Madrid, junio 2014. John Smith,
corresponsal en España.
La renuncia del Presidente de la República de España da pie a manifestaciones en favor de la monarquía.
Tras casi cuarenta años de
república, los partidarios de una monarquía constitucional, a semejanza de las
de las naciones del norte de Europa, comienzan a ser una fuerza electoral de
interés para los políticos. Hay quién dice que las próximas elecciones
municipales podrían convertirse en un plebiscito en favor de la monarquía.
Algunos partidos exigen un
referéndum para conocer el sentir del pueblo y para modificar la Constitución.
En los últimos años han aparecido voces críticas al sistema republicano, que se
ha contaminado de la política de los grandes partidos y cuyo Presidente ha
aparecido unas veces como beligerante en asuntos de política común y otras,
poco operativo en las relaciones exteriores que se han descuidado en los
últimos años.
En casi cuarenta años se han
conocido ocho legislaturas republicanas con otros tantos presidentes. Landelino
Lavilla, Tierno Galván (dos mandatos), José Bono, Federico Trillo (dos mandatos), Felipe
González y José María Aznar. Varios escándalos han salpicado a los distintos
presidentes con más o menos intensidad. El consentimiento y amparo de alguno de
ellos en las conversaciones con la organización terrorista ETA, la falta de
agilidad en un caso y beligerancia en otro, para mediar en los conflictos
separatistas catalán y vasco, que obligaron al Gobierno central a suspender las
autonomías durante unos años con enormes tensiones sociales, el enriquecimiento
abusivo y las relaciones extra maritales, que pusieron en peligro la seguridad
presidencial, son algunos de los principales argumentos para reclamar la
monarquía constitucional como sistema más estable y neutral.
Es verdad que algún presidente no
han rehuido sus responsabilidades y en ese caso se ha producido su dimisión y está
pendiente en estos momentos su imputación y procesamiento, pero esto, que
parece reflejar la igualdad de todos ante la ley, es también un motivo de
inestabilidad política, social y económica.
Los poderes económicos consideran
interesante la implantación de la monarquía constitucional precisamente por ese
factor de estabilidad que le confiere y que tanto ha ayudado al progreso en los
países del norte de Europa como Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Belgica o la propia
Gran Bretaña. Para los representantes de estos poderes, principalmente
presidentes de bancos, constructoras, empresas energéticas, de alimentación y
de la moda, la seguridad jurídica a largo plazo es esencial en el desarrollo de
sus negocios y en general para la economía del País, y consideran que hay que
dotar a la república de una ley orgánica de la presidencia para conseguir la
ansiada estabilidad y neutralismo, o bien optar por el establecimiento de la
monarquía constitucional.
En especial, parece que se quiere
evitar la puerta giratoria presidencia-gobierno, que es como se llama a haber
sido primer ministro y pasar a ser, en poco tiempo, Presidente de la Republica,
a imagen de lo sucedido en Rusia. Es evidente que en principio nada hay en la
Constitución, que se oponga a tal proceder, que es estrategia de los grandes partidos,
pero para gran parte de la población, este ha sido unos de los problemas de
beligerancia partidista, que ha situado a la Presidencia de la República en
unos de los valores más bajos de estima en las últimas encuestas.
España se puede convertir en poco
tiempo en el primer caso de implantación de la monarquía constitucional desde
un régimen republicano. Se recuerda ahora en el país, los grandes debates
surgidos cuando se consiguió deponer al general Franco, mediante la
intervención del ejército, al que también se reprocha en estos momentos tener
un exceso de protagonismo en la actividad de los presidentes de la república,
algo así como una tutela suave, parecida a la que el ejercito ha jugado históricamente en la
república de Turquía. Curiosamente hay una buena parte de mandos del ejército
que no verían con buenos ojos la implantación de la monarquía constitucional,
pues ello conllevaría una pérdida en el poder de influencia del ejército que
todavía persiste.
Durante la redacción de la
constitución se debatió mucho sobre el sistema a implantar, pero la influencia
militar, acompañada en ese momento por la izquierda republicana, desembocó en
la proclamación de la República como forma de gobierno por considerarla más
garantista de una democracia participativa, que entonces anhelaba la población.
Se viven tiempos convulsos en
España, que a pesar de los avances experimentados en todos los campos en los
últimos cuarenta años, todavía tiene esta asignatura pendiente que apasiona
especialmente a los jóvenes que no vivieron el paso del franquismo a la
república.
Mientras, la dimisión del presidente
Aznar, y ex primer ministro con el partido de la derecha, abre un periodo de
reflexión y manifestaciones sobre el tema, que se resolverá con las inmediatas
elecciones presidenciales, para las que se sitúa como favorito el líder de la
izquierda, heredera del partido comunista, Cayo Lara.
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