lunes, 12 de agosto de 2013

Le Nôtre-Cacho




Trabajo en un tema sobre Le Nôtre. Este jardinero francés revolucionó la concepción de los jardines a mediados del siglo XVII, al engrandecer los hasta entonces confinados jardines renacentistas, al extremo de parecer infinitos. Sus trabajos, en el muy suave paisaje francés, que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, representaron la expresión del poder real absoluto. Luis XIV descubrió la genialidad de Le Nôtre en la inauguración de su primera obra, proyectada para el ministro francés de finanzas, al qué costó caro su esplendor y exhibicionismo, pues pagó con la cárcel de por vida, lo que el Rey Sol consideró, más que una malversación de dinero público, una afrenta a su persona. Luis XIV, confiscó los bienes del ministro y se llevó a Le Nôtre y su equipo a diseñar y construir los jardines de Versalles, que suponen la culminación de esa revolución conceptual del jardín.
Un siglo más tarde, Capability Brown, diseñador de jardines en Gran Bretaña, también revolucionó el concepto de jardín con la implantación del modelo de jardines que hoy conocemos como jardín inglés. Así que, entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII, nacen dos concepciones de jardines de la realeza y de la aristocracia bien distintos: el jardín francés y el jardín inglés. Tras la Revolución Francesa muchos de esos jardines llegaron a ser públicos, aunque también alguno fue víctima del ardor revolucionario. Desde entonces, ambos modelos han tenido gran influencia en los jardines de cada época hasta nuestros días.

Volvamos a Le Nôtre. Su concepción de los jardines se fundamenta en abrir un gran claro en el bosque, trazar un eje desde el palacio o castillo del señor y ordenar una sucesión de planos o niveles horizontales aterrazados que, a modo de gigantesca alfombra, arrancan de las puertas del palacio y simulan llegar al infinito en sucesivos y sutiles planos. Consiguió, por un lado una grandiosidad nunca lograda hasta la fecha, insuperable como imagen representativa del poder y, por otro, un magnífico soporte para las espectaculares fiestas con las que la aristocracia y la realeza se mantenían en el ocio y en el poder. Es una construcción arquitectónica del jardín, muy direccional, que queda contenida por sus bordes por densos bosques de árboles a ambos lados y que precisa un esmerado cuidado en la planificación de las sucesivas terrazas. Las nivelaciones de las terrazas de los jardines de Le Nôtre exigieron grandes movimientos de tierras, más por su extensión o tamaño, que por los desniveles, que no son muy fuertes, lo que, con la utilización de grandes estanques de agua y fuentes, necesitó de avances tecnológicos en los aparatos de nivelación de la época (lo que hoy llamaríamos pomposamente I+D+i).  En diversas momentos el tamaño gigantesco de la obra, requirió, además de los miles de obreros contratados, incluso de la participación del ejército. Los desniveles se salvan casi siempre con muros de contención que, en lugares cuidadosamente estudiados, incorporaban rampas o escalinatas. Se consigue así que al recorrer el espacio se vayan descubriendo los sucesivos planos ajardinados, con un efecto de sorpresa, puesto de manifiesto a medida que el visitante se acerca a los bordes de separación entre las terrazas. De ese modo aunque con una sola vista se tiene una idea de la composición general y de su grandiosidad, cuando se recorre, se van descubriendo nuevos “paisajes”, contenidos en el principal. Las terrazas se dividen, en orden perfectamente simétrico, por los parterres, en los que los bajos setos de boj dibujan figuras geométricas más o menos intrincadas. Amplias escalinatas, muros con nichos, estanques, fuentes, esculturas...Todo muy construido, muy arquitectónico. Paradójicamente el palacio, el castillo del señor, pasó a tener un valor secundario en el conjunto. La arquitectura, como elemento representativo de poder, dejó paso a los jardines. En fin, un modelo genial no superado hasta la fecha.

Salvando las distancias, Santander tiene un pequeño, pero significativo y bello ejemplo de jardín a lo Le Nôtre: la Alameda de Cacho.  La suave pendiente del lugar hacia el mar hacía posible ese esquema. Aquí el jardín arranca de la iglesia de San Roque cuya puerta marca el eje compositivo del conjunto y se dirige hacia el mar. El terreno en pendiente se nivela y allana en cuatro terrazas sucesivas, conectadas por las correspondientes escalinatas, que salvan el desnivel entre la iglesia y la plaza de Italia. Es importante la solución de los bordes pues las calles Infantes y Hoteles eran dos rampas uniformes que originaban conflictos en el encuentro con las terrazas del jardín. Un murete de mampostería, coronado por sillería, que en algunos puntos de gran altura se duplica escalonadamente, sirve de contención a unos taludes en los que se plantan árboles de gran porte: fresnos y álamos. Por la Avenida de los Hoteles, que en la mitad de su recorrido está más baja que los jardines, el encuentro se soluciona con muros de mampostería que contienen las terrazas, pero siempre con una altura discreta y con espacio suficiente para la plantación de los grandes árboles que definen el borde del jardín. Además en ese lado se producen los obligados retranqueos como consecuencia de su trazado oblicuo a la composición. Estos laterales de la composición, con los altos fresnos y álamos, reproducen el borde de los bosques que tanto gustaban Le Nôtre en la definición de sus extensos jardines.

