sábado, 2 de mayo de 2015

LA REMONTA



BUEN PARQUE, DISCUTIBLE BARRIO

 

La Remonta de Santander, una finca militar cerrada de 30 hectáreas de superficie, es en realidad una isla urbana. Aunque no siempre lo fue. Hubo un momento en que era la ribera del mar. La gran charca circular que existe en su parte más baja, convertida en embalse artificial, donde desagua la escorrentía de prácticamente toda la finca, fue el extremo de una pequeña cala de las decenas que, a mediados del siglo XVIII, conformaban el perímetro de la Bahía, antes de que se produjeran los grandes rellenos de siglos posteriores. A finales del siglo XIX, uno de los aristocráticos Pombo santanderinos adquirió y rellenó parte de aquella zona y conformó una finca que destinó a “explotación y recreo” y a la que llamó Campogiro. Años más tarde fue adquirida por la Diputación Provincial y en 1920 cedida al ejército para Depósito de Sementales. Desde entonces es un recinto bien cerrado. Un recinto militar en las afueras de la ciudad, que con los años ha quedado dentro. Hasta no hace muchos años la tapia que lo rodeaba era bastante diáfana. Desde casi todo el perímetro se podían ver las suaves y bien cuidadas campas de pastos para el ganado. Después, la finca se cerró con bloques de hormigón y se acentuó su carácter de isla.





Conocí la finca muy joven pues era sobrino del comandante médico y por lo tanto su hijo y yo, teníamos las puertas abiertas del acuartelamiento para ver las siempre atractivas instalaciones militares. Bastantes tardes de verano hemos gastado yendo de un pabellón a otro, admirando los poderosos animales allí custodiados que eran tratados por los soldados mejor que si fueran oficiales. Nos gustaban los ejercicios de doma y, desde luego, la cubrición de las yeguas que en aquellos años de adolescencia suponían para nosotros un espectáculo deslumbrante. Eran unas instalaciones mas que limpias, relucientes, ordenadas y en las que el ejercito desarrollaba una labor biológica y medioambiental, tan alejada de la guerra, que a nuestros ojos se parecía a un paraíso. Remábamos y pescábamos en la charca, corríamos por sus praderas y en las fiestas castrenses participábamos en el tiro de cuerda con los soldados, que abrían nuestros aburguesados ojos y oídos con sus expresiones vulgares o soeces y que a nosotros no parecían dignas de los legendarios vaqueros de película del oeste. Durante los inviernos, guardabamos allí, en alguna de las naves almacén, nuestro flamante bote de remos con vela latina, comprado de segunda mano en el barrio pesquero. A comienzo de cada verano lo llevábamos en un camión, militar por supuesto, a la rampa de la tolva de Puerto Chico, donde sellábamos con estopa y pichi las holguras que la madera había cogido durante el invierno. Después, la Bahía era nuestra.



Muchos años más tarde volví a ver las instalaciones cuando, ya arquitecto municipal, el Ayuntamiento intentó permutar la finca por otras alternativas más alejadas de la ciudad. Nuevamente admiré las praderías, la limpieza y el orden con ese toque kirsch castrense característico. Los caballos seguían siendo protagonistas y pude admirar, de la mano de un oficial, que parecía enamorado de la bella bestia, un caballo árabe capaz de recorrer cien kilómetros sin descanso. No fraguó aquella operación municipal y ya no volví a pisar La Remonta hasta hace un par de años cuando la organización del concurso para su desarrollo permitió a los concursantes visitar la finca. Para entonces los militares hacía ya unos años que habían abandonado el lugar y en ese momento estaba siendo ocupado provisionalmente por la Policía Nacional, porque las obras que estaban llevando a cabo en su cuartel habían requerido el desalojo. Nada que ver con los recuerdos pasados. Todo aparecía abandonado y descuidado. Aún así, la finca conservaba algo de su belleza natural de origen.



La Remonta tiene una orografía en forma de suave ladera que asciende desde el Norte, por donde tiene el acceso, hacia el Sur, para caer abruptamente con un desnivel de casi 20 metros, que es el antiguo acantilado a la Bahía hoy calle Eduardo García del Río. En esa cresta alta y dominante es donde están los pabellones militares. Solo uno de ellos, con un patio de armas colonizado por una docena de palmeras canariensis, tiene valor arquitectónico. Desde la entrada al recinto, la imagen del edificio en lo más alto del terreno, con las sobresalientes palmeras en su centro es hermosa.  

