sábado, 14 de junio de 2025

CUBRIR NO SIEMPRE ES PROTEGER

 

CUBRIR NO SIEMPRE ES PROTEGER

En el parque de Las Llamas, una de las intervenciones urbanísticas más significativas de Santander en las últimas décadas, se encuentran unos juegos infantiles que desde su origen han destacado por su diseño innovador. Integrados en el proyecto global del parque, firmado por los arquitectos paisajistas Batlle y Roig, estos juegos fueron pioneros en su momento y siguen siendo únicos dentro del paisaje urbano de la ciudad.

Se llegó a decir que solo el castillo infantil costó 25 millones de pesetas (unos 150.000 euros actuales). Una cifra que, aunque elevada, era proporcional en el contexto del conjunto, cuyo presupuesto rondó los 5.000 millones de pesetas (unos 30 millones de euros). Con el tiempo, esta inversión se ha revelado como una de las más rentables en términos de uso ciudadano y calidad urbana.

El diseño de esta zona infantil no fue una ocurrencia, sino una pieza más dentro de la compleja geometría del parque. Las dos islas de juegos, de contornos irregulares, dialogan con el talud ajardinado por un lado y con el camino perimetral por otro, funcionando como una terraza intermedia entre la S-20 y la zona más baja del parque. El acceso es cómodo, con cafetería y aparcamiento al mismo nivel, lo que ha favorecido su uso diario por parte de familias con niños.

Area de juegos (rayado en amarillo y azul) en 2010

Ahora, tras casi dos décadas de servicio, el Ayuntamiento ha anunciado una intervención de envergadura: cubrir la zona infantil para hacerla utilizable durante todo el año. La actuación contempla no solo la cubrición, sino la renovación completa del área: nuevos juegos, pavimentos, redes, iluminación y reurbanización de los espacios de tránsito y estancia.

Infografías del proyecto publicadas en prensa

 

Pero la propuesta ha generado controversia. Las infografías del proyecto muestran una estructura de grandes luces abovedadas, más propias de una pista deportiva que de un parque urbano con un claro carácter y paisajístico. El diseño rompe con la escala y los principios del proyecto original, sacrificando su integración por una funcionalidad discutible.

Estado actual según Google Earth

Cubrir un área infantil no exige un alarde estructural. Existen soluciones modulares, ligeras y adaptables que podrían haber sido más respetuosas con el lenguaje arquitectónico de Las Llamas. El propio parque cuenta con pequeños pabellones diseñados por Batlle y Roig que muestran cómo se puede intervenir sin desentonar.

Un área de descanso actual según Batllé y Roig

Incluso existen referencias arquitectónicas más ambiciosas pero igualmente delicadas con su entorno, como el pabellón español de la Expo de Bruselas de 1958, obra de Corrales y Molezún. Una estructura modular, rica en geometría y capaz de generar espacios diversos a través del juego con los pilares y las alturas.

Además, surgen dudas sobre las condiciones térmicas y acústicas del nuevo espacio. Las cubiertas abovedadas pueden amplificar el ruido, y el bullicio natural de los niños podría convertirse en un problema dentro de un recinto cerrado. El efecto invernadero de la cubierta trasparente caldeará el ambiente, aunque se trate de espacios abiertos a nivel del suelo.

La intervención prevista merece una revisión. No solo por respeto al diseño original, sino porque Santander ha demostrado que sabe cuidar su espacio público. El parque de Las Llamas ha sido reconocido y premiado a nivel nacional. Preservar su coherencia no es nostalgia: es responsabilidad.

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