Banco vs Mercado. Museo vs Archivo
No hace demasiado tiempo, creo que en
el año 2000, vino a Santander con motivo de una reunión de alto nivel, el
entonces Presidente de la República Francesa, Jacques Chirac. No es cualquier persona
un presidente de Francia. Se puede decir que era el cuarto hombre más poderoso
del mundo, después de los presidentes de USA, Rusia y Gran Bretaña. Hoy la cosa
sería más discutible, pero hace esos pocos años, no lo era. Da igual, un
presidente de Francia, incluso Chirac, es, qué duda cabe, una persona
importante. Tenía que venir a Santander y, pocos días antes de su llegada, dijo
que quería ver el Museo de Prehistoria. Francia compite (?) con España en esto
de la prehistoria y sus manifestaciones artísticas, a las que siempre ha
prestado mucha atención para su difusión y también, naturalmente, para su
explotación turístico-comercial. El Museo de Prehistoria de Cantabria, creado
en 1926 por el Padre Carballo, era una de las entidades culturales de gran
prestigio de España, pues había sabido
adquirir, conservar y estudiar una valiosísima colección de objetos
prehistóricos. Además había desplegado una gran actividad arqueológica y
convocado y organizado numerosas reuniones de estudio, tanto nacionales como
internacionales. No era extraño pues, que el señor Chirac quisiera ver ese
Museo de fama internacional. Cuando las autoridades se enteraron del deseo del
Presidente Francés creyeron que estaba de broma. ¿Qué viene a Santander y
quiere ver el Museo de Prehistoria?. Este francés está loco. ¿A quién se le
ocurre?. Será mejor llevarle a Altamira o a Santillana del Mar, ¡pero ese Museo
que está en el sótano de la Diputación, por favor, eso es una bobada!.
Pero no lo era. Chirac quería ver ese
Museo y lo vio, que para eso era el cuarto hombre más importante del mundo. Las
autoridades regionales arreglaron a toda prisa aquel sótano, abandonado desde
que García Guinea se había jubilado. Porque García Guinea había sido el alma
del museo, según ha reconocido todo el mundo, tanto profesional de la
arqueología como simple aficionado. Guinea no pudo hacer, a pesar de su
capacidad de arrastre, el buen museo que merecía su trabajo, pero mantuvo
durante muchos años un grupo de gente joven e inquieta a su alrededor que daban
vida al museo y sus actividades.
Después de aquella visita de Chirac,
el Gobierno de Cantabria arregló el museo e hizo una instalación discreta, que
recuerdo haber recorrido con visita guiada de una joven que sabía muy bien su
cometido. Era un museo pequeño, pero correcto. Con el cambio de sede del
Gobierno, fuera del "Palacio de Puerto Chico", desapareció el Museo
por la Avenida de los Castros y hace un par de años reapareció en el sótano del Mercado del Este. De sótano a
sótano.
El Mercado del Este es un edificio con
mala suerte. Nació, hacia 1840, de la mano de Zabaleta, un buen arquitecto
tardíamente neoclásico, pero ya a los pocos años de su inauguración ofrecía
síntomas de ruina, con fallos en la cimentación y en la cubierta. Se había
construido con una cierta idea de provisionalidad y aquello trajo malas
consecuencias. La cubierta original, prácticamente plana, hubo de ser sustituida
muy pronto por otra, también de madera, a dos aguas, arquitectónicamente más
vulgar. El hecho es que, ya sea por aquella provisionalidad o por otra causa,
el edificio envejeció de muy mala manera y estuvo a punto de desaparecer en
varias ocasiones. Modernos estudios de mercado de la Ciudad decían que solo debía
de haber tres: uno en Puerto Chico, otro en Cuatro Caminos y el de la Esperanza
en el centro. Se condenaba a desaparecer a los de Perines, Miranda y del Este.
No hubo mantenimiento para ellos y el abandono creo la ruina. Cuando parecía
que el Mercado del Este iba a desaparecer, entro en liza el Colegio de
Arquitectos y abanderó una campaña en defensa del edificio y de su cubierta de
madera (que no era la original) y consiguió paralizar su demolición. Fue
declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento. La victoria del
Colegio frente a la política oficial llevó a la rehabilitación del edificio. El resultado es el edifico actual. Del
mercado original solo quedan las grandes losas de piedra del suelo interior, el
resto es absolutamente contemporáneo.
La planta baja se destinó a diversos
comercios y a un bar restaurante que ocupa prácticamente la mitad de la
superficie total. El gran sótano ha tenido varios usos: sala de exposiciones,
montaje de nacimientos,...hasta que hace pocos años se decidió instalar allí el
prestigiado Museo de Prehistoria de Cantabria, diciendo que se hacía de modo
provisional, pues se trataría de buscar un mejor acomodo, bien en el
infortunado Museo de Las Llamas, proyecto que la crisis se llevó por delante, o
en otro emplazamiento que pudiera surgir.
La sede del El Banco de España en
Santander es obra del arquitecto José Yarnoz Larrosa, arquitecto oficial del Banco
de España, que proyectó, entre los años 1920 a 1936, casi todas las sedes
provinciales de la entidad. En cada ciudad "colaboraba" con algún
arquitecto local, generalmente el más reconocido, que firmaba con él los planos
y que se hacía cargo de la parte más dura de la dirección de obra. En Santander,
el que firmó el proyecto, junto con Yarnoz, fue Eloy Martínez del Valle, el más
prestigioso del momento (además su padre había sido consejero del Banco de
España), en cuyo estudio trabajaba un joven y prometedor arquitecto llamado
Deogracias Mariano Lastra. Damos por sentado que algo hicieron en el diseño
final de aquel edificio tipo.
