viernes, 11 de octubre de 2002 6:56
En construcción. Ayer
dejamos de ver la película por cansancio. ¡Qué gran película y qué alejada de
la arquitectura!. De la primera vez que la vimos recuerdo que me impresionó el
aislamiento cultural y administrativo de todo el proceso. Los poderes
culturales y administrativos solo van a
la obra cuando aparecen huesos de hace dos mil años, el resto del proceso va
surgiendo ante la indiferencia y descontrol de esos 'poderes". El barrio
es marginal en origen y lo seguirá siendo.
No hay arquitectura.
Pero es ella la que se retira del
proceso. Si se la invita, seguro que es bien venida.
cinéfilo
domingo, 13 de octubre de 2002 7:08
José Ramón Menéndez
de Luarca nos contó el sábado lo fácil que es hacer urbanismo. Cuando se sabe
mucho y se tiene sentido de la medida. Así de simple. Así tendría que ser el
urbanismo y desde luego la arquitectura. Los urbanistas reclaman o bien unas ordenanzas
rígidas o bien un reciclaje de los arquitectos para que no se estropee el
resultado final. Es verdad: el resultado final del urbanismo es servir de
soporte a la arquitectura y ahí es donde se caga, con perdón.
¿Reciclar
arquitectos?. ¿No sería mejor enseñarles?. Enseñarles en la escuela a resolver
esos "pequeños problemas" con los que se van a enfrentar con
seguridad: Una vivienda unifamiliar en un paraje de valor. Hoy todos querrían
hacer una segunda "casa de la cascada" y la escuela les empujará en
esa dirección valorando un creatividad ensimismada. Alguna/os, muy poca/os,
saben resolver el problema brillantemente. Otros/as lo hacen con corrección. Y
muchos/as no se enteran de la película hasta llevar treinta años de profesión.
Mientras tanto han dejado perpetradas unas cuantas fechorías para la posteridad.
enseñante
miércoles, 16 de octubre de 2002 7:08
En un reciente escrito "in
memoriam" de un arquitecto (Pedro Casariego), se reproducen unas palabras
suyas a modo de decálogo del comportamiento honesto del arquitecto:
1 Todo
proyecto. grande o pequeño, real o imaginado, ha generado en nosotros la misma atención.
2 Todo lo que hemos proyectado ha partido del interior,
del programa, persiguiendo su satisfactoria expresión exterior.
3 Hemos
buscado la armonía en cada fase del trabajo, desde los croquis hasta el final de la obra.
4 No hemos
añadido nada superfluo. pues hemos mantenido la creencia de que todo adorno es delito.
5 Hemos
procurado conseguir la máxima economía, entendida como el mínimo necesario para
lograr plenamente un fin determinado, independientemente de su coste.
6 No nos
hemos dejado arrastrar por las modas, que hemos visto pasar por delante de
nosotros repetidamente, con cierto ritmo
iterativo.
7 Hemos
dado importancia al módulo, como apoyo constructivo y de orden, rompiéndolo cuando
lo hemos considerado imprescindible.
8 Hemos pretendido
entender la totalidad del proyecto buscando la necesidad de cada una de sus partes
9 Hemos intentado
responder al contexto de cada edifico con respeto, pero sin concesión alguna al
mimetismo.
10 Hemos
concedido prioridad a la colocación en obra de los materiales, dando la importancia
justa a su supuesta belleza intrínseca.
Bien. Es difícil de
cumplir este decálogo, como el de los mandamientos de Dios. El que esté libre de pecado que tire la
primera piedra.
Amén.
pecador
jueves, 17 de octubre de 2002 7:59
Casi se me pasa. Se
ve que no hay cosa peor que madrugar porque hoy, que tenía tiempo para meditar
sobre alguna chorrada de arquitectura, lo he desperdiciado ajustando los
precios del reformado de la UE, con lo que se me ha pasado la hora buena para
este menester escribiente.
Arquitectura pasada
por agua. Agua con viento. La cubierta es importante, pero las fachadas también.
Llueve de lado. El agua tiene el morro muy fino, decían los encargados de hace
años, mientras insistían en que había que sellar muy bien todas las juntas exteriores.
Pero el agua tenía el morro cada vez más fino y las humedades se producían a
pesar de la insistencia de los encargados.
Años más tarde apareció la silicona,
pero eso será mejor hablarlo otro día.
lluevedelado
viernes, 18 de octubre de 2002 7:37
Las tripillas y la cabeza revueltas.
Leo en una publicación
lo que son los LED (lámparas de pequeño tamaño) y en otra, que tengo debajo de
la primera y que sobresale, los problemas de los barrios de inmigrantes en USA
años 70. No tienen ninguna relación, pero ambos tienen que ver con mi profesión,
así que los leo y no sé si servirán
para algo, pero lo hago. Casi todo tiene interés. El riesgo es caer en la
dispersión.
disperso
sábado, 19 de octubre de 2002 757
Sabadete después de
cine fallido. 800 balas son pocas, hacen falta muchas más. Todas. Para
juntarlas bien y destruirlas a continuación y así evitar tentaciones. Balas.
Ayer, J L., que
resulta ser agente de propiedad inmobiliaria (?), nos contó que había tasado
una vivienda en Puerta de Hierro (no podía ser en otro lugar), en 3.500
millones de pesetas. Contaba con admiración el estilo victoriano de la mansión,
reproducido con total exactitud y fidelidad, los salones, piscinas, gimnasios,
vestidores, etc.. Todo grande y bueno. Como la parcela. Arquitectura y calidad,
según él. Había cobrado por la tasación ocho millones. Tremendo.
El dueño resultó ser
un fabricante de armas. Más de 800 balas hacen falta para hacer una casa así. Me
pregunto cómo duerme un fabricante de armas. Y encima en una mansión
victoriana. Dios los cría y ellos se juntan. Siempre dije que, aunque es
imposible que se produzca, nunca aceptaría el encargo de proyectar una cárcel.
Tampoco aceptaría ningún encargo de un fabricante de armas.
Algo de ética para empezar.
ético
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