imagen del Cristo, la desnudez de su figura y de las piedras de los arcos, las bóvedas y las columnas,.. Todo conduce a lo lúgubre. Buen sitio para funerales; malo para bodas.


 
El caso es que yo me imagino la arquitectura original, es decir pintada en toda su superficie, y creo que el ambiente sería muy distinto: Las bóvedas con frescos de cielos llenos de estrellas y ángeles tocando cítaras y trompetas. Un pantocrátor triunfante bendiciéndonos a todos y prometiendo el cielo sobre el que se asienta en forma de nube. Coros de santos y apóstoles. Grecas de vivos colores a lo largo de los arcos. Estrellas rutilantes por doquier...Todo abigarrado y colorista.
 
Así fue, sin duda, la cripta del Cristo en sus orígenes. Nada que ver con el estado actual.

A veces, la arquitectura es una cuestión de piel.

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