Diversidad
Me gusta el paseo de Menéndez Pelayo. Me parece la calle más hermosa de Santander, dejando a un lado el Paseo de Pereda, Castelar y Reina Victoria que son unos hermosos bordes de la ciudad, pero no son calles en el sentido común de la palabra, es decir un vial edificado a ambos lados. Menéndez Pelayo es una calle de unos seiscientos metros de largo, con pendiente uniforme que se baja con comodidad y se sube con facilidad. Recorre una ladera orientada al sur, lo que favorece el abrigo del norte y el soleamiento. Comienza desdibujada entre las calles Valliciergo y Sol y termina de modo rotundo en la atractiva plaza de Miranda. Por el camino una gran parte de trazado es elegantemente curvo para continuar en una gran recta a modo de rampa de lanzamiento hacia la cumbre de Miranda. Las parcelas privadas, muy bien ajardinadas y mantenidas, en prácticamente todo su recorrido, tienen hermosos arboles como castaños, magnolias, tejos, palmeras, mimosas.. , modestos avellanos y ordenados bambúes. Hace tiempo que desapareció un precioso sauce llorón que el Banco de Santander trató con mimo y esmero en sus últimos días y que componía una imagen romántica con el edificio de El Solaruco. Las fincas también tienen buenos cierres que van desde los discretos revocos pintados, hasta los muy nobles de piedra labrada. La forja de los cierres es también variada y de buen nivel con algunas trazas de sabor modernista muy interesantes que hablan de unos artesanos ilustrados hoy desaparecidos. En algunos casos, arbolado, cierres y forja se aúnan con resultados hermosos, como una preciosa glicinia que es espectacular cuando florece en primavera. Los edificios son variados de edad y calidad. A mi parecer solo algún edificio es reprobable, aunque eso sí, muchos podrían haber sido mejores. Hay notables ejemplos de buena arquitectura, destacando El Solaruco propiedad del Banco de Santander, obra de Leonardo Rucabado, algún edificio de Riancho con una correcta rehabilitación y más recientes obras de Lastra, Cabrillo o Pedraz de lenguaje muy actual.
Me gusta el paseo de Menéndez Pelayo. Me parece la calle más hermosa de Santander, dejando a un lado el Paseo de Pereda, Castelar y Reina Victoria que son unos hermosos bordes de la ciudad, pero no son calles en el sentido común de la palabra, es decir un vial edificado a ambos lados. Menéndez Pelayo es una calle de unos seiscientos metros de largo, con pendiente uniforme que se baja con comodidad y se sube con facilidad. Recorre una ladera orientada al sur, lo que favorece el abrigo del norte y el soleamiento. Comienza desdibujada entre las calles Valliciergo y Sol y termina de modo rotundo en la atractiva plaza de Miranda. Por el camino una gran parte de trazado es elegantemente curvo para continuar en una gran recta a modo de rampa de lanzamiento hacia la cumbre de Miranda. Las parcelas privadas, muy bien ajardinadas y mantenidas, en prácticamente todo su recorrido, tienen hermosos arboles como castaños, magnolias, tejos, palmeras, mimosas.. , modestos avellanos y ordenados bambúes. Hace tiempo que desapareció un precioso sauce llorón que el Banco de Santander trató con mimo y esmero en sus últimos días y que componía una imagen romántica con el edificio de El Solaruco. Las fincas también tienen buenos cierres que van desde los discretos revocos pintados, hasta los muy nobles de piedra labrada. La forja de los cierres es también variada y de buen nivel con algunas trazas de sabor modernista muy interesantes que hablan de unos artesanos ilustrados hoy desaparecidos. En algunos casos, arbolado, cierres y forja se aúnan con resultados hermosos, como una preciosa glicinia que es espectacular cuando florece en primavera. Los edificios son variados de edad y calidad. A mi parecer solo algún edificio es reprobable, aunque eso sí, muchos podrían haber sido mejores. Hay notables ejemplos de buena arquitectura, destacando El Solaruco propiedad del Banco de Santander, obra de Leonardo Rucabado, algún edificio de Riancho con una correcta rehabilitación y más recientes obras de Lastra, Cabrillo o Pedraz de lenguaje muy actual.
La calle soporta bastante trafico con doble sentido, una línea de autobús y, además, está permitido el aparcamiento a ambos lados. Todo ello la da vitalidad. Las aceras no son de anchura uniforme, pero si lo suficientemente amplias como para cruzarse dos parejas en cada sentido, que debería ser la medida mínima de una acera.
Pero lo más singular de la calle es su arbolado público: una hilera de plátanos de sombra a cada lado, colocados cada seis metros y al tres bolillo entre las dos aceras. La acertada poda de estos dóciles arboles, ha formado un perfecto túnel de ramas y hojas de unos ocho metros de altura libre y más de diecisiete en la parte más alta de las copas. Además, la poda permite que unas ramas a menor altura cubran las aceras formando como naves laterales de una imaginaria basílica. De esta manera, pasear, o simplemente pasar, por las aceras resulta muy agradable tanto en invierno, cuando los plátanos no tiene hojas o han sido podados, como en verano bajo su sombra. Pero también recorrer la calle en coche es muy atractivo con una variada y tamizada iluminación natural que atraviesa el follaje de los árboles y que permite disfrutar de la bóveda vegetal desde su parte central.
