sábado, 4 de octubre de 2014

LA LONJA



06/01/2006 9:20

Los Reyes Magos a mi me traen el derribo de la lonja. He debido de ser muy malo durante el año para merecer esto. En varios días compruebo como la política arrasa con la razón urbanística. A la renuncia del aparcamiento de Vargas se suma ahora el derribo de la lonja. En poco tiempo veremos si se hace el edificio de Moneo o el parque de la Llamas de Batlle.
Mal, muy mal, me he debido de portar para que los Reyes Magos me traigan este regalo. Me irrita saber que la decisión se hace por un puñado de votos, que los intereses generales de la ciudad y de su historia se marginen frente a los de unos pocos que como son "los vecinos de la zona", se les concede la capacidad exclusiva de la decisión. Mal precedente.
A cualquiera que se le diga que una ciudad que presume de marinera y pescadora, con razón, que su emblema es un barco y la mar, que durante siglos sus personajes típicos han sido los pescadores, una ciudad que construyó sucesivas lonjas a medida que sus necesidades variaban y que conserva las tres últimas, ahora, esa ciudad, permite el derribo de su lonja sin uso, es decir de una parte significativa y representativa de su historia, porque a un grupo de vecinos de la zona, entre los que habrá muy pocos pescadores, si los hay, les molesta en sus paseos. Ni siquiera se lo impide, simplemente les molesta.
¡Ay, si la lonja hubiera tenido una, solo una, fachada de piedra de sillería con algún arco y sus molduras o aleros de madera!. Un pequeño gesto de arquitectura "tradicional"!. ¡Se hubiera salvado!. Miles de voces de respectivos voceros de la historia (historiadores, arqueólogos, cultos y semicultos...) se alzarían contra un posible derribo de las "históricas piedras"... Una corta campaña y la lonja se habría salvado, si es que hubiera llegado a estar amenazada.
Pero la Lonja es un edificio racionalista y, por tanto, un edificio discreto en el paisaje urbano. Resuelto con elementales medios de expresión, con un valores de composición y proporciones más sutiles que aparatosos.
La lonja desaparecerá de la historia de esta ciudad por un puñado de votos, por una reacción de contrapeso político ante la "marcha atrás" del alcalde con el aparcamiento de Vargas, y por ser de hormigón. ¡Vaya razones!
Viejos pascueros, reyezuelos magos, meteros vuestro regalo por donde os quepa.
carbonizado

12/01/2006 8:53

Al fin hoy he podido leer el artículo de Pico, el cura del Barrio Pesquero, sobre el derribo de la lonja del barrio. Muy bien. Santa y sensatamente cabreado. Sin embargo su cabreo está más del lado de sentirse engañado, que del lado del fondo del asunto. Mal está engañar a una persona como Pico, aprovecharse de él, pero lo preocupante es que se actúa por un puñado de votos. Por un puñado de votos se derriba la lonja, con la consideración de que algunos vecinos de la zona dicen que estorba para el paseo. Los resultados electorales de la zona deben ser tan ajustados que quien gane esas mesas gana algún diputado o concejal, y ahí está la cuestión. Por un puñado de votos. Un puñado de votos muy importante. Y si hay que tirar la lonja, se tira. Eso hoy. Mañana, por un puñado de votos así, si hay que hacer otra barbaridad, se hace.
Perversión política.
analista

18/01/2006 9:07

Durante dos días Peridis ha publicado sendas tribunas de opinión a favor de la lonja condenada al derribo por el Gobierno Regional. Ahora, distinto de cuando la polémica de San Martín-La Unión, veo los toros desde el burladero (no la barrera), pues estoy en disposición de saltar al ruedo, aunque no lo haré. Peridis es un comunicador, ilustrador, historiador (contador de historias) muy bueno y de gran influencia popular. Además, es arquitecto, amigo y compañero de promoción y motor del rescate del románico del norte de España.
Fernando, en el estudio, insiste en descalificarlo una y otra vez diciendo que solo le mueve la posibilidad de sacar adelante su proyecto de rehabilitación para la lonja. Peridis invoca al Presidente Revilla, a la anchoa, a los marineros muertos, a la Biblia y a quien haga falta.
Las ilustraciones de los dos artículos son fotos de maquetas del proyecto de Peridis, lo que parece que vienen a dar la razón a Fernando. ¿Qué pinta allí un auditorio, sobre todo tal formal?
Se prevé una lucha de interés. No se apostar por nadie. Los caminos de la política son inescrutables.

