martes, 20 de agosto de 2024

CONCIERTO EN EL HALL DE REINA VICTORIA

 

BUENAS INTENCIONES, PERO MAL RESULTADO.

El Palacio de Festivales de Santander es una obra fallida de Sáez de Oiza, un gran arquitecto. Su discípulo Moneo, dando muestras de “recato” (valor que él concede a la buena arquitectura), dice de sus propias obras que tiene varias prescindibles. De manera que no hay nada malo ni escandaloso en decir que una obra de Saez de Oiza, el Palacio de Festivales de Santander, es perfectamente prescindible como muestra de arquitectura.

Pero, está claro, que es un valor inmobiliario, cultural y patrimonial al que hay que sacar partido. Así lo han pretendido con más o menos interés y acierto las distintitas administraciones regionales desde su inauguración.

Este año dentro del programa del Festival Internacional de Santander, que celebra su 73 aniversario, se ha querido hacer un concierto en el Hall de Reina Victoria: Música de cámara interpretada por el Cosmos Quartet, con un precioso programa de Franz Schubert:    El Cuarteto n. 13 en la menor D. 804 Op. 9 Rosamunde y el    Quinteto para piano, violín, viola, violonchelo y contrabajo en La Mayor D. 667 La Trucha.

Sacar los conciertos de las rígidas salas de audición es un buen objetivo. En algunos casos sirve para popularizar la música y en otros para acercarla más a sus orígenes. En verano, al aire libre, las ciudades alemanas (Frankfurt, Berlín…) organizan conciertos sinfónicos con sus mejores orquestas, a los que asisten decenas de miles de personas. Familias enteras con abuelos, padres y nietos participan en esos grandes conciertos de música sinfónica, soberbiamente acondicionado el sonido y la imagen a través de perfectos altavoces y grandes pantallas. Por el contrario, la música de cámara, en general, fue compuesta para ser oída en recoletas salas o salones de casas privadas, sin la rigidez y distanciamiento que produce un escenario. De manera que celebrar un concierto de música de cámara en el Hall de un Teatro o Palacio de la Música es algo ya conocido y deseable.


Pero el Hall de Reina Victoria del Palacio de Festivales es un pésimo ejemplo de hall. El hall de un teatro tiene que reunir, desde el punto de vista arquitectónico, unas cualidades que el nuestro no tiene: además de amplitud, generosidad de dimensiones, espacios de dobles alturas, escaleras representativas y galerías superiores desde donde ver la entrada del público. Ninguno de estos valores arquitectónicos los tiene nuestro Hall de Reina Vitoria que se caracteriza por una altura de techo similar a la de una vivienda y unas potentes columnas cilíndricas consecuentemente poco esbeltas.

En realidad, ese, en el proyecto de Oiza, no era el Hall del edificio. Oiza proyectó un Hall Principal por Gamazo que sí cumplía con prácticamente todos aquellos clásicos valores arquitectónicos antes citados. Es lo que hoy se conoce como Sala María Blanchard, antes Sala Griega. Oiza perseguía un efecto “muy teatral” en ese recorrido que, desde Gamazo a través de la gran escalinata y terraza al sur, pasando por ese Hall, culminaba con un acceso bajo el escenario a la gran sala inspirada en Epidauro (¿¡), desde el punto de vista más dramático de la misma. La no utilización de ese itinerario es uno más de los despropósitos que definen la vida e historia del edificio.

Hoy al Palacio de Festivales se entra por la entrada secundaria o de servicio (valga la expresión clasista) y allí en ese Hall, de salida más que de entrada, se ofreció un concierto de música de cámara. El resultado fue malo a pesar de que se consiguió aún con mala visibilidad, la proximidad de los intérpretes condición esencial como queda dicho para la música de cámara. Ese Hall no reúne las mínimas condiciones para un concierto así. Con esa altura de techo, probablemente menor de tres metros, y esas potentes columnas cilíndricas el tiempo de reverberación debe ser altísimo y ni siquiera el suelo de moqueta lo reduce. Para más inri en el techo hay una zona central circular con rehundidos de escayola lo que genera una resonancia indeseable al público que está en su proximidad más o menos la mitad del aforo, que según pude calcular era de unas 250 personas. Tampoco las sillas y su disposición eran adecuadas. En fin, una buena intención, pero mal localizada.

