domingo, 19 de enero de 2014

ENSEÑANZA



ENSEÑANZA

En la escuela de Arquitectura de Reus se ha producido un cierto escándalo como consecuencia de los pocos titulados que han completado la carrera en los tres primeros años en que ha sido posible titularse. La escuela se fundó en el año 2005 y como la carrera de arquitectura dura cinco años, sólo ha sido posible graduar a promociones desde hace tres años. La noticia se puede leer en el Diario de Tarragona en la que el periodista cuenta como el "maestro(sic) encargado"del Proyecto Fin de Carrera ha formado una represa de unos 70 alumnos que han completado los cinco cursos, pero a los que no considera con los requisitos necesarios para defender su Proyecto Fin de Carrera ante el tribunal. De esta manera en sus tres años de existencia (los primeros cinco no cuentan) la escuela ha titulado a 7 arquitectos que son los que han conseguido aprobar el Proyecto Fin de Carrera. Dice la noticia que las tres promociones suponen 160 alumnos. Está claro que no es posible que los 160 alumnos estén en disposición de hacer el PFC, pues para ello es necesario haber aprobado todas las asignaturas, cosa que probablemente no se  dará en los 160 alumnos. De todas maneras el balance es terrible. ¿Qué han aprendido esos estudiantes durante 5 años, que no es suficiente para desarrollar un proyecto con solvencia? ¿No es esto un fracaso de la Escuela, antes que un fracaso de los alumnos? ¿"Sólo hay 7 justos, Señor, entre ellos"? Probablemente el Dios del antiguo Testamento quemaría la Escuela de Reus. Y la de Madrid. Y la de Barcelona... Como Sodoma y Gomorra las escuelas de arquitectura de este País son lugares de perdición que no merecen el perdón de Jehová..

El director de la de Reus justifica el balance en función de los pocos alumnos represados  y adelanta que con la incorporación inmediata de otros 70 a esa represa, se va a producir un cierto aliviadero, que aumente ese esquelético número de 7 licenciados (2,3 por año).

La enseñanza de la arquitectura es uno de los asuntos misteriosos de este país. Hace cincuenta años uno tardaba en ser arquitecto un mínimo de 7 años desde que terminaba el preuniversitario. En general la medía debía de ser de unos 8-10 años. Los dos cursos Selectivo e Iniciación, que sustituían al anterior sistema de "ingreso", solo se podía repetir 2 años cada uno, plazo en el que sí no se aprobaban todas las asignaturas te expulsaban de la Escuela, de modo que una vez en primero de carrera, lo normal era avanzar a curso por año sin demasiados problemas.

Desde luego el proyecto fin de carrera no era ninguna dificultad especial. Mucho menos que cualquier asignatura dura de los primeros años: Cálculo, Mecánica del Suelo, etc.. Se trataba de una asignatura más del último curso de carrera, que se preparaba a lo largo del curso y se entregaba una vez que habías aprobado todas las asignaturas. No recuerdo a nadie de mi promoción con dificultades para hacer su Proyecto Fin de Carrera, terminarlo y aprobarlo.

Con los cambios de plan se facilitó el "ingreso", suprimiendo aquellos dos duros y difíciles cursos llamados Selectivo e Iniciación y, en poco tiempo, se empezó a poner dificultades al final de la carrera. Y así nació el mítico PFC.

Parece claro que el sistema ha decidido que para ser arquitecto hay que pasar no menos de 7-8 años  en la carrera (la media hoy está por encima de 12 años), y con plan antiguo o plan moderno, esto se consigue poniendo duras pruebas de acceso o poniendo duras pruebas al fin.

A mí me gusta más que me lo hagan difícil al principio, así estoy a tiempo de cambiar mi vocación. Lo del final: hacer que el PFC sirva de represa, es frustrante y poco justificable.

CIENCIA Y ARQUITECTURA



CIENCIA Y ARQUITECTURA

Randy Schekman es biólogo estadounidense, Ha ganado el Premio Nobel de Medicina en 2013 y ha escrito recientemente un artículo sobre la influencia de diversas publicaciones científicas en la propia investigación científica. El artículo ha removido los cimientos de la comunidad científica y se ha convertido en un ataque al poder y la influencia de varias revistas de prestigio.

Me aprovecho de ese artículo para parafrasearlo sobre la arquitectura: (sólo he cambiado ciencia por arquitectura)

"Soy arquitecto. El mío es un mundo profesional en el que se logran grandes cosas para la humanidad. Pero está desfigurado por unos incentivos inadecuados. Los sistemas imperantes de la reputación personal y el ascenso profesional significan que las mayores recompensas a menudo son para los trabajos más llamativos, no para los mejores. Aquellos de nosotros que respondemos a estos incentivos estamos actuando de un modo perfectamente lógico —yo mismo he actuado movido por ellos—, pero no siempre poniendo los intereses de nuestra profesión por encima de todo, por no hablar de los de la humanidad y la sociedad.

Todos sabemos lo que los incentivos distorsionadores han hecho a las finanzas y la banca. Los incentivos que se ofrecen a mis compañeros no son unas primas descomunales, sino las recompensas profesionales que conlleva el hecho de publicar en revistas de prestigio, principalmente ...., .... y .... Se supone que estas publicaciones de lujo, son el paradigma de la calidad, que publican solo los mejores trabajos de arquitectura. Dado que las administraciones públicas suelen usar el lugar de publicación como indicador de la calidad de la labor arquitectónica, el aparecer en estas publicaciones suele traer consigo encargos. Pero la reputación de las revistas solo está garantizada hasta cierto punto. Aunque publican proyectos extraordinarios, eso no es lo único que publican. Ni tampoco son las únicas que publican proyectos sobresalientes.

Estas revistas promocionan de forma agresiva sus marcas, de una manera que conduce más a su prestigio y la venta de suscripciones que a fomentar los proyectos más importantes. Al igual que los diseñadores de moda que crean bolsos o trajes de edición limitada, saben que la escasez hace que aumente la demanda, de modo que restringen artificialmente el número de artículos que aceptan."

El artículo continúa arremetiendo contra la revistas científicas que, a juicio del premio Nobel, tienen un comportamiento pernicioso para la propia ciencia que dicen divulgar y prestigiar la excelencia del conocimiento humano.

Sin comentarios.