lonjero
  
23/01/2006 8:22

Estos días han continuado las polémicas ciudadanas Moneo si, Moneo no, Lonja sí y no. Ni el derribo de la lonja es la solución para el barrio Castilla-La Hermida, ni el Moneo va a hacer mejor al Gobierno. La arquitectura o su demolición tienen sus limitaciones. Son el escenario, los decorados del teatro, pero lo importante sigue siendo el texto, el argumento de la vida.
vital


27/01/2006 9:50

El derribo de la Lonja ha producido una literatura en los periódicos muy variopinta: Desde los cerebrales artículos de Mediavilla a favor del derribo, pasando por los muy dolidos de Alberto Pico o los muy barrocos de Peridis. Todo ello ha estado entreverado por cartas al director en uno u otro sentido.  De todas ellas, me parece que esta  es una joya del despropósito acerca del proceso de la toma de decisiones en este tipo de asuntos. (Naturalmente publicada en DM de ayer)

Señor director:
Por fin a los que vivimos en un barrio obrero se nos hace caso. Este año 2006 parece que los políticos se han dado cuenta de las necesidades y de las carencias de Castilla-Hermida y han decidido hacernos caso a aquellos que vivimos en este barrio y que soportamos las deficiencias e inconvenientes de ser la entrada y salida de Santander para todo.
Yo quiero ver el mar, quiero pasear por nuestro paseo marítimo, reclamo ese derecho que parece nos niegan los que no viven aquí y pueden disfrutar de paseos marítimos allí donde viven o allí donde pueden ir en función de su capacidad económica.
Me opongo a que otros, los que no viven aquí, conviertan este barrio en una especie de espacio intocable de edificios supuestamente singulares cuando los que vivimos aquí carecemos de zonas de esparcimiento, de paseo, de ocio , donde nuestros hijos puedan respirar y correr. No entiendo a los talibanes que niegan a los demás los espacios que ellos disfrutan.
Afortunadamente se tira la lonja. Nos han dado la razón y los vecinos de Castilla-Hermida podremos empezar a disfrutar de la calidad de vida que tienen en otros lugares de Santander. Por tanto, gracias a quienes nos han comunicado tan buena noticia que son, además, quienes lo hacen posible.

DNI: 13.651.000


Cualquiera que lea esta carta, y no conozca Santander, es claro que creerá que tiene razón. Además eso de vivir en un barrio obrero le da a sus argumentos un punto social de difícil rebate. Por si acaso, el que vive en el barrio obrero califica de "talibanes" a los que está a favor de mantener la lonja.
Gracias a que la ciudad pierda este edificio histórico los pobres vecinos del barrio van a poder ver el mar y disfrutar de un paseo marítimo "como tienen en otros lugares de Santander".
Terrible doctrina.
vivalalonja

29/01/2006 9:13


 
Siguen las cartas a favor de la Lonja. Hoy José Luis Casado, como no, desde una posición superior. Dando lecciones a diestro y siniestro y dejando claro su participación en la salvación de algunos edificios.
Hace días apareció esta ilustración del interior: A la grandeza del espacio le falta el ornamento. La lonja se habría salvado con un poco de ornamento. Unas piedras, unas molduras, unas maderas o escayolas. Algo. Pero esta desnudez, aquella que cantaba con pasión Juan Ramón Jiménez, solo la debemos de apreciar los obsesos de la arquitectura...
estodelalonjanoseacabanunca

06/02/2006 7:59

Siguen clamando en el periódico por la conservación de la Lonja. Gorka Pérez de la Peña Oleaga se llama el opinante-historiador que concluye, con razón, que lo único valioso de todo el barrio es la Lonja y que con su derribo el barrio se empobrecerá.
Ahí queda el alzado como recuerdo.
dalequedale

