miércoles, 26 de junio de 2013

DIARIO 2003.16



DIARIO 2003.16
 
miércoles, 18 de junio de 2003 6:46


Dice Julio Palacios, que es aquel físico prestigioso y no el de la juguetería de Juan de Herrera, dice Julio Palacios que el único camino para la construcción del mundo físico es la meditación Lo dice muy bien, incluso citando varias veces a Zubiri, lo que en el año 47 tiene su mérito.
La meditación es el único camino para cualquier cosa y verdaderamente hay que reconocer que se utiliza poco y se sustituye a menudo por el impulso, el antojo, la envidia, la imitación, la comodidad… Meditar es trabajar y siempre resulta más cómodo resolver las cosas sin hacerlo.
En arquitectura, física dice Palacios, se medita poco en general lo que conduce a resultados ramplones en el mejor de los casos. Y en otros se pasan en la meditación y entonces los resultados llegan a ser monstruosos.
Meditar.
meditabundo

jueves, 9 de junio de 2003 7:07
El estudio hiede. Como la conjura político constructora de Madrid .
Creo que tenemos la mierda bajo los pies y nunca mejor dicho. Los negocios inmobiliarios, ¿explican toda la corrupción?, ¿hay corrupción en otras actividades?.
¿Corrupción es simplemente ganar mucho dinero?. El que revende su piso, ganando muchos millones sin esfuerzo, ¿corrompe o es corrupto?. Los editores de libros de texto, los laboratorios de farmacia, los futboleros, ¿son corruptos?.
A lo mejor el estudio no huele mal por el alcantarillado sino por el ambiente.
inmerso

viernes, 20 de junio de 2003 6:53
Víspera de mi santo Ayer vino la monja del Monasterio de los Prados a traer las tradicionales rosquillas y la tarjeta de Sor Ana, la superiora, con la felicitación.
Cuando la digo que me gusta más su recuerdo que las rosquillas, que ya es decir, me dice que cómo no se van a recordar de mi, que lo hacen todos los días y que soy uno de los benefactores. Supongo que una monja no miente, pero eso de ser benefactor de un monasterio del cister me suena como algo impropio de estos tiempos. De todas maneras confieso que me gusta. Benefactor, sin ser un experto en filología ni etimología, debe ser alguien que beneficia, que hace las cosas bien. No está mal, no está mal, que al menos las monjas, tengan ese concepto de uno.
benefactor

sábado, 21 de junio de 2003 8:16
San Luis Gonzaga, mi santo patrón. Día radiante y caluroso de los que hacen sudar hasta a mi mujer. Hace tanto calor que lo mejor será no salir de casa.
La arquitectura se protege del calor con mucha tecnología y eso es un error Los aparatos de aire acondicionado deberían usarse nada más que en situaciones extremas. Los recursos formales arquitectónicos tendrían que ser suficientes para protegerse de calor en estas latitudes.
Calor, mucho calor
caliente

jueves, 26 de junio de 2003 7:46
Todo el edificio, la escalera principalmente, huele a mierda
¿Tiene la culpa la tormenta?
N., el insigne N. publica hoy una tribuna libre (?) en el Diario, el insigne Diario Montañés comienzo de la campaña contra el PERI de la calle La Unión Lo esperable de semejante campaña es que deformen la realidad, utilicen datos falsos y generen más alarma y escándalo. No voy a defender que se deba construir en la calle La Unión.
i Ojalá se construyera muy poco!.
Ya está aquí el montaje.
enelojodelhuracan

viernes, 27 de junio de 2003 16:04
Llego al estudio a las nueve y me encuentro extraño. Ayer cena con los funcionarios municipales, ex compañeros con los que conservo lazos de fraternidad. Ellos tienen en sus manos una parte de la arquitectura y gran parte del urbanismo que se hace en la ciudad y son responsables de ello. O irresponsables.
Vete a saber.
Ya contaré algo más.
casifuncionario

sábado, 28 de junio de 2003 8:10
Se completó la semana. Muchas emociones y poca arquitectura.
Á. Pico me ha perseguido toda la semana para que le hiciera un informe acerca de las humedades de sus pisos. En el peor momento. Servidumbres de ser arquitecto.
Informes periciales. No sirvo yo para esto. Ni se, ni me gusta. ¿Por qué lo hago?.
Misterios de la profesión.
Otros hay que ya contaré.
noesperto

