El Grupo Alceda publica en el Diario
montañés una tribuna en la que reprocha que la obra de reforma de la Plaza de
Italia no confirma su carácter histórico y la califica de desacertada.
¿Cómo se confirma el carácter
histórico de la Plaza de Italia? ¿Dónde está lo desacertado de la reforma?
Tras una detenida lectura del largo
artículo del Grupo Alceda, el lector no creo que lo tenga claro. Se nos ilustra
acerca de la historia de los ensanches de la Ciudad y se dice, erróneamente, lo
que sucedía “en paralelo” en el Sardinero, cuando ambos procesos urbanísticos
están separados por más de un siglo. Se añaden abundantes datos genéricos del
fenómeno de los baños de mar y de las visitas reales. Esto siempre da un plus,
pues los reyes suelen ser gente de buen gusto que no van a cualquier
sitio. Una larga exposición de una
historia gloriosa del Sardinero, sitúa al lector ante la obra ejecutada
“durante el confinamiento”. Esta expresión añade un punto de maldad a la
actuación, pues parece que se ha planeado hacerla a escondidas, cuando la obra se
empezó mucho antes (en abril por la Alameda y en noviembre por la propia Plaza)
y se conoce, con gran publicidad, desde la campaña a las elecciones municipales
de 2015.
En la parte histórica se olvidan
relatar que, durante el siglo XIX, cuando nos visitaron Amadeo de Saboya o
Isabel II, la Plaza de Italia, entonces con otro nombre, se convertía en un
lodazal con las mínimas lluvias y un lugar lleno de polvo si hacía sol. Solo
unas escuetas aceras ponían a salvo del barro a los transeúntes que quisieran
pasear por allí. Los trenes que unían el Sardinero con la ciudad, llenaban de
humo, ruido, hollín y mal olor todo aquel entorno. Los abundantes coches de
caballos aportaban el estiércol correspondiente, con buenas moscas y otros
insectos. Y los vertidos directos a la playa formaban riachuelos en la arena de
aguas grises malolientes. Es verdad que con el tiempo se avanzó algo la
“urbanización” de la zona, las aceras se hicieron mayores y se pudo pasear
manchándose algo menos los zapatos, los bajos de los pantalones y las largas
faldas con enaguas. La Plaza de Italia se pavimentó bien entrado el siglo XX.
Casi todo el espacio central era entonces compartido por el peatón y los pocos
coches de la época. Pero los coches crecieron más deprisa que los peatones y
ocuparon más espacio. Tuvo que ser en los años 30 cuando la actividad generada en
torno al nuevo casino, exigió ampliar aquella acera y crear unos pequeños
jardines sustituyendo a la isleta central en la que había estado el monumento a
Augusto González Linares. A partir de ahí, todos los ayuntamientos han
planteado “peatonalizar” la plaza como consecuencia de un mayor uso ciudadano.
La Plaza de Italia antes de esta
reforma era un espacio prácticamente ocupado en su totalidad por las terrazas
de las cafeterías de los bajos del Casino. En la posguerra se había construido
una plaza “romántica”, que a su vez había destruido una anterior de más influencia
déco. Parterres recercados de setos recortados y bordillos de ladrillo con
diseño zigzagueante para situar los bancos de pies de fundición y listones de
madera pintada. La composición de la plaza estaba presidida por el monumento a
las brigadas italianas colaboradoras del bando Nacional en la guerra civil, que
fue retirado en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. En los años 70 se
pavimentó con loseta hexagonal tipo Escofet de tres colores, colocada con el
ranurado sin casar, lo que daba una cierta inseguridad al caminar. Los sufridos
tamarises dieron la imagen del arbolado de la plaza. Unos cien ejemplares que
se alineaban con los bordillos recortados, mientras sus copas formaban una
especie de nubecilla de pelos verdes sobre la plaza.
Bordillos, bancos, setos, pavimento,
estaban todos en pésimo estado al plantear el proyecto de reforma en el 2018. En
la memoria del mismo, que bien podrían haber consultado algunos miembros del
Grupo Alceda, se cuenta la historia de la plaza y los fundamentos de su
reforma. Pero se ve que incluso en quienes presumen de formación intelectual,
es tentador juzgar sin el esfuerzo de informarse.
¿Cuál es el carácter histórico perdido
con estas obras de la Plaza de Italia? ¿Qué es lo desacertado de la reforma?
Quizá la misma ampliación de la plaza en más de 1.200 m2, quizá la renovación
del colorista pavimento de Escofet, quizá la apertura de un espacio central
para valorar la hasta hoy semiescondida fachada del Casino, quizá la reposición
del mismo número de árboles que había antes, incluso reflejando con su posición
el trazado anterior de la plaza, quizá la renovación de una iluminación llena
de carencias, quizá la búsqueda de su relación y continuidad con la alameda de
Cacho, quizá la apertura al mar a través de la terraza del balneario con la
modificación de la relación entre las dos aceras, quizá la restricción del
tráfico rodado al mínimo, quizá relacionar el orden de la plaza con el de los
edificios históricos que la conforman, quizá delimitar las invasoras y generalmente degradantes
terrazas hosteleras,,, Todo esto debe ser desacertado.
O quizá habría que renunciar a
materiales duraderos y actuales y recuperar el barro del idealizado XIX
..
No. El Grupo Alceda lo dice claro:
“con las explicaciones de los autores del proyecto, quizá no hubiéramos escrito
esta tribuna”. Parece evidente que la carencia de la obra es no haberlos
consultado. Sin embargo, el proyecto ha sido publicado varias veces en la
prensa local con datos e Infografías (mayo 2015, agosto 2018, abril 2019…), de
modo que ha habido momentos en los que reclamar más información, alertar o “alzar
la mano”, como define el Grupo su actitud, acerca de la pérdida del carácter
histórico a que se refiere ahora, cuando la obra está a poco más de un mes de
su terminación.
El activismo cultural es necesario en
nuestra sociedad, pues hay veces que las administraciones o los particulares,
olvidan aspectos cruciales de interés cultural, o lo dejan en manos de
profesionales no suficientemente concienciados y capaces. Este debe ser el caso, ha considerado el Grupo Alceda, que se da en la obra de la Plaza de Italia.
Por eso, sin conocer suficientemente el proyecto, ni esforzarse en ello y sin,
desde luego, esperar a ver el resultado, ya sabe que este no va a confirmar el
carácter histórico de la plaza y, además, será desacertado. Menos mal que no
solo tenemos grupos inquietos culturalmente en esta ciudad, sino clarividentes,
lo que nos debe enorgullecer a todos.