09/02/2006 8:35

La lonja sigue generando "ríos de tinta". Esta manida metáfora tiene ahora un sentido vacío con los periódicos en Internet. Los periódicos ya no usan tanta tinta, así que habría que decir que la lonja  genera "ríos de píxeles". Claro que la manida metáfora de la tinta tiene su sostén en el paralelismo entre dos fluidos: el agua de los ríos y la tinta de imprimir. Pero no existe paralelismo entre ríos y píxeles ya que uno es un fluido y otro son puntitos. Propongo una nueva metáfora para este abuso de noticias sobre un acontecimiento que se publica en un diario de Internet: Genera  "firmamentos de píxeles". Aquí si que hay paralelismo entre los puntitos de estrellas en el firmamento y los píxeles de la pantalla del ordenador y además el plural de firmamentos, mas aún que en el caso de los ríos, produce una magnificación casi inabarcable. Lo que menos me gusta es que es un poco largo y pierde rotundidad.
¿A qué viene esto?. Debe ser un vacío mental. Transitorio, espero.
vacio

18/02/2006 9:17

Ayer terció en la polémica de la Lonja, Miguel Ángel García Guinea. Me sorprendió que terciara, antes de empezar a leer, porque no es su estilo. Su estilo arquitectónico. ¿Guinea defendiendo un edificio racionalista?. La lectura me condujo a lo esperado: No, Guinea no defendía el edificio. Su argumento (ahora queda mejor decir discurso), es que si la defensa la han llevado a cabo Pico, Peridis, Casado Soto y González Riancho,  deben tener razón porque son gente culta e ilustrada. Él, mientras tanto, arremete contra la destrucción de las iglesias románicas para construir góticas y de estas para hacerlas renacentistas. Es lo suyo. Argumentos de autoridad, perdón, de antigüedad.
Yo sigo pensando que si la Lonja hubiera tenido un trozo de fachada de piedra, algún alero de madera, que sé yo, todos habrían planteado su conservación. Guinea habría pasado a la actividad y todos habrían actuado con más convencimiento. ¡Pobre lonja de hormigón!. Material indigno que se vincula a la atroz especulación y a las edificaciones monstruosas.
De todas maneras, al fin, un edificio racionalista conmueve, por unas u otras razones, especialmente a esas fuerzas bienpensantes y conservadoras de la ciudad, que a partir de ahora pueden valorar el patrimonio arquitectónico más reciente y no solo las piedras medievales o regionalistas. Su desaparición no será en vano.
Amén.
lonjero

20/02/2006 8:58

La lonja interminable. Hoy, Juan José Arenas se despacha con su artículo en contra de la lonja. La verdad es que Arenas podría estar callado. Su posición está condicionada por ser el autor de la nueva lonja y yo creo que su opinión está mediatizada por esa circunstancia. La libertad de opinión, tan invocada estos días, le permite, naturalmente, dar la suya, pero desde una posición levemente inmoral. Su ataque al edificio  se hace desde  la objeción de no ser expresivo de su uso: "las paredes de la vieja lonja no manifiestan su función".
Además, compara la vieja lonja con el Marítimo, el Siboney, el Ateneo o las desaparecidas escuelas de Peña Herbosa (aquí se equivoca adjudicándolas a Lastra cuando en realidad eran de Riancho), de los que dice que  tienen "en su finura de líneas vibraciones de la escuela de Gropius". Más aún: la compara, negativamente, con la sala de maquinas de la central eléctrica de Peter Behrens o la fábrica  Fagus de Gropius. ¡Pobre Lonja, no da la talla!.
¡Claro que no es un edificio de ese nivel!. Tampoco esta Ciudad ha dado nunca edificios de ese nivel en otras corrientes arquitectónicas.
La Lonja vieja es un filtro entre el muelle y la calle. Entre los barcos pesqueros y los camiones de reparto. En su interior se comercia. Por un lado entran peces y por el otro sale pescado. La lonja tiene una forma perfectamente funcional. Está resuelta con simplicidad de líneas y elementariedad de medios. Los testeros, y en especial el del este, tiene una composición elegante que rompe la simetría de la sección con un cuerpo de esquina más elevado y grandes paños ciegos...
Me doy cuenta de que me alargo estúpidamente: ¿qué voy a contar que no se sepa?.
Se acabó.
viejolonjero

26/02/2006 9:16

Volver de Roma es como haber tenido un sueño.
Un sueño imperial y barroco. Motociclista y cutre. Caótico y majestuoso.
Ya a aquí, la cruda realidad te zarandea sin contemplaciones para que despiertes del sueño:
La Lonja cae demolida.


