sábado, 26 de octubre de 2013

LASEDE




LASEDE

En Hortaleza está LASEDE, ostentoso y explícito nombre con el que los arquitectos madrileños han bautizado a la nueva sede de su Colegio profesional. Las Escuelas Pías de San Antón, al parecer arruinadas con el beneplácito de la administración municipal y del COAM y que, conservando su fachada, pero vaciando por completo su interior (otra vez esa calamidad "cultural"), son ahora LASEDE. Damos un paseo por la planta baja sin salir de nuestro asombro de tamaño despropósito. Gobernar 15.000 arquitectos, que es al parecer el número de colegiados en Madrid, no puede requerir semejante despliegue. La planta baja es un enorme espacio diáfano, interconectado con otras plantas a través de escaleras y huecos de doble altura, que está dedicado a exposiciones, alguna publicación y poca cosa más. En el centro hay un patio triangular que se llama pomposamente jardín y que por sus características y desniveles no parece merecer ese nombre. Es público no sólo el "jardín", sino buena parte del edificio que se destina a otros fines como pago del arriendo del Colegio de Arquitectos al Ayuntamiento. Este es el resumen de datos clave
 
Datos de superficies generales
- Colegio de Arquitectos: 12.000 m2
- Equipamientos municipales: 8.000 m2
- Jardín abierto al público: 1.600 m2
- Aparcamiento: 466 plazas




Usos específicos COAM
- Cinco plantas sobre rasante
- ACCESO Y JARDÍN: exposiciones, salón de actos, showroom (2.570 m2)
- PRIMERA: servicios administrativos de COAM y Fundación Arquitectura (1.800 m2)
- SEGUNDA: nuevos usos de formación e instituciones afines (1.900 m2)
- LOGIA: área de eventos (800 m2), centro de documentación de arquitectura
- CUBO: cafetería (150 m2 y terrazas) y restaurante (290 m2)

Datos económicos
- Inversión total del COAM: 37 millones de euros, de los cuales 7,3 se destinan a construir equipamientos municipales como pago del derecho de superficie y 9 a construir las 266 plazas para los vecinos

Históricamente a los arquitectos nos ha gustado sobre todo el poco trabajo, el dinero "fácil" en forma de voluminosos honorarios y el reconocimiento social como "artistas". Todo ello muy alejado de la función social de la profesión que, como principio teórico, aprendimos en la Escuela. Estos pecados, nunca reconocidos, se purgaban a través de las actuaciones del Colegio que, aquí sí, se presentaba ante la sociedad como garante de la función social que no cumplían los arquitectos individualmente… Esto cerraba el círculo de la conciencia profesional. que quedaba a salvo cuando el Colegio, que pagamos entre todos, actuaba en defensa o a favor de los intereses sociales, a pesar de que individualmente las actuaciones de los colegiados dejaban mucho que desear. Fruto de esta bipolaridad, el Colegio de Madrid debió de considerar que sus pecados, los de sus colegiados, eran lo suficientemente grandes como para meterse en una obra faraónica de este pelo. Y ahí está, para solaz de los madrileños y asombro de futuras generaciones. Además de para gobernar los 15.000, hoy pobres, arquitectos (tocan a un metro cuadrado cada uno).

La arquitectura queda a salvo en el edificio, que está lleno de detalles de gran finura y elegancia, con fachadas interiores acristaladas, acabados perfectos, encuentros limpios, texturas patinadas con excelente gusto y entonaciones cromáticas atractivas. Esa arquitectura actual cercana a la industrializada perfección, que ignora revestimientos y se entrega en manos de las costosas instalaciones, a ser posible siempre vistas. Me cansa.

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