domingo, 29 de junio de 2003 8:27
Las tripas vuelven a su ser. No sé muy bien por que estuvieron ayer tan revueltas.
La semana y sus acontecimientos debió de tener la culpa. Aunque creo que Pico y su informe también colaboran.
No sé hacer informes. Me cuesta mucho. Tardo. Lo hago mal. Sufro. Y. por fin, se me revuelven las tripas. Pero en este caso el efecto Pico no ha llegado todavía, así que lo pasado no se le puede achacar a él.
Veremos hoy.
tripudo

martes, 01 de julio de 2003 6:57
Julio si es verano. Calor y playa. Los que puedan.
¿Hay arquitectura de verano y arquitectura de invierno?. Los toldos, la persianas, las celosías móviles y orientables, los arboles bien dispuestos, los emparrados, las fuentes de agua ... Hay muchos recursos para trasformar la arquitectura de invierno a verano. Se usan poco y se tira de la energía con aparatos de aire acondicionado a diestro y siniestro.
Algo habría que hacer.
mepongodeverano

miércoles, 02 de julio de 2003 6:55
Ayer he empezado a redactar el informe de las posibles actuaciones en el Hotel Sardinero. Quizá es el principio de un tormentoso proyecto de años de duración, calculo no menos de cuatro (eso sin contar el tiempo que lleva Victor con los croquis), con una nueva relación con la familia Álvarez.
Arquitectura de largo plazo. Y arquitectura de riesgo.
Vamos a ello.
allávoy

lunes, 24 de junio de 2013

JAVIER CARVAJAL



JAVIER CARVAJAL


Javier Carvajal fue mi primer profesor de Proyectos en la Escuela de Arquitectura. En realidad no es exacto, pues él era el encargado de la asignatura Proyectos II que se daba en el segundo curso de carrera (después de dos o tres años en la escuela). En primero había la asignatura de Proyectos I, que daban Domínguez y otros malos compañeros de Gutiérrez Soto. Los alumnos sabíamos, incluso antes de entrar en la escuela, que tendríamos que esperar esos dos o tres años para que, al llegar a segundo, alguien que se llamaba Javier Carvajal, nos hablara de arquitectura y proyectos. Lo de antes era inservible, sin interés. Lo comprobé curso tras curso. Hice "la hornacina", primer ejercicio de proyectos que desde tiempos remotos se hacía en la Escuela. Consistía en diseñar una hornacina clásica en el muro de contención de un imaginario jardín. Resuelto el proyecto, en el que había que demostrar tus conocimientos de los órdenes clásicos y el manejo de técnicas de representación como la aguada y la acuarela, los siguiente ejercicios de primero ya eran más "normales": una caseta de control de entrada de una instalación industrial y cosas así.

Nadie, como en el resto de las asignaturas prácticas, nos enseño cómo hacer las cosas, cómo afrontar el problema (de la hornacina, de la caseta o de lo que fuera). Los profesores se limitaban a poner el tema y, una vez entregado, a corregirlo, generalmente, sin piedad y desde luego sin ningún argumento. Dibujo Técnico, Análisis de Formas I, Análisis de Formas II, Proyectos I, eran asignaturas en que no te enseñaban nada, simplemente te corregían. Lo que se aprendía se aprendía de los demás compañeros en las larguísimas convivencias de clases que duraban cuatro o más horas. En aquel ambiente se hablaba de que al llegar a segundo había un profesor llamado Carvajal que, ese sí, te enseñaba cosas. Para los alumnos de aquellos primeros años Carvajal era como la tierra de promisión, creaba expectación y ganas de llegar a ese curso maravilloso donde se hablaba de arquitectura y se hacía siempre un viaje a Barcelona que era lo más exótico que se podía permitir en aquel momento. Barcelona era, vista desde la escuela, como un centro de modernidad y progreso. Cosmopolita.

Llego el momento. Debió de ser a mediados de octubre de 1964 cuando tuvimos la primera clase de proyectos del curso, la primera clase de proyectos en la escuela. El aula estaba absolutamente abarrotada. Toda la promoción, como unos ciento cincuenta, estábamos allí. Al fin podríamos ver en qué consistía aquel fenómeno llamado Carvajal. Era un tipo alto delgado, siempre trajeado, con cara de listo y vivo, de hablar fácil y fluido, que yo recuerde, sin muletillas. Debió de explicar los grupos de clase y presentar a sus "auxiliares" y, después, comenzó a hablar:

"- La arquitectura es construir para el hombre en determinadas circunstancias de espacio y tiempo" ...

Esta definición, que le oí a Carvajal repetir en varias ocasiones, le servía para desgranar las consecuencias de cada una de las palabras: construir, hombre, espacio y tiempo. De este modo Carvajal con una soltura admirable, encandiló a toda la clase. A medida que hablaba ponía ejemplos o contaba algún chascarrillo. Descubrí que lo que había oído años atrás era verdad: por fin empezábamos a saber de que trataba la arquitectura.