El resto es silencio.
romano

10/03/2006 7:56

El Diario Montañés sigue publicando cartas relativas a la lonja demolida. Ahora escriben los que eran partidarios del derribo y viene a decir que si los defensores iban en serio y cosas por el estilo. Incluso dicen que el derribo anuncia la primavera del barrio.
¡Pobre barrio Marqués de la Hermida!. Primero, porque al parecer han estado toda su vida jodidos, estrangulados, estorbados, impedidos en su crecimiento y desahogo, por un edificio racionalista de mierda. Segundo porque cada vez que han opinado sobre la necesaria demolición han mostrado unas carencias culturales y de sensibilidad admirables. Tercero, porque, inocentes, se creen que son sus argumentos los que han vencido. Cuarto, porque no son sus argumentos, ni siquiera ellos mismos los vencederos, sino la ley electoral que da en sus mesas una pugna decisiva en las municipales y regionales. Quinto, porque el barrio se ha empobrecido en algo irrecuperable.
Pobres vecinos de Marqués de la Hermida. Pobres ciudadanos, ahora mas maltratados que nunca.
marquésdelahermida

14/03/2006 9:52

Tomas López escribe hoy nuevamente un largo artículo sobre la desaparecida lonja. Está bien, aunque considera que faltó debate, que la autoridad decidió el derribo sin oír a todos, y yo no lo creo. Ese razonamiento podría exculpar a la autoridad o solo hacerla responsable de no debatir y no es así. Debate ha existido y los citados "ríos de tinta" o "universos de píxeles" lo confirman. El problema no ha sido la falta de debate, el problema es que la autoridad ha oído todo lo que tenía que oír y ha decidido, contra la razón, la historia, la cultura y la inteligencia, ha decidido, lo que más le convenía para la obtención-conservación del poder.
El fin justifica los medios. Al menos en el caso de la lonja. ¿Vendrá algún caso más a sumarse?.
esterrible

19/03/2006 8:57

Nuevos llantos por la Lonja. Hoy Orestes Cendreros  lamenta que no se haya atendido a los que saben (como José Luis Casado y otros), y el escaso beneficio paisajístico que reporta el derribo. Concluye que una vez más, como en el caso del Teatro Pereda y otros edificios, Santander pierde parte de su patrimonio.
Ya he dicho mi opinión sobre el asunto y su turbio manejo político: Esto ha sido posible gracias a la posición fundamentalista de los conservadores de patrimonio de esta ciudad y de casi todas: Nunca en su historia estuvo Santander tan concienciada para conservar su patrimonio como ahora. Nunca hasta ahora hubo tantas y tan numerosas asociaciones públicas para la defensa del patrimonio. Nunca en su historia se protegieron tal cantidad de edificios de la ciudad como ahora, incluso en algunos casos, con valor bien dudoso... Entonces, ¿por qué se consigue derribar la Lonja?. Pues porque todas esas conciencias, asociaciones y eruditos conservacionistas tienen el tiempo parado en los finales del XIX. De ahí en adelante no hay arquitectura: ya aparece el hormigón, el vidrio y los aceros y los arquitectos olvidan la piedra, la madera, la forja, las molduras, empiezan a hablar del espacio y la luz y se echan a perder. Hay quien dice, personas ilustradas (?), que la arquitectura muere con Le Corbusier. Durante años se ha educado a la gente en la admiración por la piedra esculpida, la madera tallada, las molduras labradas. La modernidad no tenía valor. Y ha llegado el momento en que, esos intelectuales anclados en los valores del XIX,  han evolucionado algo (han sido necesario más de cincuenta años) para que entrevieran los valores de la arquitectura racionalista y, entonces hicieran llamamientos a su conservación, en este caso la Lonja. Pero, ¿a quién dirigían la defensa?. ¿A quién querían hacer ver los valores arquitectónicos de la Lonja?. Pues a una población a la que siempre habían dicho lo peligroso que era el hormigón, el cemento y el acero. Y esa población, aleccionada durante años, o generaciones, en que la única arquitectura de consideración era la de piedraesculpida, maderatallada y molduraslabradas, no concedía crédito a "unos intelectuales veraneantes que no sabían los que necesita el barrio". ¡Venir ahora a decirnos que un edificio de hormigón tiene valor patrimonial!.
Y la población, mayoritariamente, no escuchó a aquellos que, hoy decían que el hormigón podía hacer cosas valiosas.
Los políticos, siempre atentos, hicieron el resto.
Se acabaron los cantos por la Lonja.
A ver si nuestros intelectuales sensibilizan a la población hacia los valores de una arquitectura que ellos empiezan a descubrir ahora y no juegan a descalificar la arquitectura actual con términos a los que dan sentido peyorativo:
Hormigón = especulación, brutalidad, comisiones.
Acero = exceso de alturas, frialdad, corrosión
Vidrio = Brillos, reflejos, estridencias
La lonja, con la conciencia creada en la población, se hubiera salvado si hubiera tenido una esquina, solo una esquina, de piedra de sillería.
¡Qué pesadez!.
pesao

sábado, 27 de septiembre de 2014

PUBLICIDAD



Al caminar por las calles del centro de la ciudad es habitual que, al paso, te entreguen una octavilla de algun vidente. Es un sistema publicitario que debe tener su eficacia y que me hizo pensar en utilizarlo para mi profesión, en estos momentos tan necesitada de publicidad de cualquier tipo. Yo siempre recojo la octavilla que me ofrecen y leo con admiración tantos y tan importantes servicios que prometen...






jueves, 25 de septiembre de 2014

CATALOGO



Trabajo en la posible rehabilitación de un edificio protegido por el Plan General de Ordenación Urbana de la Ciudad. Es un "palacete " de los años veinte con un estilo arquitectónico germanófilo no demasiado agraciado. Tiene, eso sí, el sabor de esas construcciones románticas a las que se llega por un pequeño jardín con escalinatas, pilastras y pérgolas, hoy abandonado y decrépito. El edificio está medio vacío y a su cuerpo principal inicial, se fueron añadiendo otros que rompiendo la simetría, sin embargo han mejorado notablemente la composición general. Un semisótano prácticamente no visible, planta baja de casi cuatro metros de altura, planta primera y planta segunda en bajó cubierta con una gran buhardilla central coronada con un aparatoso frontón.   Fue una gran vivienda que se ha degradado hasta la casi ruina total, con interiores en algún caso hundidos y cubierta con los aleros rotos y caídos.

Forma parte de un pequeño conjuntos de tres propiedades, con origen muy parecido y composición similar. Retirados de la alineación de la calle, el jardín delantero ennoblece aquella arquitectura muy moldurada. Uno de estos chalets fue objeto de una obra de reestructuración hace años y durante la ejecución se cayó, de modo que tuvieron que reproducirlo íntegramente quedó trasformado en un conjunto de varias de viviendas. Hoy mantiene tanto la apariencia de un edificio de su época, que ha logrado engañar incluso a los redactores del PGOU. No son el único conjunto de la calle, había muchos más en todo su recorrido que han sido en algunos casos restaurados y en otros derribados para la construcción de nuevos y generalmente desacertados bloques de viviendas. Con todo, la calle conserva mucho de la época en que todos eran pequeños chalets palacetes con jardín y junto con el arbolado público de grandes plátanos, a modo de túnel vegetal, forma un conjunto muy atractivo.

El plan general tiene catalogado y protegido este edificio y sus dos colindantes en el nivel de protección estructural. Eso significa que es uno de los 175 edificios protegidos en este nivel, que tiene la ciudad. El catálogo del Plan General contiene 17 edificios monumentos declarados (Bien de Interés Cultural, en la terminología actual) y 2 Conjuntos Histórico Artísticos, impuestos por la Ley de Patrimonio y que, como es natural, el Plan General se ve obligado a recoger. Además, el Plan determina que hay 15 edificios que merecen la protección integral, 175 edificios de protección estructural y 541 edificios de protección ambiental. Total 731 edificios, aparte los monumentos declarados, lo que no está nada mal para esta ciudad. El catálogo es más identificativo que analítico y se puede decir que en muy pocos casos, a pesar de su apariencia y formato, pormenoriza en cada edificio. Las fichas de cada edificio asignan de modo general, los tipos de obras admitidos por categorías.