La terraza superior es la más amplia y mantiene el eje de la iglesia de San Roque como ordenación. Al fondo se adivina el mar. Dos alargados parterres, originalmente con dibujos de setos y flores de temporada, enmarcan un paseo central y definen dos paseos mas, uno a cada lado, antes de llegar a la solución de los bordes antes comentada. La forma abocinada del terreno que a medida que desciende hacia el mar se estrecha, obliga a trasladar el eje compositivo en paralelo para poder continuar descendiendo. Se crea aquí un borde perpendicular al eje principal, formado por un murerte de contención, puerta de acceso representativa en sillería y cancela de cerrajería, que remata el eje principal. En paralelo, casi continuación de uno de los paseos laterales de la primera terraza, se construye una pequeña escalinata imperial con los muros de mampostería y sillería característicos.

La segunda terraza, menor, con un solo paseo central ya está más cerca del mar y permite ver los acantilados de La Magdalena y la bocana de la Bahía. Los álamos y fresnos siguen flanqueando el espacio.
Una simple escalinata conduce a la última terraza dividida en dos niveles tan próximos que ya no se independizan entre si visualmente. Aquí ya no hay álamos ni fresnos y la terraza se abre hacia la Plaza de Italia con dos bellas y exóticas palmeras.
Hasta aquí llega el cuidadoso juego de muretes de contención que construyen el jardín en su totalidad. Le Nôtre incluía en sus composiciones algún eje trasversal perpendicular al principal. En la Alameda ese eje es el que forma el auditorio de la Concha con una gran explanada que sirve de patio de butacas y que está tan bien situado que permite que la escalinata principal, aunque lateral al escenario, sirva de anfiteatro en los espectáculos. Hasta en el uso del jardín para fiestas, esta vez populares, hay influencia de los jardines de Le Nôtre pensados para las grandes fiestas y celebraciones aristocráticas. La guinda la pone el palco que a modo de proscenio se forma como ensanchamiento de la acera frente a la Iglesia. ¡Qué sabiduría en la utilización de los recursos que ofrecía el terreno!.

Es un gran diseño de Ramiro Sainz Martínez, que fue arquitecto municipal de Santander en la postguerra y que también proyectó la iglesia de San Roque. Además diseñó los jardines de Piquío y anteriormente, siendo arquitecto municipal de Lugo, había construido en aquella ciudad los jardines de Rosalía de Castro. Un gran profesional.

Lamentablemente la situación actual de la Alameda de Cacho es terrible. No es solo el abandono general de lo que no son plantaciones (hay que reconocer que los jardineros cuidan bien los árboles y las plantas) como bordillos, muros, escaleras o fuentes, lo malo son, sobre todo, las aportaciones poco respetuosas con la idea general. Es terrible el mordisco dado por los aparcamientos en batería frente al Hotel París, que hacen que la terraza que da acceso a la puerta se haya convertido en un fondo de saco sin sentido con un seto recortado fuera de lugar. Es lamentable la ortopedia que se adosó al la concha del auditorio, que perdió el gran escudo de Santander que lo coronaba. Es triste el abandono de la sucursal de la Fuente de Cacho, a un lado de la Concha. Es terriblemente ramplón el remate de bordillo del aparcamiento de la Avenida de los Infantes bien visible desde los jardines. Como los son también los bordillos de hormigón que bordean los parterres, nada que ver con los mixtilíneos originales. Espantoso el pavimento de losa desconcertada de la Lomba, en las terrazas inferiores.

Cada “aportación” se ha caracterizado por falta de criterio y de sentido restaurador y conservador del jardín. No hay que olvidar que el jardín forma parte del Conjunto Histórico Artístico de El Sardinero, por lo que el estado actual debe abochornar tanto a los responsables municipales como a los de Cultura.

