DIARIO 2003.2
miércoles, 15 de enero de 2003 8:53
El frio no cede. Pero no llueve.
Ayer fue un día duro
de arquitectura en el estudio. La experiencia de Solares puede ser inolvidable,
si se llega al final. O simplemente si se empieza.
Por otro lado los que
hacen las infografías de C y los que le venden sus pisos, opinan que la imagen
del proyecto de Bezana no es buena y que no gustará. Así que debemos cambiarla.
Y en eso estamos.
La Arquitectura, o
mejor, la arquitectura camina
hacia la vulgaridad. Al dictado de gente sin la menor preparación, pero que se
cree con buen gusto o conocedora del gusto de los demás. Terrible. Peor aún, tener
la conciencia de colaborar a ello y acallar la conciencia profesional,
considerando que luchamos hasta conseguir el mejor de los resultados posible.
Terrible y muy cansado.
colaboracionista
jueves, 16 de enero de 2003 8:40
Estoy con una coca
cola, que bebo a sorbos pequeños para evitar el efecto Penelope Cruz. De esta manera
consigo repartir los eructos en pequeñas dosis. Algo parecido a estos escritos
matutinos sobre arquitectura.
El
placer de la arquitectura viene del espacio
y no de los adornos. Bueno ya lo dijo Adolf, que en alguna medida era tan
radical como su tocayo, aunque nada agresivo. Pero aún hoy, hay mucha gente que
considera que cuanto más ornato, más lujosa, meritoria y mejor es la arquitectura.
La riqueza del espacio se mide por sus proporciones. Lo cual no quiere decir
que sólo la proporción es suficiente. La textura también lo es, siempre y
cuando colabore a remarcar los valores espaciales y facilite su comprensión y
disfrute. La textura es una forma de ornato.
En la era de la máquina,
cuando la vivienda es una "máquina para vivir" (LC hace 60 años), no
podemos andar con nostalgias de peores tiempos pasados.
Bueno, pues a pesar
de todo, aquí ando poniendo moldurillas a A. Yo las llamo texturas
superficiales ...
Una cosa es predicar y otra dar trigo.
inconsecuente
viernes, 17 de enero de 2003 7:39
Se va a acabar la
semana de curso madrileño de B. Volverá el torbellino pasado mañana.
Ayer concierto en el
conservatorio. Aquí la sala no produce síndrome específico alguno, como en el caso
del Palacio de Festivales. Simplemente da enfriamiento, gripes y neumonías en
casos agudos. Enfermedades simples y ya conocidas, quizá como corresponde a un
vulgar conservatorio. Bueno hay que reconocer que este, arquitectónicamente, no
es vulgar, pero en esto de las instalaciones no cumple. La regulación del frio,
y el calor (recuerdo aquel acto de arquitectos lleno de “humanidad” en el
Palacio del Marqués de Comillas) son parte de la arquitectura y de hecho
inciden en el bienestar de forma tan directa que a veces se sobreponen a
cualquier otra percepción. Es difícil oír, y más aún disfrutar de un concierto
en esas condiciones. En fin, a esto habría que añadir los chirridos del escabel
del pianista. Y también la falta de sonoridad de la sala, con un exceso de
absorción acústica, lo que origina un sonido unidireccional v no mínimamente
envolvente. Seca y poco brillante, la definirían los expertos acústicos.
Con todo fue un concierto precioso.
criticón
sábado, 18 de enero de 2003 8:46
Se ha marchado el primer mes de
invierno. No está mal. Ya llegan los días más largos y eso anima.
Dicen que la juventud
reclama un pacto por la vivienda. Lo dice La Razón, el periódico de Ansón.
Naturalmente reclama más suelo. No sé casi nada de economía, como la mayor parte
de los que se dedican a ella, pero esta es una "equivocación" tan
repetida que irrita.
Una
vez más el estado desaparece (o
casi) en favor del Mercado, nuevo dios omnipotente de la sociedad, para
favorecer la competencia y, teóricamente, rebajar los precios. Pero la vivienda,
y sobre todo determinada vivienda, no puede estar sujeta a un mercado libre, en
el que factores externos, especulativos y circunstanciales pueden introducir
alteraciones de importancia. Claro que Cascos tiene razón cuando dice que las
viviendas suben de precio porque la gente lo paga y eso es señal de bienestar
económico. Pero ¿por qué se compran esas viviendas? Pues en un porcentaje
importante por inversión, más rentable que los rendimientos del capital sujetos
a un precio del dinero en este momento muy bajo. Aparece así una gran masa de
inversores, en ese mercado libre e ideal de la vivienda y su demanda hace
crecer los precios. A los inversores no les importa, es más les viene de perlas,
el crecimiento de precios, pues ese es su objetivo. Pero a los jóvenes y a los
no tan jóvenes los ahoga en unos precios inalcanzables con su sueldo, de
salario temporal, el de su cónyuge también en la cuerda floja y los ahorros de
los padres del uno y del otro.
