lunes, 1 de abril de 2013

EL PENDO





EL PENDO

Tenía ganas y, por fin, pude ver la cueva del Pendo.

Si se busca información sobre ella se puede resultar abrumado por esos datos y palabras técnicas con que los arqueólogos suelen llenar sus referencias: secuencia estratigráfica, musteriense de denticulados, musteriense típico, nivel XVI, nivel VIIIb, magdaleniense, solutrense,  gravetiense,… Aunque sí quedará claro que es un yacimiento arqueológico importantísimo, de numerosas capas, con muchas zonas aún no excavadas, del que han surgido numerosas piezas de valor que, claro está, han sido llevadas al museo y por lo tanto allí no se ven. Un lugar con gran actividad social.

Es una cueva majestuosa de forma y tamaño muy simple, y resulta impactante que haya sido un refugio habitable desde hace ochenta mil años hasta hace poco. Desde los neandertales, hasta los maquis y los turistas actuales, siempre ha habido vida inteligente allí dentro. Desde los gruñidos iniciales, pasando por el establecimiento del sapiens, las guerras cántabras, las continuas guerras desde la edad media hasta hace bien poco, sus correspondientes posguerras y su uso como refugió de perdedores. Y más tarde los descubrimientos de los intrépidos arqueólogos, hasta llegar a la exhibición turística actual. ¡Qué cantidad de acontecimientos han ocurrido en esa cueva!. Me acordé de la novela "Un puente sobre el Drina" del premio Nobel Ivo Andric, que he leído este invierno. Estaría bien una novela que relatara los episodios característicos de la vida en la cueva a lo largo de todos esos miles de años. Podría ser un libro bien hermoso. Alguien, del nivel de Ivo Andric, debería escribirlo.

Las buenas explicaciones que el guía da, la poca gente de los grupos (en mi caso dos personas) y la singularidad de las pinturas hacen que la vista sea muy atractiva.

Pero lo que a mí lo que más me gustó fue el espacio, único, muy grande, con una gran bóveda de hermosas proporciones. Era fácil imaginarse la vida de los primitivos allí dentro.

Es la cueva más arquitectónica de las que conozco. Tiene forma de cueva sí, pero es también un gran salón con una enorme terraza cubierta a la entrada, con cómodo acceso. Tiene, o tuvo, agua, cuando un riachuelo discurría por su interior y en un lateral. Tenía por lo tanto agua corriente y saneamiento. Tiene una iluminación natural que penetra hasta  lo más profundo de su espacio. Es lo suficientemente amplia como para hacer fuego sin ahumar el ambiente. Incluso no es difícil imaginar que en algún momento sus habitantes pusieran antorchas en algunos puntos de las paredes, con lo que se puede decir que tendría alumbrado público. Y tiene, hoy es lo que más se admira, paredes verticales que poder decorar con bellas pinturas, sin usar el techo cosa que es de una gran incomodidad tanto para pintar como para ver. Ya sé que no es la decoración, como hoy la entendemos, lo que pretendían hacer aquellos pintores, pero su objetivo religioso o meramente artístico, se consigue más fácilmente en paredes que en techos. La situación de las pinturas parece haber requerido de escaleras o un andamiaje para su ejecución. 
 


Ahora, en la limpieza de mi mesa, he visto el plano que imprimí para poder llegar y no perderme, como ya sucedió una vez. Y viéndolo me he dado cuenta de que en el entorno hay situaciones ortográficas muy parecidas a las de la Cueva del Pendo, que he marcado con trazo grueso. Al oeste de la cueva que vimos hay por lo menos otras dos situaciones similares, que serán bocas de otras dos cuevas, que posiblemente se comuniquen por el interior. Las tres bocas están orientadas al sur, bien protegidas del duro norte y hay arroyos que entran en ellas. Más alejados, al este y al norte se ven más hundimientos con parecidas características. La topografía lo deja ver muy claro con las curvas de nivel muy juntas en esas zonas o líneas de puntos cuando se trata de hundimientos.

Me quiero imaginar, que estas cuevas pudieran estar habitadas simultáneamente, no solo la cueva del Pendo que vimos, sino todo ese conjunto, formando un pueblo o un embrión de ciudad. Así, con una aglomeración humana considerable, se puede entender mejor toda la vida del paleolítico y el fenómeno artístico. Todas esas pinturas, esculturas y grabados no son fáciles de explicar en una simple tribu pendiente de sobrevivir. Me parece que es necesaria una organización social más compleja y sobre todo numerosa, para que se puedan dar esas manifestaciones artísticas. Con eso me he imaginado ese valle boscoso con los arroyos de agua corriente entrando en los "adosados" abrigos-cuevas y con mucha actividad humana, de relación, entre ellos y el medio natural. Jerarquizada, con reparto de trabajo y organización cívica. Con el mar relativamente próximo y con una naturaleza de muchos recursos, capaz de soportar una considerable población humana. Eso: una pequeña "ciudad" prehistórica.

Sin arquitectura.

Me ha gustado echar a volar la imaginación, a partir de las curvas de nivel de un plano y llegar a esa conclusión, que seguro que es evidente para cualquier prehistoriador, pero que yo no he visto explicada en ningún sitio.

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