El "auxiliar" que me tocó fue nada menos que Juan Daniel  Fullaondo. Todo un lujo. Un curso perfecto,  que desgraciadamente no se volvió a repetir en los tres años siguientes de la carrera. Así, qué allí aprendí lo poco que sé.

Carvajal era encargado de curso y se presentó a las oposiciones para catedrático en aquel año. Creo recordar que salían dos plazas una para Madrid y otra para Pamplona. Una parte de los ejercicios eran públicos y fui a ver como las pasaba mi maestro ante un tribunal. Entre los opositores estaba, por ejemplo, Antonio Fernández Alba que, si no recuerdo mal, ya lo había intentado en convocatorias anteriores sin conseguirlo y que era otro "auxiliar" de lujo de Carvajal. La lectura de los ejercicios de uno y otro fueron espectaculares. Fernández Alba denso, oscuro y un punto melancólico en la exposición de su tema. Carvajal rápido, concreto y vivaz. La prueba recuerdo que consistía en leer al tribunal y ante el público, un ejercicio escrito realizado el día anterior. Estoy convencido que Carvajal corrigió sobre la marcha algunas cosas de su escrito sin que nadie lo notara. Era perfectamente capaz de eso. Carvajal sacó la plaza de Madrid y fue uno de los catedráticos jóvenes: 39 años (no 29 como se ha dicho estos días). Antonio Fernández Alba no sacó plaza y salió deprimido de la prueba. Se consideraba con más mérito que sus oponentes.

El curso se desarrolló mal. Carvajal se irritó (era fácil que cayera en eso) porque no se apuntó demasiada gente al viaje a Barcelona. Suspendió el viaje y debió de ser la primera vez que no se hizo. Una pena. Mi contacto diario era con Fullaondo, pero de vez en cuando Carvajal corregía en las mesas y a veces en el estrado. Sin piedad. Pero siempre con razones. Todos los que quisimos aprender, aprendimos mucho.

Pocos años después, Carvajal era, además, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid. Se pensaba que quería hacer carrera política. A principios de los 70 los colegios profesionales eran de los pocos cauces en que se podía hacer política (?). Carvajal había llegado a ser decano en unas elecciones ordinarias del colegio y empezaba a dar muestras de "inmovilismo" y de cierto radicalismo, al que había evolucionado desde posiciones dialogantes. Probablemente, por alguna razón para mi desconocida, no evolucionó hacia posiciones más liberales con la misma rapidez con que se producían los acontecimientos en aquellos años y con lo que cabía esperar de su personalidad.

En el año 1974 se renovaba la mitad de junta del colegio de arquitectos de Madrid. Me llamaron para formar parte de una candidatura "joven" que debía remover a Carvajal (el puesto de decano era de los que no se renovaban aquel año), desde la propia Junta. La candidatura "joven" estaba bien trufada de miembros del PC y otros "compañeros de viaje" entre los que me encontraba. Yo iba como Vocal de Provincias, de los que había dos en la junta, para representar a los colegiados de Madrid que vivíamos y trabajábamos fuera de la capital. Ganamos las elecciones y eso significó publicidad. En aquellos años cualquier joven era sospechoso y si encima lo joven era una candidatura que accedía a un colegio profesional, la sospecha era fundada. Salimos en periódicos y revistas progresistas de la época.

A Carvajal no le sentó nada bien aquello . Hasta entonces había hecho lo que quería en la Junta, pero ahora se encontraba con que la mitad éramos oposición. Lo paso mal y tuvo que dimitir. Claro que antes había dado muestra de su carácter, haciendo que todos los miembros de la candidatura ganadora juráramos el cargo y los Principios Fundamentales del Movimiento, en un reclinatorio con Biblia y crucifijo delante. Era la primera vez que se hacía así pues en los años finales del franquismo, esa jura formal solo la hacían los ministros y altos cargos. Esa ceremonia era absurda y gratuita para unos cargos electos profesionales. Por el reclinatorio pasaron entre otros Ricardo Aroca, Eduardo Leira, Dionisio Hernández Gil, Andrés Perea, Mariano Bayón y, claro está, yo.

Conseguimos el objetivo y Carvajal tuvo que dimitir. Después de su dimisión como decano Carvajal no tuvo más contacto con la "política".

A pesar de esa época en la que estuvimos enfrente, para mí siempre será mi primer maestro, la primera persona que me habló de Arquitectura.

(Y además me puso notable, cosa nada fácil con él)