Pero por encima de todo, a mí lo que me parece peor es algo que temo que tiene mal remedio. Fue siendo alcalde Juan Hormaechea, cuando hubo que sustituir unos degradados y viejos setos que había en los parterres centrales de la gran terraza superior. La cosa era bien sencilla: se quitan los setos viejos y se ponen unos nuevos. Pero no, allí estaba el Alcalde para tomar una decisión claramente fuera de su competencia y conocimientos, aunque no de su autoridad, que finalmente impuso, por la que allí debían plantarse, en alineaciones paralelas, unas magnolias (¡?). Hoy las magnolias han crecido hermosas (cuidadas por los buenos jardineros municipales), pero desfiguran completamente el jardín. El espacio de la terraza se ha reducido visualmente y los bordes de altos árboles han perdido sentido. Las magnolias cortan vistas desde las terrazas inferiores hacia la iglesia de San Roque y mantienen copas de hoja perenne en un jardín caduco. Lamentable. Todo por pensar que una magnolia es más “importante” que un humilde seto. Y ahora ¿quién es el que se atreve a quitar las magnolias?. Cada persona a lo suyo y cada cosa en su sitio.

lunes, 5 de agosto de 2013

DIARIO 2003.19



lunes, 29 de septiembre de 2003 7:23
Comienzo de semana con el estudio partido en dos.
En el paseo dominical pudimos leer otro de los paneles informativos de contenido histórico-arquitectónico que han puesto por la Ciudad. En este del Paseo de Pereda, se extiende el autor en consideraciones, algunas de ellas críticas, en relación con la estructura urbana, las alturas de los edificios, los característicos miradores y la armonía del conjunto. Todo ello con muchos nombres: Llovet, González Ríancho, Pereda, Pombo, ...
Se les ha olvidado lo más importante a mi parecer: Este paseo se llamó siempre "El Muelle", porque eso era: un muelle, cuando los jardines eran dársena y su relación con el mar era su razón de ser y de ahí sale todo: Orientación, fondo, altura, tipologías, plantas bajas, etc..
Esto da para más, pero mi tiempo no.
delmuelledetodalavida

martes, 30 de septiembre de 2003 7:26
Amanece de sur. Primeras luces del alba. Las nubes tienen un delicado color rosa que se aviva hacia el horizonte. No llego a ver el mar, pero se le adivina calmo, sereno, denso, con esa tersura que invita a caminar sobre él. El cielo cambia desde un intenso azulón, al resplandeciente purísima. No se mueve una hoja. Todo es silencio.
De pronto, han dado golpes en los cristales, al tiempo que se ponía en marcha la pala excavadora aparcada enfrente. Los fontaneros y albañiles han entrado en el estudio de un simple salto por la ventana.
Se acabó. Ruido y polvo para todo el día.
Así se hace la arquitectura. Y este contraste brutal es apasionante.
contrastado

miércoles, 01 de octubre de 2003 6:56
Aniversario. Treinta años conviviendo con un arquitecto es una condena de grave delito. Mi mujer sabrá si se lo ha merecido. Creo que la profesión nos ha marcado y mucho, quizá en exceso, hasta el extremo de tener dos hijas arquitectas y un gato con nombre de maestro, Gropius. Es demasiado. ¿Qué hubiera sido si, además, mi mujer fuera arquitecta?. La Celia y el Agusti (arquitecto ella, arquitecto él), o más cerca, Ana y Víctor (arquitecto ella, arquitecto él), pueden llegar a extremos patológicos. Pero bueno, ni tan mal, a mi estos treinta años de arquitectura conyugal y filial, me han gustado mucho y me gustaría repetir  (continuar) otros tantos.
enamorado


jueves, 02 de octubre de 2003 8:03
Si amaneces con retraso, la vorágine del trabajo te agobiará todo el día.
Algo así me ha pasado hoy.
Las salas de espera de las consultas de los médicos recuerdan a aquel artículo de Millás en el que describía la segunda residencia de la playa, en la que sus amigos iban reciclando lo usado décadas atrás: televisión en blanco y negro, sofás de escai (¿se escribe así?), sillas de enea, tapicerías de cretonas floreadas, etc.. Todo ello le sugería a Millás un salto atrás en el tiempo de casi una generación. Las salas de espera de los médicos santanderinos tienen esta imagen en algunos casos o, también, la pretenciosa, tras una obra ausente de criterio. La de ayer exhibía más de diez materiales de acabados, que iban desde el gres veteado al acero inoxidable, pasando por el mármol blanco y la madera de roble o el gresite con aguas. Las paredes que, en un toque de elegancia, se habían pintado en delicado tono salmón, con un acabado liso de cierta calidad, se empezaban a abigarrar de cuadros de fuertes texturas e incluso se habían practicado una o varias hornacinas para recargados motivos florales Dos o tres modelos de sillas. Mecanismos eléctricos de aluminio y luminarias doradas.
Todo en uno.
Todo en una sala.
Casi se me saltan los puntos.
faltonazo

