Un siglo más tarde, Capability
Brown, diseñador de jardines en Gran Bretaña, también revolucionó el
concepto de jardín con la implantación del modelo de jardines que hoy
conocemos como jardín inglés. Así
que, entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII, nacen dos concepciones
de jardines de la realeza y de la aristocracia bien distintos: el jardín francés y el jardín inglés. Tras la Revolución Francesa muchos de esos jardines
llegaron a ser públicos, aunque también alguno fue víctima del ardor
revolucionario. Desde entonces, ambos modelos han tenido gran influencia en los
jardines de cada época hasta nuestros días.
Volvamos a Le Nôtre. Su concepción de los jardines se
fundamenta en abrir un gran claro en el bosque, trazar un eje desde el palacio
o castillo del señor y ordenar una sucesión de planos o niveles horizontales aterrazados que,
a modo de gigantesca alfombra, arrancan de las puertas del palacio y simulan
llegar al infinito en sucesivos y sutiles planos. Consiguió, por un lado una
grandiosidad nunca lograda hasta la fecha, insuperable como imagen
representativa del poder y, por otro, un magnífico soporte para las
espectaculares fiestas con las que la aristocracia y la realeza se mantenían en
el ocio y en el poder. Es una construcción arquitectónica del jardín, muy
direccional, que queda contenida por sus bordes por densos bosques de árboles a
ambos lados y que precisa un esmerado cuidado en la planificación de las
sucesivas terrazas. Las nivelaciones de las terrazas de los jardines de Le Nôtre exigieron grandes movimientos de tierras, más por su extensión o tamaño, que por los
desniveles, que no son muy fuertes, lo que, con la utilización de grandes estanques de agua y fuentes,
necesitó de avances tecnológicos en los aparatos de nivelación de la época (lo
que hoy llamaríamos pomposamente I+D+i). En diversas momentos el tamaño gigantesco de la obra, requirió, además de los
miles de obreros contratados, incluso de la participación del ejército. Los desniveles se salvan casi siempre con muros de contención
que, en lugares cuidadosamente estudiados, incorporaban rampas o escalinatas.
Se consigue así que al recorrer el espacio se vayan descubriendo los sucesivos
planos ajardinados, con un efecto de sorpresa, puesto de manifiesto a medida
que el visitante se acerca a los bordes de separación entre las terrazas. De
ese modo aunque con una sola vista se tiene una idea de la composición general
y de su grandiosidad, cuando se recorre, se van descubriendo nuevos “paisajes”,
contenidos en el principal. Las terrazas se dividen, en orden perfectamente
simétrico, por los parterres, en los que los bajos setos de boj dibujan figuras
geométricas más o menos intrincadas. Amplias escalinatas, muros con nichos,
estanques, fuentes, esculturas...Todo muy construido, muy arquitectónico. Paradójicamente
el palacio, el castillo del señor, pasó a tener un valor secundario en el
conjunto. La arquitectura, como elemento representativo de poder, dejó paso a los
jardines. En fin, un modelo genial no superado hasta la fecha.
Salvando las distancias, Santander tiene un pequeño, pero
significativo y bello ejemplo de jardín a lo Le Nôtre: la Alameda de
Cacho. La suave pendiente del lugar
hacia el mar hacía posible ese esquema. Aquí el jardín arranca de la iglesia de
San Roque cuya puerta marca el eje compositivo del conjunto y se dirige hacia el
mar. El terreno en pendiente se nivela y allana en cuatro terrazas sucesivas,
conectadas por las correspondientes escalinatas, que salvan el desnivel entre
la iglesia y la plaza de Italia. Es importante la solución de los bordes pues
las calles Infantes y Hoteles eran dos rampas uniformes que originaban
conflictos en el encuentro con las terrazas del jardín. Un murete de mampostería,
coronado por sillería, que en algunos puntos de gran altura se duplica
escalonadamente, sirve de contención a unos taludes en los que se plantan
árboles de gran porte: fresnos y álamos. Por la Avenida de los Hoteles, que en la
mitad de su recorrido está más baja que los jardines, el encuentro se soluciona
con muros de mampostería que contienen las terrazas, pero siempre con una
altura discreta y con espacio suficiente para la plantación de los grandes
árboles que definen el borde del jardín. Además en ese lado se producen los
obligados retranqueos como consecuencia de su trazado oblicuo a la composición.
Estos laterales de la composición, con los altos fresnos y álamos, reproducen
el borde de los bosques que tanto gustaban Le Nôtre en la definición de sus
extensos jardines.
La terraza superior es la más amplia y mantiene el eje de
la iglesia de San Roque como ordenación. Al fondo se adivina el mar. Dos
alargados parterres, originalmente con dibujos de setos y flores de temporada,
enmarcan un paseo central y definen dos paseos mas, uno a cada lado, antes de
llegar a la solución de los bordes antes comentada. La forma abocinada del
terreno que a medida que desciende hacia el mar se estrecha, obliga a trasladar
el eje compositivo en paralelo para poder continuar descendiendo. Se crea aquí
un borde perpendicular al eje principal, formado por un murerte de contención,
puerta de acceso representativa en sillería y cancela de cerrajería, que remata
el eje principal. En paralelo, casi continuación de uno de los paseos laterales
de la primera terraza, se construye una pequeña escalinata imperial con los
muros de mampostería y sillería característicos.
Una simple escalinata conduce a la
última terraza dividida en dos niveles tan próximos que ya no se independizan
entre si visualmente. Aquí ya no hay álamos ni fresnos y la terraza se abre
hacia la Plaza de Italia con dos bellas y exóticas palmeras.
Es un gran diseño de Ramiro Sainz Martínez,
que fue arquitecto municipal de Santander en la postguerra y que también
proyectó la iglesia de San Roque. Además diseñó los jardines de Piquío y
anteriormente, siendo arquitecto municipal de Lugo, había construido en aquella
ciudad los jardines de Rosalía de Castro. Un gran profesional.
Cada “aportación” se ha caracterizado
por falta de criterio y de sentido restaurador y conservador del jardín. No hay
que olvidar que el jardín forma parte del Conjunto Histórico Artístico de El
Sardinero, por lo que el estado actual debe abochornar tanto a los responsables
municipales como a los de Cultura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario