La
joyería Galán ocupaba un bajo del Paseo de Pereda hasta hace poco tiempo. La
crisis, el agotamiento de las generaciones y las exigencias de las
multinacionales relojeras parece que están detrás del término de ese negocio
familiar tradicional de Santander. El Paseo de Pereda, a pesar de su situación
y nombre, no es una calle comercial y sus plantas bajas han visto pasar muchas
aperturas y cierres de negocios incluso de hostelería que, esa sí, es una
actividad con cierto éxito en esa acera. El Paseo de Pereda es calle de una
acera, pues la otra es la Bahía. En general, las calles de una acera, con
edificios solo en un lado, no son comerciales. Tienen más éxito comercial las
calles de dos fachadas separadas la distancia precisa para que el peatón se
sienta atraído por los comercios de ambos lados.
La joyería
Galán había sido diseñada por un profesional de conocimiento, cuyo nombre
ignoro pero que trataré de averiguar antes de terminar de dar forma a este
escrito. No sé muy bien que tienda había antes, cosa que también habría que
averiguar, pero el caso es que el diseñador de la joyería planteó una “sobrefachada”
que hablaba bien a las claras de su contenido: el lujo refinado. Mármol veteado gris verdoso, con una
composición de orden jónico, con capiteles y basas de latón dorado. El
jónico es el orden más femenino de los tres clásicos: dórico, jónico y
corintio, incluso de los cinco, cuando a esos tres se añaden, por arriba y por
abajo, el toscano y el compuesto. Todos los templos dedicados a diosas se
trazaban con el jónico. Todos los edificios dedicados a la belleza, a la
alegría o a la vida, también. El Toscano y el dórico son ordenes masculinos. El
corintio y el compuesto (en parte corintio y en parte jónico) se reservaban
para grandes deidades de cualquier sexo. Algunos
aspectos del lenguaje clásico de la arquitectura serían hoy mal vistos con la
influyente opinión feminista.
El
mármol gris verdoso veteado, pulido y escogido en las piezas más selectas, se
ha usado en grandes obras arquitectónicas, como revestimiento representativo de
gloria y magnificencia. Desde los grandes mausoleos papales o reales, a las modernas
y minimalistas obras de arquitectos como Adolf Loos y Mies van der Rohe.
En
la joyería Galán, el mármol gris veteado, que desde hacía tiempo había cogido
una pátina algo apagada, cubría todo lo que no eran escaparates con un despiece
generoso, incluso con partes curvas de una pieza, en la solución de esquina. Los
capiteles de latón dorado, cuyo brillo no dejaba lugar a dudas sobre el
contenido de la tienda, jugaban el papel de joyas engarzadas en la piedra
soporte, con evocaciones de todos los míticos valores del oro.
En
fin, a mí me parecía una fachada muy bien trazada y ejecutada, bella y eficaz.
El
autor había renunciado a la apertura o rasgado de nuevos huecos, de manera que
todo el conjunto mantenía los ejes compositivos del edificio. Era una
aportación arquitectónica sabiamente incorporada al carácter seco y austero del
edificio, hoy dulcificado por la implantación, no original, de las galerías o
miradores de madera pintados de blanco.
Aquella
planta baja, destinada en origen a almacén portuario, después a comercio
general y por último, con el ennoblecimiento de la acera, a joyería, había
cambiado de uso muchas veces a lo largo de los casi dos siglos de vida del
edificio. Durante esa vida, el edificio en su conjunto también había sido
objeto de aportaciones variadas: Tiene una planta más de las iniciales que ya
no enteramente de piedra de sillería, buhardillas en el tejado y galerías o
miradores en los balcones…. Se puede decir que cada generación ha “aportado”
algo a la imagen del edificio.
Sin embargo...
el vigente Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico Artístico del
Paseo de Pereda y Castelar, exigió la demolición de aquella, a mi parecer,
bella sobrefachada de la Joyería Galán y la “reposición” de los huecos
originales de los almacenes navales del edificio. Así ha sucedido con algún
otro comercio de la acera “noble” de Santander.
No
estoy muy seguro de si con eso se recupera el Patrimonio o se empobrece. Tengo
dudas y, más aún, ante la amenaza de que otros locales con “sobrefachadas” que
a mi me parecen valiosas, sigan la misma suerte que la Joyería, que por otro
lado ha resuelto la recuperación de la fachada “original” del edificio, de
forma que me parece brillante.
Tengo
dudas de por qué se quiere recuperar esa imagen de las plantas bajas, con
reconstrucciones discutibles, y perdida de ejemplos valiosos de un ejercicio
arquitectónico de interés, aunque en desuso: la sobrefachada. Evidentemente las
fachadas de los antiguos BBV y Godofredo, de granito oscuro pulido, y otros
casos parecidos, no merecían conservación, pero temo la desaparición de las de Confiterías
Gómez y Heladería Regma o incluso las de La Novedad y Perfumería Calderón, en
la calle Ataulfo Argenta, todas ellas disonantes con los huecos y composición
iniciales de los edificios en los que se encuentran, pero, a mi parecer,
valiosas como aislado ejercicio arquitectónico.
Sí
me mostraría inflexible, sin embargo, con la retirada de los rótulos
publicitarios de colores estridentes, salientes o no, y con los tendidos de
cables y cajas, grapados a las fachadas marcando, precisamente, el límite de
las plantas bajas comerciales y el comienzo de las residenciales.
La
magnifica noticia del asentamiento de la colección de arte del Santander en la
sede social del Banco, en el Paseo de Pereda, supongo que traerá como
consecuencia una modificación del contenido del Plan Especial, para que el
proyecto del señor Chiperfield pueda llevarse a efecto. Quizá sería ese el
momento de reconsiderar estos aspectos menores, pero posiblemente de interés para
la conservación de un Patrimonio Vivo.