Todo, como es usual, tiende a la restricción y con tantas prohibiciones y cautelas se da la impresión de que la protección será efectiva. Sin embargo, me temo que en muchos casos eso no va a ser así y la protección excesiva podrá conducir a la ruina de más de un edificio.

En el caso que estudiamos se establece que sólo excepcionalmente se puede reestructurar el edificio, no se pueden hacer ampliaciones y si se quiere poner ascensor ha de hacerse, en cualquier caso, en el interior del edificio. Tampoco se puede alterar los huecos existentes ni abrir nuevos, en ninguna de sus fachadas. Se puede decir que el aspecto exterior del edificio tiene conservación integral, a pesar de estar encuadrado en un nivel inferior. Existe un contrasentido evidente entre la protección de un edificio hecho a base de añadidos y la prohibición de hacerlos o de practicar huecos en sus fachadas.

Estos grandes chalets o palacetes, con superficies construidas por encima de los quinientos metros cuadrados, no tienen mercado. Hoy no hay familias que puedan afrontar la compra y restauración de un edificio así, en ese lugar. Las personas que podrían adquirir un edificio como este para su vivienda, no se van a vivir a esa calle. Hay, por lo tanto, que facilitar la conversión de esos edificios en vivienda colectiva garantizando la conservación de lo valioso que tienen.

Y aquí está la cuestión: ¿cómo se determinan los valores de los edificios?. Pues como hacen todos los planes generales que conozco: haciendo un catálogo. Esto suena muy bien, un catálogo de edificios parece un ejercicio ilustrado, suele ser exhaustivo, pormenorizado, analítico y cuantos adjetivos elogiosos queramos añadir. Todo ello se recoge en unas fichas, numeradas siempre digitalmente, lo que aún da más sensación de profundidad en el estudio,  que suman unos buenos cientos de páginas a un documento que se suele valorar por su volumen. En las propias fichas se recogen las condiciones de una posible actuación en el inmueble, que al menos en el caso que estoy estudiando, son las mismas para todos los edificios de su categoría de protección, salvo una o dos excepciones. Por ejemplo, el edificio colindante, que como he dicho ha sido íntegramente reconstruido hace pocos años, tiene las misma limitaciones que el que estoy estudiando y, que como también he dicho, se podría decir que está en ruina, al menos en el sentido corriente de la palabra sin entrar en las disquisiciones técnico jurídicas del término. El edificio de al lado es un edificio "nuevo" sin riesgo alguno de desaparición o de alteración y que sin embargo ha merecido el mismo nivel de protección y en la correspondiente ficha incluye las mismas limitaciones de actuación, que mi ruina. ¿No es esto tan injusto como absurdo?.

Está claro que el catálogo se ha limitado a recoger los edificios por su apariencia externa y en pocos casos ha valorado las características de su propiedad, su uso actual, estado de conservación, nivel de adaptación tecnológico y otros muchos aspectos esenciales para un catálogo que, a mi manera de ver, pertenece más a la información urbanística que a la normativa.

Los catálogos así confeccionados visten al Plan General de una autoridad urbanística ciertamente engañosa, pues aportan bien poco al objetivo de protección del patrimonio que pretenden.

Los niveles de protección llamados integral, estructural y ambiental responden en general al sentido de esas palabras y así se puede decir que en el nivel integral prácticamente sólo están permitidas obras de conservación, en el estructural se admiten limitadas reformas y en el ambiental se puede llegar a la sustitución del edificio.

1. Integral
Los edificios son protegidos en su totalidad, con el fin de preservar sus características arquitectónicas, forma y cuantía de ocupación de espacio, así como todos los rasgos que contribuyen a singularizarlo como elemento integrante del patrimonio arquitectónico.
2. Estructural
Aquellos que la normativa protege en relación con las características del edificio en su presencia en el entorno, preservando los elementos arquitectónicos y estructurantes que definen su forma y su modo de articulación con el entorno.
3. Ambiental
Son los protegidos en el conjunto del ambiente urbano, evitando las actuaciones que pudieran atentar contra la trama y la calidad imperante en los ámbitos protegidos, defendiendo la armónica integración entre lo nuevo y los elementos arquitectónicos incluidos en otros niveles.

