Periferia es lo que rodea al interior.
En las ciudades, la periferia no es una membrana delgada sino más bien una gruesa piel deshilachada. La periferia de las ciudades no participa de los beneficios urbanos y en el mejor de los casos pasa a ser, con los años y mucho esfuerzo reurbanizador, interior urbano. A menudo se queda en periferia para siempre, sin alcanzar aquellos valores de población, densidad y diversidad que Louis Wirth[1] considera necesarios para desarrollar e inducir entre sus habitantes una conducta urbana. Normalmente la periferia se queda a mitad camino entre lo urbano y lo rural, con lo peor de cada mundo. Suburbio. No adquiere la importancia de los bordes, que siempre fueron considerados generadores de interés. La periferia no es propiamente un borde urbano.
Claro que hay casos diferentes.
Santander es una ciudad que tiene el centro en la periferia. No es un caso único, pero si es singular que el centro siga estando, muy aproximadamente, en el mismo lugar que estaba cuando era una villa medieval. A menudo las ciudades portuarias abandonan el puerto y se alejan de él. Pero también sucede, como en el caso de Santander, que es el puerto el que abandona a la ciudad y, en este caso, retrocede Bahía a dentro, dejando sus antiguos muelles para paseo marítimo. Y así el centro disfruta de una periferia de agua siempre hermosa, tanto que sus habitantes lo sacralizan. La Bahía es lugar sagrado.
Eso no ha impedido que en tres casos singulares la arquitectura contemporánea haya llegado a tocar esa sagrada periferia.
En 1927 se construye el Club Marítimo de la mano del arquitecto Gonzalo Bringas[2] y, con enorme valentía, plantea un edificio dentro del agua que, especialmente en mareas altas, parece flotar sobre ella. Edificio racionalista con evocaciones náuticas, no pretende imitar a un barco, y no renuncia a la solidez constructiva. Una penetrante osadía, casi sacrílega, irrepetible hoy día.
En 2014 para el campeonato mundial de vela de aquel año, Alejandro Zaera proyecta un edificio que es al mismo tiempo almacén, graderío y paseo mirador en el mismo borde marítimo. Apenas roza la bahía periférica y, siendo bien hermoso el concepto y la solución, quizá le falte haber hundido los primeros escalones de la grada en aquellas sagradas aguas. Una caricia respetuosa.
En 2017 Renzo Piano concluye un gigante Centro Botín sobre el muelle más céntrico de la ciudad, que gracias a eso deja de ser aparcamiento de coches y camiones. Piano hace un ejercicio de transparencia y orfebrería en que edificios y pasarelas vuelan sobre el agua periférica sin tocarla. Un alarde tecnológico que muchos consideraron pecado.
La relación de la ciudad con su periferia a través de lo edificado, se suele resolver con arquitectura de repertorio en las promociones privadas y presuntamente experimental en promociones públicas. En el caso de Santander, la singular periferia del mar ha permitido, al menos, estos tres ejemplos de notable interés.
[1] EL URBANISMO COMO MODO DE VIDA. Louis Wirth. 1938
[2] Gonzalo Bringas (1880-1943), arquitecto de la Diputación Provincial. Palacio de la Magdalena, Casa de Salud Valdecilla.




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