En realidad la calle Eduardo García del Rio es el límite original y natural de la Bahía: El relleno de la concesión Wissocq (1853) alejó el litoral un par de kilómetros y con los años las aguas y marismas fueron sustituidas por naves industriales.




La Remonta limita por el Sur y por el Este con suelo industrial. Además, el ferrocarril de la costa o del Cantábrico contorneó la finca por el Este, aislándola de su conexión más natural con la ciudad. Solo un escueto paso inferior bajo la vía férrea ha servido y sirve todavía como única conexión de ese barrio con el centro. El extremo oriental de la peña de Peñacastillo es un límite al oeste, también escarpado y abrupto, situación que se ha acentuado aún más con la construcción de la casa cuartel de la Guardia Civil, que por razones de seguridad constituye otra nueva barrera visual e inaccesible.

 



La Remonta ha estado en la conciencia de los santanderinos como una reserva urbana, intocable salvo para grandes proyectos. El Hospital Valdecilla estuvo a punto de construirse allí pero, en una decisión bien discutible, se prefirió reedificarlo en su localización original.

La conciencia de los santanderinos es una conciencia algo adormecida. Ya lo dijo Camilo José de Cela en su "Del Miño al Bidasoa": "Santander es una ciudad en la que se está demasiado bien, en la que el espíritu viaja por el cuerpo de un lado a otro como un alma en pena o un gato encerrado en un desván". Ese adormecimiento se despierta, eso sí, en cuanto alguien pretende cambiar algo. Por ejemplo La Remonta, que se tiene en la conciencia como una reserva y a los santanderinos les gustaría que siguiera siéndolo: una reserva para siempre. No se sabe muy bien para qué se quiere, pero desde luego ven preferible no hacer nada; que siga siendo reserva. Ya se verá. ¿Cuándo?, pues ya veremos, lo importante es no hacer nada. Una reserva.


La marcha de los militares puso La Remonta en el torbellino de la política. Unos querían hacer 5.000 viviendas y otros un parque botánico. Eso si es tener claro el esquema de ciudad. Durante unos años el torbellino político, consiguió lo que suele ser usual en estos casos: que no se hiciera nada. Ni lo tuyo, ni lo mío.

Pasado el torbellino, probablemente por la intervención de la Gerencia de Infraestructuras de la Defensa, entidad administradora de la enorme cantidad de  inmuebles en desuso del Ministerio, que, dueña del recinto y sobre todo alejada de las miserias provincianas, se decidió, al fin, conciliar posturas y hacer viviendas  y hacer parque. La Gerencia está obligada a sacar dinero de su patrimonio (que es el de todos) y aceptó una solución razonable en la que, entre el suelo para viviendas y el suelo para otros usos, "le salían los números", expresión que separa un gran negocio de un negocio a secas. La Gerencia ya había actuado en Santander con la venta del cuartel de María Cristina en General Dávila y había dado muestra, lo vi bien de cerca, de un "interés en que le salieran los números", digno del mejor promotor inmobiliario.


Así pues, las administraciones se proponen abrir La Remonta para que deje de ser una isla y pase a ser un trozo de ciudad.  El límite según la Ley del Suelo de Cantabria está en unas 1.300 viviendas. Una gran superficie, 16 hectáreas, más del 50% del total, se destinará a parque. Todas las viviendas, que se construyan en el resto, serán de protección oficial. Además se asigna una notable edificabilidad (41.000 m2) para usos terciarios (oficinas, ocio, hotel,..). Se quiere, no sólo un nuevo barrio integrado en la ciudad, sino aprovechar la ocasión para “coser” la ciudad, de modo que La Remonta deje de ser una isla y una barrera en la trama urbana, todavía poco estructurada, de la zona.



Se convocó un concurso en el que, por encima de todo, se requería la interconexión, continuidad e integración de los espacios libres colindantes: Cazoña-Doctor Morales-Peñacastillo, con el fin de que esa continuidad, inevitablemente muy limitada, garantizara la “costura” e integración del sector con la Ciudad. Es algo bienintencionado y biensonante pero difícil de conseguir, pues prácticamente no hay puntos de conexión entre los tres parques, de los que solo el de Cazoña-Doctor Morales es una realidad.



