martes, 9 de julio de 2013

Un museo en un sótano




Está claro que todo es posible en arquitectura. Hasta poner un museo en el sótano de un mercado. Y no un museo cualquiera, uno de prestigio como el de Prehistoria de Cantabria.
No hace demasiado tiempo, creo que en el año 2000, vino a Santander con motivo de una reunión de alto nivel, el entonces Presidente de la República Francesa Jacques Chirac. No es cualquier cosa un presidente de Francia. Se puede decir que era el cuarto hombre más poderoso del mundo, después de los presidentes de USA, Rusia y Gran Bretaña. Hoy la cosa sería más discutible, pero hace esos pocos años, no lo era. Da igual, un presidente de Francia  (incluso Chirac) es, qué duda cabe, una persona importante. Tenía que venir a Santander y, poco antes de venir, dijo que quería ver el Museo de Prehistoria. Francia compite (?) con España en esto de la prehistoria y sus manifestaciones "artísticas", a las que siempre ha prestado mucha atención para su difusión y, también naturalmente, para su explotación turístico-comercial. El Museo de Prehistoria de Cantabria, creado en 1926, era una de las entidades culturales de mayor prestigio de España, pues había sabido  adquirir, conservar y estudiar una valiosísima colección de objetos prehistóricos. Además había desplegado una gran actividad arqueológica y convocado numerosas reuniones de estudio tanto nacionales como internacionales. No era extraño pues, que el señor Chirac quisiera ver ese Museo de fama internacional. Cuando las autoridades se enteraron del deseo del Presidente Francés creyeron que estaba de broma. ¿Qué viene a Santander y quiere ver el Museo de Prehistoria?. Este francés está loco. ¿A quién se le ocurre?. Será mejor llevarle a Altamira o a Santillana del Mar, ¡pero ese Museo que está en el sótano de la Diputación, por favor, eso es una bobada!.
Pero no lo era. Chirac quería ver ese Museo y lo vio, qué caray, que para eso era el cuarto hombre más importante del mundo. Las autoridades regionales arreglaron a toda prisa aquel sótano, abandonado desde que García Guinea se había jubilado. Porque García Guinea había sido el alma del museo según ha reconocido todo el mundo, tanto profesional de la arqueología como simple aficionado. Guinea no pudo hacer, a pesar de su capacidad de arrastre, el buen museo que merecía su trabajo, pero mantuvo durante muchos años un grupo de gente joven e inquieta a su alrededor que daban vida al museo y sus actividades. Luego cambió, pero eso es de otra historia.
Después de aquella visita de Chirac el Gobierno de Cantabria arregló el museo e hizo una instalación discreta que recuerdo haber recorrido con visita guiada de una joven que sabía muy bien su cometido. Era un museo pequeño, pero correcto.
Con el derribo del "Palacio de Puerto Chico" desapareció el museo, que ahora aparece en  el sótano del Mercado del Este.
Nos hablan del anillo cultural de Santander y cosas así para ilusionarnos, pero estos nombres que se ponen antes de que el fenómeno aparezca, creo que no son buenos. Primero hay que hacer, con contenido, un conjunto de instalaciones más o menos culturales en un entorno adecuado. Después ya se pondrá el nombre. Anillo, anillo,  hay poca cosa todavía para llamarlo así.
El Flamante Museo de Prehistoria del sótano del Mercado del Este es una instalación con muchos medios y muchos defectos. Algunos de esos defectos vienen del local que, se mire como se mire, es completamente inadecuado para este fin. El acceso a través de una larga escalera que salva el desnivel de la calle y el sótano es duro de bajar y más duro de subir. Hay un ascensor, pero no está en el itinerario de entrada y por lo tanto es un sistema secundario de acceso. El acceso es uno de los condicionantes esenciales de un museo. Una vez dentro del recinto, nos encontramos con una instalación llena de diagramas, infografías, hologramas…, todo interactivo y monitorizado. Hay monitores por el suelo, además de por las paredes, hay salas con proyecciones simultáneas de siete vídeos de alta definición, hay reconstrucciones de cuevas a escala, hay iluminaciones leds para casi todo. Muchas pantallas interactivas para que, por ejemplo, al pasar la mano, "excaves" un yacimiento. Muchas referencias a Cantabria como lugar privilegiado para los restos prehistóricos…, mucho nacionalismo encubierto…
En general las letras de los textos son diminutas de modo que para leerlos hay que situarse muy cerca con lo que solo lo puede leer una persona, mientras los demás tienen que esperar su turno o pasar de leer. Están colocados a una altura inaccesible para gente joven (niños) y en alguna sala, las vitrinas, colocadas a la altura de los ojos de un adulto, a modo de ranura en el muro, son también imposibles de ver para los jóvenes. El "área de descanso" central es residual y consiste en un espacio no muy grande, con un ondulante banco central sin respaldo. Estar en un sótano tiene estas consecuencias. Hay un gran esfuerzo en hacer "didáctico" el museo, pero yo dudo que finalmente lo sea. Me recuerda a los modernos libros de texto llenos de imágenes y fotografías, que las más de las veces no aportan nada y simplemente distraen de lo esencial. Ojala que el público salga enterado de los esfuerzos de aquellos hombres primitivos por sobrevivir y por ejecutar algunas manifestaciones plásticas que todavía nos sorprenden. Pero me temo que todo resulta muy visual y superficial. Hay expuestas piezas de importancia, muchas enigmáticas y algunas claramente hermosas, pero pronto se olvida todo por los "fuegos artificiales" que las rodean.
Falta una tienda y no digo que una cafetería porque con la que hay arriba ya estamos bien servidos. A diez días de la inauguración la pagina web te dirige, con horarios muy precisos, a la Avenida de los Castros(?).
Creo que ni la buena arquitectura puede conseguir que un museo esté en un sótano, excuso decir si no es buena.
Además el museo incumple claramente el artículo 4.3.3 del flamante nuevo Plan General.
El presidente francés, si viene a Santander, no querrá ver ese museo.

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