Si se califica más
suelo se favorecerá este tipo de mercado y los beneficios de esa actuación
recaerán fundamentalmente en los inversores.
Pero el problema de
la vivienda no es el problema de los inversores, sino el de los que la
necesitan para vivir.
La única solución es
que el Estado construya viviendas, intervenga en el Mercado. Es decir en el
producto final: En la vivienda. Y las haga, o se las hagan, más baratas y las
adjudique, a ser posible en alquiler, a precios razonables a los jóvenes que
las necesitan. Dividir el mercado. Y vencer.
¡Atención!: dividir
el mercado no es dividir el territorio y poner a un lado los pobres y a otro los ricos.
Ya está bien
de chapa.
noeseconornistanifaltaquelehace
domingo. 19 de enero de 2003 836
Ayer gran pateo por Bilbao y después
pateo por Santander con R.
Bilbao es una gran ciudad
que ha hecho el tránsito de fea, oscura, insana y desagradable de los años 70,
a la que conocemos hoy. Sin grandes cambios en lo ya edificado, ha pasado a
mejoras puntuales, valorar el plano horizontal y a recuperar espacios degradados.
Con ambición. Y eso ha mostrado una imagen nueva resurgiendo de las cenizas del
declive industrial.
Santander cuenta con
mejores circunstancias (entorno, espacios, escala,..) como para, siguiendo esas
tres recetas, progresar hacia una ciudad mejor. Pero desgraciadamente los
administradores no tienen ambición para la cosa pública (creo que sólo la
tienen para la cosa privada) y sus soluciones son cicateras, pueblerinas,
escasas, ... Y la Ciudad no avanza. Los administradores, que elegimos, son así.
Y el pueblo, nosotros, nos conformamos y seguimos pensando que con la Bahía ya
somos la ciudad más bonita del mundo.
Llegará algún día en que la cosa
cambie.
nopierdelaesperanza
lunes 20 de enero de 2003 9:04
Volvió B con la costilla rota y
volvemos al trabajo.
La pastilla recetada
por P me ha controlado la tensión y además me deja puf. Sin presión. Decía P
que es lo contrario de la adrenalina. Perfecto.
Probablemente redunde
en hacer una mejor arquitectura. La arquitectura tensionada suele ser equivoca
y confusa, producto de una ebullición no reposada de ideas. Estar puf,
significará valorar en su medida los condicionantes del proyecto.
Eso creo yo.
¡Viva P!
betabloqueado
martes 21 de enero de 2003 8:03
Parece que el viento ha calmado algo.
La profesión de la arquitectura tiene muchos niveles. En
algunos casos se muestra en los teléfonos de los estudios.
El
estudio L. tiene además de una centralita automática, telefonista de carne y
hueso y secretaria de Don Antonio. Ayer hablé con Antonio L. un buen rato. Sigue
siendo un pesimista acerca de la profesión, lo cual quiere decir que si L. lo
es y está donde está, ¿cómo tendríamos que ser los demás...?. Conté lo de la
plaga de arquitectos que nos rodea y cómo A. y V. no quieren ser arquitectos
provincianos como servidor. "Han salido hace medio año de la escuela y
están tan despistados e ignorantes como cuando Antonio (mucho antes) o Amador.
y yo terminamos. Están en el mejor momento de ser explotados, para que aprendan
e inicien un camino profesional".
Antonio no tiene plazas
o espacios en este momento, para lo que tiene listas interminables, pero sí quiere
conocerlos, hablar con ellos. Tienen que llamarlo la semana que viene para quedar.
Total: muy bien. Muy cariñoso y simpático. Y además los recibirá, conocerá y
hablará, lo que es importante. Y después ya se verá.
Hablamos de Am., que
"asqueado de la sociedad civil y de la administración" se ha retirado
a administrar su patrimonio y a hacer alguna
obrita a su gusto, de vez en cuando. Me da envidia le dije a Antonio y reconoció
que hace tres años cuando se marchó Am. creyó que se equivocaba y, sin embargo,
ahora piensa que acertó. Otra vez el pesimismo.
lameliense


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