El concurso, en el que nuestro estudio participó sin éxito, fue adjudicado a Batllé y Roig, prestigiosos arquitectos especializados en paisajismo urbano.



Cuando está a punto de concluir el interminable proceso urbanístico de aprobación del Plan Parcial, la asociación ecologista Arca reclama ahora que no se construyan viviendas y que toda la finca sea un "parque naturalizado", concepto este que no explica, pero con el que supongo que se refiere a modelos del tipo Parque de la Magdalena o Mataleñas-Cabo Mayor, de nuestra ciudad. Arca ha rechazado desde su inicio el modelo del parque de las Llamas, de los mismos autores, Batlle y Roig, porque no es "el que predomina a nivel mundial en las ciudades urbanísticamente referentes y más avanzadas y el más conveniente para todos los habitantes". Ninguna de esas afirmaciones o descalificaciones se fundamentan o argumentan con ejemplos, de manera que tampoco son fáciles de rebatir. Simples descalificaciones. Barcelona, por ejemplo, es una ciudad urbanísticamente referente, y aparentemente avanzada, y tiene varios parques de estos arquitectos.



El proyecto de parque de Battle y Roig para La Remonta, todavía no desarrollado mediante el correspondiente Proyecto de Urbanización, reúne, en principio, las condiciones de diseño de un parque contemporáneo "con la creación de espacios libres abiertos a la ciudad, que preserven los elementos naturales existentes y su entorno: la charca y su carrizal, los paseos arbolados…, y que unan los espacios libres y naturales existentes en las áreas vecinas mediante una auténtica estructura de corredores verdes. La vegetación a implantar tiene que estar formada por especies autóctonas o adaptadas, y los espacios abiertos tendrían un carácter parecido al de las extensiones agrícolas de la zona", todo ello según la memoria del Plan Parcial.



El parque de La Remonta, si alguna vez lo vemos hecho de la mano de estos arquitectos será, como Las Llamas, un referente de la jardinería actual.



Tampoco creo que sea un error construir un trozo de ciudad en La Remonta y que se haga con una densidad media-alta. Las opiniones medioambientalistas actuales consideran este tipo de actuaciones, en aéreas internas de las ciudades, como más sostenibles y eficaces en la dotación de servicios, que las de baja densidad en áreas periféricas, defendidas hasta ahora.



Sin embargo Arca pasa por alto, como suele suceder en las organizaciones ecologistas siempre más preocupadas por cuestiones no humanas, aspectos discutibles del modelo urbano previsto por el Plan de La Remonta. En el proyecto de Batlle y Roig, las 1300 viviendas se organizan en dos conjuntos de similar tamaño con una disposición en fondo de saco. Es decir, para acceder a una de las aproximadamente 700 viviendas de cada uno de los dos "barrios", hay que hacerlo desde un solo punto: una rotonda en Eduardo García del Río, o bien otra en Campogiro, para desde allí, con un viario en forma de árbol llegar a nuestro destino. Salir del barrio requiere deshacer ese camino recorriendo por completo la rama de ese viario. Es un esquema en forma de árbol y fondo de saco. Todo tiene que pasar por ese punto, la rotonda de acceso, y salir por ese mismo punto. Esta es una solución común y válida para bajas densidades y viarios en fondo de saco relativamente cortos. Pero en este caso se trata de densidades muy altas y recorridos muy largos (en algún caso de más de 600 metros de ida y otros tantos de vuelta).



La funcionalidad y eficacia del esquema es muy discutible. Hay aspectos sociológicos y de infraestructuras que desaconsejan, para densidades altas, los fondos de saco en lugar de mallar, de interconectar, todo el sistema en varios puntos. La implantación de servicios públicos, sus redes, accesos, trasporte público, taxis, ambulancias y desde luego el tráfico privado, están muy penalizados en este esquema, con recorridos internos inevitablemente muy largos y sin alternativas posibles. Además, la creación de un solo acceso para más de 700 viviendas puede generar situaciones sociológicas no deseables.



Las bases del concurso y el proyecto de Batlle y Roig han antepuesto la consecución de un gran parque, con objetivos bien naturalistas por cierto, al resultado de un nuevo barrio de la Ciudad y por eso me choca la crítica de Arca. En fin, creo que La Remonta tiene un buen proyecto de parque (¿naturalizado?), pero un más que discutible esquema urbano. 

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