miércoles, 9 de agosto de 2017

MALEN AZNÁREZ



Todos sabemos, incluso la familia, que Malén tenía facilidad para el mando, no sé muy bien si genética o adquirida, pero estaba claro que sabía y le gustaba mandar, hasta el punto de dejar muchísimas instrucciones para esta situación en la que ya no está, pero en la que sigue mandando.

No es merecida, ni comprensible, la suerte de Malén en el último año. No encuentro explicación alguna a esta acumulación de dolor cuando la vida todavía debía ofrecer años de felicidad para ella y los que la queríamos.

No hace ni un año que vimos, con admiración, la forma en que Manolo y Malén afrontaron la implacable muerte de él, cuando hemos tenido que pasar por algo parecido con ella. ¿A qué viene esta acumulación de dolor, este ensañamiento?

Mejor será no hacer preguntas que nadie responde.

Otra vez asistimos a una actitud serena, confiada y, sobre todo, digna, para enfrentarse a una operación de enorme riesgo. Otra vez, como hace un año, he sentido admiración, envidia y deseo de comportarme igual, llegado el momento. Aunque quizá no mande tanto, porque ni sé, ni quiero saber hacerlo.

Malén nos deja, como pasa siempre, un gran espacio vacío. Y mi deformación profesional me lleva a imaginar ese espacio como algo “construido, bello, continuo, fluido y luminoso”[1]. Un espacio que se extiende por todo el mundo y asoma en cinco continentes, pero que se abre, sobre todo en Santander, Tarragona, Toledo y Aravaca.

Un espacio lleno de sendas, viajes y aventuras. De tinta impresa, de periodismo, pasión más ardiente incluso que profesional. Un espacio continúo de amistades, admirables y profundas, capaces, lo he visto de cerca, de entregas combativas y abnegadas.

Ramales de ese espacio, galerías, naves, pasadizos, o como queráis imaginar y llamar, para conectar a la familia, con sus hermanas y también con sus cuñados, que gozábamos de lugares reservados en un punto, que ahora que no me oye, podría calificar de algo machista…

Espacios abiertos y diáfanos para disfrute del sol, la playa y la comida, con sus enormes salas reservadas al pescado y en especial al marisco. Salas gigantescas de lectura o pequeños rincones para gigantescas lecturas.

Estoy seguro de que en el “Espacio Malen” habrá habido, pasadizos secretos y distintos, en los que ella también habrá encontrado momentos de felicidad. ¿Quién no los tiene?

Sobrepuesto a todo ese conglomerado espacial había, hasta hace un año, un primer plano que pertenecía y disfrutaba Manolo.

Malén estaba cerrando aquel vacío, cuando alguien ha decidido interrumpir aquel duelo con un “manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida”.[2]

Y ahora nos toca a nosotros ponernos a ello.

Tenemos que cerrar esos huecos y debemos hacerlo sin pausa y, según quería ella, sin dolor, guardando en la memoria lo mejor de cada espacio vivido con ella.

Hasta siempre Malén.

(leído en el funeral en representación de la familia)


[1] Louis Kahn. Forma y diseño.
[2] Miguel Hernández. Elegía a Ramón Sijé

No hay comentarios:

Publicar un comentario