viernes, 03 de octubre de 2003 7:04
En la comida de ayer, Juanse volvió, erre que erre, al modelo de ordenación del territorio de Baden-Württemberg del que es un apasionado defensor. Querría que Cantabria tuviera una ley de Ordenación del Territorio similar a la del Land. No estaría mal, pero para eso haría falta que habláramos alemán y dejáramos pasar unas cuantas generaciones para acostumbrarnos.
¿Hay que ordenar el territorio?. Quizá sea demasiado ambicioso el objetivo.
Hay que regular los usos que se dan al territorio.
Este es un jardín (nunca mejor dicho) en el que me da miedo meterme.
algunavezfueurbanista

sábado, 04 de octubre de 2003 7:26
Polvo de obra por todas partes.
El recorrido por la exposición de la colección Aena en los sótanos del Mercado del Este me resulta orientador. Me sitúa en mi tiempo: Una obra de los 80 tiene más probabilidades de gustarme que una de los 90 y más aún que una de los 2000. Compruebo que me sucede a menudo. Me preocupa por lo que, aparentemente, tiene de desconexión de lo actual, pero me tranquiliza porque me sitúa en una época, mi época. No significa que todo lo actual no me guste o que no lo comprenda, (cada vez hay más), sino que la probabilidad de que me guste es mayor en las obras de aquellos años. Síntomas de vejez, supongo. También puede ser que el filtro del tiempo haya hecho una selección en las obras que no se ha realizado todavía en las más recientes. Puede ser.
De todas maneras cada vez más a menudo siento desazón al situarme delante de una obra reconocida por la crítica y no sentir la mínima emoción, ni siquiera la necesidad de quedarte un ratito más mirando. Es como si en las salas hubiera unos delicados flujos de atracción y repulsión instalados junto con las obras, que condicionan tus movimientos: te frenan, te aceleran, te atraen, te repelen ...
Campos electro-plásticos, flujos magneto-pictóricos, emisiones karma-artísticas, ... ¡yo que sé!.
Pero hay algo.
situado


domingo, 05 de octubre de 2003 8:13
Se anuncia ya el comienzo de la obra del Balneario. Obra de propietario invasor con arquitecto exiliado, que nos dará disgustos a todos. Grandes peleas para defender el proyecto, el edificio, la arquitectura. Muchas veces he hablado que una obra es una guerra, pero claro está, hay guerras y guerras, y esta se prevé casi mundial y atómica.
Para empezar tenemos el estudio de las ofertas. Puede que esta labor parezca poco arquitectónica, pero creo que no es así. La arquitectura se ha descrito en unos documentos: planos, memorias, mediciones y presupuesto. La definición de cada una de las unidades da interpretaciones diferentes a cada contratista y si el arquitecto no precisa el alcance de cada definición y consiguiente oferta, surgirán problemas en la obra. Son los primeros ensayos del concierto. Los ensayos para afinar la orquesta.
Pura labor arquitectónica, aunque no lo parezca y no nos lo hayan enseñado en la Escuela.
director

lunes, 06 de octubre de 2003 8:19
Pasear es un vicio. Mis paseos suelen ser más urbanos que rurales, en los que la arquitectura sale al encuentro en cada esquina. La buena y la mala. A veces, en vez de  la arquitectura lo que nos sale al encuentro es un arquitecto, un compañero, que se decía hace años, sin el tufillo pecero o sindicalista que también tenía a expresión. Los encuentros con arquitectos son variados. C. del B.,  joven profesional, se arranca hablando de la baja de honorarios actuales y con envidia de los poco que trabajaban y lo mucho que ganaban los arquitectos de los 70-80. C. L. siempre tiene oportunidad de dictar una clase magistral con algún silencio expectante al aplauso. J. L. M., copa en mano, saluda con la ceja muy levantada y la cabeza agachada, en lo que podía ser un pliegue de la nueva arquitectura. L.T. me abraza y me llama Luisillo de una forma que me enternece.
Hay más. Y muy variados.
compañero

martes, 07 de octubre de 2003 6:53
Ayer fue el día mundial de la arquitectura. Se me pasó. La verdad es que tenía que haber escrito un texto panegiricando la profesión. Probablemente la culpa fue del decano que este año no avisó con tiempo a los colegiados y a la prensa, del acontecimiento. "El día de" está sustituyendo a los santos patrones, en una sociedad cada vez mas laica, pese a la iglesia y al PP. También se puede decir que el día del patrón es para los profesionales y "el día de" es para la profesión. Puede ser, pero supongo que este acabará comiéndose al primero. La arquitectura tiene su día, que es el primer lunes de Octubre, y ese día deberíamos, todos los profesionales, hacer sólo buenos proyectos y buenas obras con el fin de levantar el nivel. El resto de los días podemos dedicamos a especular, cobrar minutas, sestear, jugar al golf y beber copas, que es como todavía nos sigue viendo la mayoría de la sociedad.
arquitecto