lunes, 29 de
septiembre de 2003 7:23
Comienzo de semana
con el estudio partido en dos.
En el
paseo dominical pudimos leer otro de los paneles informativos de contenido histórico-arquitectónico
que han puesto por la Ciudad. En este del Paseo de Pereda, se extiende el autor
en consideraciones, algunas de ellas críticas, en relación con la
estructura urbana, las alturas de los edificios, los característicos miradores
y la armonía del conjunto. Todo ello con muchos nombres: Llovet, González Ríancho,
Pereda, Pombo, ...
Se les ha olvidado lo
más importante a mi parecer: Este paseo se llamó siempre "El Muelle",
porque eso era: un muelle, cuando los jardines eran dársena y su relación con el
mar era su razón de ser y de ahí sale todo: Orientación, fondo, altura, tipologías,
plantas bajas, etc..
Esto da para más,
pero mi tiempo no.
delmuelledetodalavida
martes, 30 de
septiembre de 2003 7:26
De pronto, han dado
golpes en los cristales, al tiempo que se ponía en marcha la pala excavadora
aparcada enfrente. Los fontaneros y albañiles
han entrado en el estudio de un simple salto por la ventana.
Se acabó. Ruido y
polvo para todo el día.
Así se hace la
arquitectura. Y este contraste brutal es apasionante.
contrastado
miércoles, 01 de
octubre de 2003 6:56
Aniversario. Treinta
años conviviendo con un arquitecto es una condena de grave delito. Mi mujer
sabrá si se lo ha merecido. Creo que la profesión nos ha marcado y mucho, quizá
en exceso, hasta el extremo de tener dos hijas arquitectas y un gato con nombre
de maestro, Gropius. Es demasiado. ¿Qué hubiera sido si, además, mi mujer fuera
arquitecta?. La Celia y el Agusti (arquitecto ella, arquitecto él), o más cerca,
Ana y Víctor (arquitecto ella, arquitecto él), pueden llegar a extremos patológicos.
Pero bueno, ni tan mal, a mi estos treinta años de arquitectura conyugal y
filial, me han gustado mucho y me gustaría repetir (continuar) otros tantos.
enamorado
jueves, 02 de octubre
de 2003 8:03
Si amaneces con
retraso, la vorágine del trabajo te agobiará todo el día.
Algo así me ha pasado
hoy.
Las salas de espera
de las consultas de los médicos recuerdan a aquel artículo de Millás en el que describía
la segunda residencia de la playa, en la que sus amigos iban reciclando lo usado
décadas atrás: televisión en blanco y negro, sofás de escai (¿se escribe así?),
sillas de enea, tapicerías de cretonas floreadas, etc.. Todo ello le sugería a
Millás un salto atrás en el tiempo de casi una generación. Las salas de espera de los médicos
santanderinos tienen esta imagen en algunos casos o, también, la pretenciosa,
tras una obra ausente de criterio. La de ayer exhibía más de diez materiales de acabados, que iban desde
el gres veteado al acero inoxidable, pasando por el mármol blanco y la madera
de roble o el gresite con aguas. Las paredes que, en un toque de elegancia, se
habían pintado en delicado tono salmón, con un acabado liso de cierta calidad,
se empezaban a abigarrar de cuadros de fuertes texturas e incluso se habían
practicado una o varias hornacinas para recargados motivos florales Dos o tres modelos
de sillas. Mecanismos eléctricos de aluminio y luminarias doradas.
Todo en uno.
Todo en una sala.
Casi se me saltan los
puntos.
faltonazo
viernes, 03 de
octubre de 2003 7:04
En la
comida de ayer, Juanse volvió, erre que erre, al modelo de ordenación del territorio
de Baden-Württemberg del que es un apasionado defensor. Querría que Cantabria
tuviera una ley de Ordenación del Territorio similar a la del Land. No estaría mal,
pero para eso haría falta que habláramos alemán y dejáramos pasar unas cuantas generaciones
para acostumbrarnos.
¿Hay que ordenar el
territorio?. Quizá sea demasiado ambicioso el objetivo.
Hay que regular los
usos que se dan al territorio.
Este es un jardín
(nunca mejor dicho) en el que me da miedo meterme.
algunavezfueurbanista
sábado, 04 de octubre de 2003 7:26
Polvo de obra por
todas partes.
