LAS MERCEDES DE SANTA TERESA
Ayer fuimos a una conferencia de
Joseph Pérez, 85 años, eminente historiador e hispanista francés, de padres
españoles, premio Príncipe de Asturias 2014 de Ciencias Sociales. Un hombre
excepcional. Fue presentado, como todos los martes en la UIMP por un, como
siempre, desaliñado, Guillermo Balbona, periodista de cultura del Diario Montañés,
que se encargó además de las primeras y excesivas preguntas tras la exposición
del historiador. La conferencia duró demasiado y a Joseph Pérez se le veía
cansado mucho antes del final.
Joseph Pérez se ha convertido
desde 2007, en que publicó su libro, en una autoridad en Santa Teresa. Con una
expresión casi arrebatada, Pérez nos contó las “mercedes” que Santa Teresa
decía que Dios le había dado: La Mística o el deseo irrefrenable de alcanzar a
Dios, el conocimiento profundo de la Mística o su freno por la razón y la
expresión de todo ello por escrito o de palabra.
Pasión, razón y expresión. Esas
son las “mercedes” que Santa Teresa dice que Dios la concedió. Casi nada.
Está claro que para hacer algo en
la vida hay que tener esas mercedes.
Los arquitectos (vamos a lo
nuestro) deberíamos estar dotados de ellas. Como Dios no enseña arquitectura, aunque
a veces lo parezca, no nos queda más remedio que adquirir las mercedes en una
Escuela Universitaria. Allí se supone que nos deberían de proveer de las tres,
para lo que los planes de estudio actuales prevén seis años, aunque la media de
duración de la carrera es de más de diez. Da tiempo a adquirir muchas mercedes.
O esas tres en cantidades ingentes.
Pasión. Hay que despertar la
pasión por el trabajo, por la arquitectura. Pocos profesores conocí que
trasmitieran pasión por la arquitectura, mira que me parece fácil y más hoy en
día en que hay tantos medios al alcance de la enseñanza para ilustrar el
discurso de la pasión. Pero se ve que trasmitir pasión o iniciarte en la
mística de la arquitectura no es cuestión de medios sino de cierta habilidad en
la exposición y, también, cierta disposición en el aspirante. Así que pocas
veces se da el chispazo necesario. Hay también falsas experiencias místicas
movidas a veces por el deseo de alcanzar la real y que conducen a una pasión un
tanto “friki” de la arquitectura: Desmesurada y obsesiva, pero falta de amor,
imprescindible en toda pasión.
Razón. Conocimiento profundo de
los límites de la pasión, para evitar que se desboque o arrastre a lugares no
deseados. Aquí están los conocimientos
teóricos de la profesión. Hay que absorberlos todos, cuantos más mejor.
Y profundamente, sin quedarse en la superficie. Analítica y críticamente. Muchos
profesores trabajan en este campo, pero muchas veces solo pretenden con sus
asignaturas ahogar cualquier pasión que consideren irregular. Luego otros
profesionales, destinados al control administrativo, pretenderán también
contener cualquier atisbo de pasión en compañeros suyos, bajo pretexto de
legalidades y normativas encorsetadoras de la realidad.
Expresión. Esta es la revolución
de nuestros días. La arquitectura ha encontrado en los ordenadores el soporte
de una expresividad sin límites. Para bien y para mal. De las tres mercedes es
la más envenenada pues, ya hemos visto, puede producir monstruosidades también
sin límites.
Para todo en la vida hay que
tener estas mercedes.

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