Parece evidente recomendar, para una próxima experiencia, la Sala María Blanchard, autentico Hall del edificio (aunque también dudo de las condiciones acústicas del espacio excesivamente marmóreo) o, mejor aún, utilizar el propio escenario del Palacio de mucho mayor tamaño que los otros espacios, en el que se podría, al fin, descorrer la gran cortina y dar un concierto de cámara con vistas a la Bahía…

 

Nota: Como dato significativo: en la página web oficial del Palacio hay una “galería” de imágenes de 20 fotos, se supone que expresivas del edificio. No existe ni una foto del llamado Hall de Reina Victoria. 5 son exteriores, 3 son de la sala Argenta, 4 son de la Sala María Blanchard, 2 son de pasillos y puertas, 1 de sala de ensayos y 1 de taquillas

martes, 6 de agosto de 2024

Periferias sagradas y arquitecturas singulares de Santander

 

Periferia es lo que rodea al interior. 

En las ciudades, la periferia no es una membrana delgada sino más bien una gruesa piel deshilachada. La periferia de las ciudades no participa de los beneficios urbanos y en el mejor de los casos pasa a ser, con los años y mucho esfuerzo reurbanizador, interior urbano. A menudo se queda en periferia para siempre, sin alcanzar aquellos valores de población, densidad y diversidad que Louis Wirth[1] considera necesarios para desarrollar e inducir entre sus habitantes una conducta urbana. Normalmente la periferia se queda a mitad camino entre lo urbano y lo rural, con lo peor de cada mundo. Suburbio. No adquiere la importancia de los bordes, que siempre fueron considerados generadores de interés. La periferia no es propiamente un borde urbano.

 

Claro que hay casos diferentes.

 

Santander es una ciudad que tiene el centro en la periferia. No es un caso único, pero si es singular que el centro siga estando, muy aproximadamente, en el mismo lugar que estaba cuando era una villa medieval. A menudo las ciudades portuarias abandonan el puerto y se alejan de él. Pero también sucede, como en el caso de Santander, que es el puerto el que abandona a la ciudad y, en este caso, retrocede Bahía a dentro, dejando sus antiguos muelles para paseo marítimo. Y así el centro disfruta de una periferia de agua siempre hermosa, tanto que sus habitantes lo sacralizan. La Bahía es lugar sagrado.

 

Eso no ha impedido que en tres casos singulares la arquitectura contemporánea haya llegado a tocar esa sagrada periferia.


 

En 1927 se construye el Club Marítimo de la mano del arquitecto Gonzalo Bringas[2] y, con enorme valentía, plantea un edificio dentro del agua que, especialmente en mareas altas, parece flotar sobre ella. Edificio racionalista con evocaciones náuticas, no pretende imitar a un barco, y no renuncia a la solidez constructiva. Una penetrante osadía, casi sacrílega, irrepetible hoy día.

 


En 2014 para el campeonato mundial de vela de aquel año, Alejandro Zaera proyecta un edificio que es al mismo tiempo almacén, graderío y paseo mirador en el mismo borde marítimo. Apenas roza la bahía periférica y, siendo bien hermoso el concepto y la solución, quizá le falte haber hundido los primeros escalones de la grada en aquellas sagradas aguas. Una caricia respetuosa.

 


En 2017 Renzo Piano concluye un gigante Centro Botín sobre el muelle más céntrico de la ciudad, que gracias a eso deja de ser aparcamiento de coches y camiones. Piano hace un ejercicio de transparencia y orfebrería en que edificios y pasarelas vuelan sobre el agua periférica sin tocarla. Un alarde tecnológico que muchos consideraron pecado.

 


La relación de la ciudad con su periferia a través de lo edificado, se suele resolver con arquitectura de repertorio en las promociones privadas y presuntamente experimental en promociones públicas.  En el caso de Santander, la singular periferia del mar ha permitido, al menos, estos tres ejemplos de notable interés.



[1] EL URBANISMO COMO MODO DE VIDA. Louis Wirth. 1938

[2] Gonzalo Bringas (1880-1943), arquitecto de la Diputación Provincial. Palacio de la Magdalena, Casa de Salud Valdecilla.