El recorrido por la
exposición de la colección Aena en los sótanos del Mercado del Este me resulta orientador.
Me sitúa en mi tiempo: Una obra de los 80 tiene más probabilidades de gustarme
que una de los 90 y más aún que una de los 2000. Compruebo que me sucede a menudo. Me preocupa por lo que,
aparentemente, tiene de desconexión de lo actual, pero me tranquiliza porque me
sitúa en una época, mi época. No significa que todo lo actual no me guste o que
no lo comprenda, (cada vez hay más), sino que la probabilidad de que me guste
es mayor en las obras de aquellos años. Síntomas de vejez, supongo. También puede
ser que el
filtro del tiempo haya hecho una selección en las obras que no se ha realizado
todavía en las más recientes. Puede ser.
De todas maneras cada
vez más a menudo siento desazón al situarme delante de una obra reconocida por la crítica y no sentir la mínima emoción, ni siquiera la necesidad de quedarte
un ratito más mirando. Es como si en las salas hubiera unos delicados flujos de
atracción y repulsión instalados junto con las obras, que condicionan tus movimientos:
te frenan, te aceleran, te atraen, te repelen ...
Campos
electro-plásticos, flujos magneto-pictóricos, emisiones karma-artísticas, ... ¡yo
que sé!.
Pero hay algo.
situado
domingo, 05 de
octubre de 2003 8:13
Se
anuncia ya el comienzo de la obra del Balneario. Obra de propietario invasor
con arquitecto exiliado, que nos dará disgustos a todos. Grandes peleas para
defender el proyecto, el edificio, la arquitectura. Muchas veces he hablado que
una obra es una guerra, pero claro está, hay guerras y guerras, y esta se prevé
casi mundial y atómica.
Para empezar tenemos
el estudio de las ofertas. Puede que esta labor parezca poco arquitectónica,
pero creo que no es así. La arquitectura se ha descrito en unos documentos:
planos, memorias, mediciones y presupuesto. La definición de cada una de las
unidades da interpretaciones diferentes a cada contratista y si el arquitecto
no precisa el alcance de cada definición y consiguiente oferta, surgirán
problemas en la obra. Son los primeros ensayos del concierto. Los ensayos para afinar
la orquesta.
Pura labor
arquitectónica, aunque no lo parezca y no nos lo hayan enseñado en la Escuela.
director
lunes, 06 de octubre
de 2003 8:19
Pasear es un vicio. Mis
paseos suelen ser más urbanos que rurales, en los que la arquitectura sale al
encuentro en cada esquina. La buena y la mala. A veces, en vez de la arquitectura lo que nos sale al encuentro es
un arquitecto, un compañero, que se decía hace años, sin el tufillo pecero o sindicalista
que también tenía a expresión. Los encuentros con arquitectos son variados. C. del
B., joven profesional, se arranca
hablando de la baja de honorarios actuales y con envidia de los poco que trabajaban
y lo mucho que ganaban los arquitectos de los 70-80. C. L. siempre tiene oportunidad
de dictar una clase magistral con algún silencio expectante al aplauso. J. L. M.,
copa en mano, saluda con la ceja muy levantada y la cabeza agachada, en lo que
podía ser un pliegue de la nueva arquitectura. L.T. me abraza y me llama
Luisillo de una forma que me enternece.
Hay más. Y muy
variados.
compañero
martes, 07 de octubre
de 2003 6:53
Ayer fue el día
mundial de la arquitectura. Se me pasó. La verdad es que tenía que haber
escrito un texto panegiricando la profesión. Probablemente la culpa fue del decano
que este año no avisó con tiempo a los colegiados y a la prensa, del acontecimiento. "El día de" está
sustituyendo a los santos patrones, en una sociedad cada vez mas laica, pese a
la iglesia y al PP. También se puede decir que el día del patrón es para los
profesionales y "el día de" es para la profesión. Puede ser, pero
supongo que este acabará comiéndose al primero. La arquitectura tiene su día,
que es el primer lunes de Octubre, y ese día deberíamos, todos los
profesionales, hacer sólo buenos proyectos y buenas obras con el fin de
levantar el nivel. El resto de los días podemos dedicamos a especular, cobrar
minutas, sestear, jugar al golf y beber copas, que es como todavía nos sigue
viendo la mayoría de la sociedad.
arquitecto

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