Estas "etiquetas" se colocan a los edificios de la ciudad marcando en los planos con un punto a aquellos edificios que están catalogados. "Tiene punto negro" se decía antiguamente con el Plan General anterior, e incluso con el anterior a aquel. Que a uno le cayera un punto negro era una maldición pues estaba claro que significaba limitaciones en mayor o menor medida frente a los que no tenían punto negro y en la mayoría de los casos, los propietarios, herederos de algún otrora rico y acaudalado ciudadano, maldecían a sus ancestros por haber hecho aquella casa tan bonita, que ahora merecía formar parte del patrimonio urbano común, lo que significaba mermar su propio patrimonio. ¡Ah, la herencia!

Hoy, los puntos en los planos normativos son azules, pero no dejan de ser una cierta maldición al propietario que le caen encima pues con las limitaciones impuestas en el Plan encuentra muy difícil que su patrimonio pueda valorarse adecuadamente. O al menos como el de sus vecinos que no tienen punto.

Pero, ¿el catálogo sirve para proteger el patrimonio?. Pues yo diría que tal y como está concebido, no. Es más, probablemente en muchos casos conduce a los edificios a la ruina. Este concepto de que algo se protege cuando se impide actuar en ello, o se ponen grandes dificultades, es erróneo. Probablemente para salvar algo es imprescindible actuar a fondo. Los edificios solo se salvan cuando se actúa en ellos de modo radical: primero dándoles un uso cuando lo han perdido - es preferible un mal uso que el abandono - y después, permitiendo obras tan profundas como requieran los nuevos usos y no desfiguren el edificio.

El Plan General dice que el catálogo tiene entre sus objetivos: "Definir la política urbanística de protección del patrimonio". Yo creo que debe ser al revés: como consecuencia de una determinada política urbanística de protección del patrimonio, se confecciona el catálogo. Pero sobre todo, creo que el catálogo, concebido como una acumulación de fichas individualizadas, con un texto idéntico en todas ellas, no sirve como instrumento urbanístico. Lo que hay que perseguir es salvar y proteger la imagen de la ciudad en determinados ámbitos, impedir que se desfigure con nuevas actuaciones poco integradoras y conservar la memoria urbanística ciudadana. Está claro que se trata de una política conservadora y por lo tanto, a mi juicio, debe ser restringida a auténticos valores y debe evitar caer en el inmovilismo, que conduce a la ruina. Si se quiere ser justo y en cierta medida progresista, habrá que dar cauce a la inversión pública en el proceso, lo cual nos conduce a buscar equilibrios poco menos que imposibles en la política urbana.

Pero aparte de esos complejos y apasionantes aspectos de la cuestión, está la tecnología de los catálogos. ¿No sería más lógico abordar el problema de la conservación del patrimonio a través del paisaje urbano?. El análisis de la escena urbana de la ciudad debería conducir a la elaboración de un catálogo de paisajes urbanos de valor, donde lo importante no es cada edificio y sus características, sino su conjunto en la escena urbana. Esto es lo valioso y no la acumulación de detalles historicistas que ofrece cada fachada de cada edificio. El catálogo de paisajes urbanos analizaría los valores de los mismos, regularía su posible conservación y establecería reglas para su inevitable transformación. Las propuestas de actuación en los edificios incluidos dentro de cada catálogo de paisaje urbano, deberían contener un estudio de su influencia en ese paisaje incluyendo planos y memoria justificativos. Sólo así se mantendrían los valores esenciales del paisaje y el patrimonio urbano tendría sentido.

Pero sobre todo debería estar encaminado a preservar pocos, pero importantes valores arquitectónicos y permitir, con mucha flexibilidad, la incorporación de nuevos usos, la alteración de todo lo que no forme parte del paisaje catalogado, la renovación de la estructura, la adaptación de los edificios a las cada vez más complejas y exigentes normativas técnicas y de instalaciones y la, en fin, "modernización" del interior del edificio.

Sólo así se conservará finalmente el patrimonio y tendrá sentido la documentación que lo pretenda.