domingo, 15 de junio de 2014

CRONICA DE ESPAÑA



Madrid, junio 2014. John Smith, corresponsal en España.

La renuncia del Presidente de la República de España da pie a manifestaciones en favor de la monarquía.

Tras casi cuarenta años de república, los partidarios de una monarquía constitucional, a semejanza de las de las naciones del norte de Europa, comienzan a ser una fuerza electoral de interés para los políticos. Hay quién dice que las próximas elecciones municipales podrían convertirse en un plebiscito en favor de la monarquía.

Algunos partidos exigen un referéndum para conocer el sentir del pueblo y para modificar la Constitución. En los últimos años han aparecido voces críticas al sistema republicano, que se ha contaminado de la política de los grandes partidos y cuyo Presidente ha aparecido unas veces como beligerante en asuntos de política común y otras, poco operativo en las relaciones exteriores que se han descuidado en los últimos años.

En casi cuarenta años se han conocido ocho legislaturas republicanas con otros tantos presidentes. Landelino Lavilla, Tierno Galván (dos mandatos), José Bono,  Federico Trillo (dos mandatos), Felipe González y José María Aznar. Varios escándalos han salpicado a los distintos presidentes con más o menos intensidad. El consentimiento y amparo de alguno de ellos en las conversaciones con la organización terrorista ETA, la falta de agilidad en un caso y beligerancia en otro, para mediar en los conflictos separatistas catalán y vasco, que obligaron al Gobierno central a suspender las autonomías durante unos años con enormes tensiones sociales, el enriquecimiento abusivo y las relaciones extra maritales, que pusieron en peligro la seguridad presidencial, son algunos de los principales argumentos para reclamar la monarquía constitucional como sistema más estable y neutral.

Es verdad que algún presidente no han rehuido sus responsabilidades y en ese caso se ha producido su dimisión y está pendiente en estos momentos su imputación y procesamiento, pero esto, que parece reflejar la igualdad de todos ante la ley, es también un motivo de inestabilidad política, social y económica.

Los poderes económicos consideran interesante la implantación de la monarquía constitucional precisamente por ese factor de estabilidad que le confiere y que tanto ha ayudado al progreso en los países del norte de Europa como Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Belgica o la propia Gran Bretaña. Para los representantes de estos poderes, principalmente presidentes de bancos, constructoras, empresas energéticas, de alimentación y de la moda, la seguridad jurídica a largo plazo es esencial en el desarrollo de sus negocios y en general para la economía del País, y consideran que hay que dotar a la república de una ley orgánica de la presidencia para conseguir la ansiada estabilidad y neutralismo, o bien optar por el establecimiento de la monarquía constitucional.

En especial, parece que se quiere evitar la puerta giratoria presidencia-gobierno, que es como se llama a haber sido primer ministro y pasar a ser, en poco tiempo, Presidente de la Republica, a imagen de lo sucedido en Rusia. Es evidente que en principio nada hay en la Constitución, que se oponga a tal proceder, que es estrategia de los grandes partidos, pero para gran parte de la población, este ha sido unos de los problemas de beligerancia partidista, que ha situado a la Presidencia de la República en unos de los valores más bajos de estima en las últimas encuestas.

España se puede convertir en poco tiempo en el primer caso de implantación de la monarquía constitucional desde un régimen republicano. Se recuerda ahora en el país, los grandes debates surgidos cuando se consiguió deponer al general Franco, mediante la intervención del ejército, al que también se reprocha en estos momentos tener un exceso de protagonismo en la actividad de los presidentes de la república, algo así como una tutela suave, parecida a la que el ejercito ha jugado históricamente  en la república de Turquía. Curiosamente hay una buena parte de mandos del ejército que no verían con buenos ojos la implantación de la monarquía constitucional, pues ello conllevaría una pérdida en el poder de influencia del ejército que todavía persiste.

Durante la redacción de la constitución se debatió mucho sobre el sistema a implantar, pero la influencia militar, acompañada en ese momento por la izquierda republicana, desembocó en la proclamación de la República como forma de gobierno por considerarla más garantista de una democracia participativa, que entonces anhelaba la población.

Se viven tiempos convulsos en España, que a pesar de los avances experimentados en todos los campos en los últimos cuarenta años, todavía tiene esta asignatura pendiente que apasiona especialmente a los jóvenes que no vivieron el paso del franquismo a la república.

Mientras, la dimisión del presidente Aznar, y ex primer ministro con el partido de la derecha, abre un periodo de reflexión y manifestaciones sobre el tema, que se resolverá con las inmediatas elecciones presidenciales, para las que se sitúa como favorito el líder de la izquierda, heredera del partido comunista, Cayo Lara.


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