Es también singular que la mayor parte de la calle no tenga cruces de tráfico, lo que a veces la hace peligrosa por el exceso de velocidad de algunos coches, pero que para el peatón es una bendición al poder caminar sin tener que detenerse a menudo para dejar pasar a su majestad el coche, como sucede en la mayoría de los casos. La calle tiene varias conexiones peatonales trasversales con duras escaleras que merecerían un mejor trato municipal. Se podrían valorar otros aspectos materiales, desde las tipologías edificatorias a los variados modelos de carpinterías de puertas, pero es suficiente con lo dicho. En resumen Menéndez Pelayo es una calle hermosa, ejemplar desde punto de vista arquitectónico y de paisaje urbano, en la que el paso de los años, a pesar de algunas pérdidas irreparables, la ha hecho mejorar como conjunto y es, en definitiva, un patrimonio de la ciudad al que han aportado riqueza varias generaciones.
Pero me gustaría destacar su, a mi parecer, mayor valor urbanístico; porque ese atractivo que tiene la calle reside también en su singularidad urbanística. Por lo pronto es una de las calles de mayor diversidad formal de la ciudad: Los edificios no guardan alineaciones fijas en todo su recorrido. Unos están en el borde mismo del vial y otros se retranquean. Estos retranqueos varían a su vez desde pocos metros hasta decenas. Los edificios no tienen la misma altura y varían de dos a nueve plantas. En algunos casos son edificios aislados y en otros tienen medianeras con los vecinos. Estas medianeras a veces quedan al descubierto y otras veces están recubiertas de teja o de zinc. Unas partes de la calle, la de la parte inferior y un tramo medio, son de edificación intensiva, es decir ocupan toda la parcela mientras que en otras partes, la edificación deja libre buena parte de la parcela con los ya comentados ajardinamientos. A lo largo de la calle hay edificios exclusivamente residenciales, colegios, guarderías, residencias de mayores y de curas y monjas, centros médicos, hoteles, restaurantes,.... casi todos en parcelas independientes. Además de tiendas de alimentación, floristería, sucursal bancaria, bares, etc, en las plantas bajas de algunos edificios. En resumen es una calle de gran diversidad en la que la uniformidad la da el arbolado publico que forma el conocido "túnel".
No quiero entrar en la historia de la calle que está documentada en numerosas publicaciones. El asunto que me planteo es ¿Cómo es posible que este modelo, que a mi me parece atractivo, no se haya extendido por la ciudad?. ¿Ni siquiera en un caso?. Pues no, no hay nada que se le parezca. Santander tiene unas cuantas laderas como para haberlo intentado. No existe nada parecido y dejando aparte que no haya habido ni siquiera intención de seguir ese modelo, lo cierto es que de habérselo propuesto, no se hubiera podido hacer. ¿Qué sucede para que no sea posible seguir esos modelos, con las debidas adaptaciones y mejoras?. Me parece que el urbanismo moderno no busca estas situaciones. Obsesionado por los aprovechamientos y su reparto igualitario ha sacrificado el mejor valor de la ciudad, la diversidad, en aras de una supuesta equidistribucion, que aunque algo ha mejorado sobre la lotería urbanística que significaba el planeamiento del pasado siglo, en la práctica solo ha favorecido a los grandes propietarios de terrenos. Los resultados son los que podemos ver en las zonas de crecimiento de nuestras ciudades: barrios monótonos hasta el aburrimiento, segregación de usos, aquí residencial, allí comercial, allí deportivo, allí tecnológico... Cada uno un ghetto. Todo bien segregado, pues así resulta más fácil planear para aquello de la equidistribución.
¿Se imaginan, alguien que sepa de urbanismo, lo que sería gestionar un vial de nueva planta como el Paseo de Menéndez Pelayo?. Difícil misión, pero no imposible.
Mientras, los planeamientos nos seguirán ofreciendo monótonas calles con grandes edificios de la misma altura, en la misma alineación y del mismo uso, como si esa uniformidad fuera un valor. Y, justo al revés que en Menéndez Pelayo, la variedad se confiará, como mucho, al arbolado público, cuando lo haya, con alternancia de especies en función de las ofertas de viveristas.
La diversidad es la esencia de la ciudad, es la que ofrece oportunidades de encuentros, de negocios, de conocimiento, de mercado. De intercambio, en definitiva. Las ciudades que estamos creando con barrios residenciales de baja densidad y de uso exclusivo, alejados del centro, solo intercambian tráfico de coches, que es el peor intercambio para la ciudad, el que genera más problemas, consume más tiempo, cuesta más dinero, y contamina más.
El caso más reciente de contradictoria monotonía lo tenemos en el Parque Científico y Tecnológico (un ghetto como otro cualquiera, pero eso sí, muy moderno), en el que la singularidad de la arquitectura de los edificios pugna por destacar en una ordenación que los hace alinearse como si de una barriada se tratara.
Probablemente habrá que cambiar desde la ley, hasta la forma de hacer y gestionar el planeamiento para que nuestras ciudades sigan siéndolo y no termine todo en el aburrimiento más caro que podamos darnos.

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