Yarnoz proyectó una sede tipo para las
sucursales del Banco de España, a la que incorporó algunas ligeras variantes
para cada localidad. El edificio tiene una planta sótano para las cámaras
acorazadas y archivo, planta baja para patio de operaciones y dos plantas más
de viviendas. El lenguaje clásico de la fachada se extiende a todas las plantas,
de manera que alguna de las ventanas con frontón de los pisos altos, se
corresponde con dormitorios o comedor de las viviendas y, en algún caso, con almacén
de limpieza. En definitiva, Yarnoz proyectó, para las sedes provinciales, un
edificio que aunque es residencial en casi la mitad de su superficie tiene una
gran apariencia formal gracias a la columnata que ocupa las dos plantas superiores
(las de viviendas) y a los recercados de las más bien pequeñas ventanas. Además,
en casi todas las sedes, remata el edificio con un ático ciego en el que se
sitúa el escudo de España y el nombre del banco. Todo en piedra de sillería. Conseguía
así una imagen potente, de edificación clásica y solida, que era la imagen que
el Banco de España deseaba proyectar de sí mismo. En Santander se facilitó e
incrementó esa deseada imagen, pues el solar para la sede del Banco, daba
frente a la plaza más generosa de la ciudad que, de alguna forma, presidía. De
este modo el edificio adquiere una gran presencia en el paisaje urbano del
centro, pues se puede apreciar en escala íntima, urbana y monumental, en
función de lo más o menos alejado que lo percibamos. Yo valoro más el edificio
como una pieza singular de ese paisaje, que como edificio aislado, que lo veo
casi repetido en Tarragona, Ávila, Albacete, Huelva, Alcoy, Orense,…Pero también
es verdad que tiene un indudable valor arquitectónico.
(En los años en que José Yarnoz
proyectó este edificio trabajaba junto a su hermano Javier, también arquitecto.
Llegó la barbarie de la guerra civil y cada uno acabó en un bando. No es el
momento de contar esas circunstancias, que como muchas de las de esa época,
parecen sacadas de una película. El caso es que ambos hermanos, arquitectos de
buena familia navarra, acabaron separándose, cada uno en un bando y, según
parece, no volvieron a verse nunca. Mientras José se mantuvo como arquitecto
del Banco de España y alcanzó un enorme prestigio profesional, fue elegido Académico
de Bellas Artes y condecorado con la Gran Cruz de Alfonso X, su hermano Javier fue
inhabilitado a perpetuidad por el régimen de Franco, tuvo que emigrar a
Venezuela y trabajar como ilustrador para ganarse la vida. Vidas de hermanos
españoles.)
Así que a mí, el edificio, cuando a
menudo paso por delante de él, me trae a la mente un buen número de imágenes y
me evoca buena parte de la historia reciente de este País y, qué duda cabe, ese
es un valor añadido de importancia.
Prácticamente todas las sedes del
Banco de España proyectadas por José Yarnoz, han quedado sin uso y las
respectivas administraciones locales o regionales los han adquirido para
reutilizarlos. Tarragona hará un Museo de la Química, Albacete el Museo
nacional del Circo, Orense un centro cultural en la planta baja, Alcoy una casa
de cultura y así en casi todos los casos.
Santander ha ido ligeramente rezagada
en la adquisición del edificio y también en decidir un nuevo uso para el mismo.
Hasta julio de 2013 no supimos que el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento
iban a destinarlo a Museo de Arqueología y Prehistoria, para lo cual convocaron
a los periodistas en el mismo edificio con declaraciones, videos y fotos en la
prensa (ABC
10.07.2013). El
Ayuntamiento inició una modificación del Plan General, recientemente aprobado,
pues el edificio estaba excesivamente protegido y no parecía posible adaptarlo
al nuevo uso. Varias entidades culturales no vieron muy clara la rebaja de la
protección del edificio y se publicaron diversos artículos contra esa
modificación (DM 13.03.2014).
Después vino un prolongado y misterioso silencio político administrativo, hasta
que de pronto surge un llamativo cambio de planes: La sede del Banco de España
se cederá para albergar el Archivo Lafuente que reúne una extensa colección
documental especializada en historia del arte del siglo XX en Europa,
Latinoamérica y Estados Unidos. El Archivo Lafuente ha sido a su vez cedido al
Museo Reina Sofía, que de esa manera creará su primera sede fuera de Madrid. El
Museo de Prehistoria se mantendrá en el Mercado del Este, pero ocupando no solo
el sótano si no también la planta baja, para lo que habrá que desalojarla de
los comercios actuales y, en consecuencia, deberá perder su carácter de espacio
público cubierto. Una revolución en los planes previstos. El director del Museo
de Prehistoria estuvo a punto de dimitir, pues al parecer se enteró por la
prensa del cambio de planes. El Decano del Colegio de Arquitectos tiene dudas sobre
la posibilidad de que el cambio de uso del Mercado, todo él destinado a Museo
de Prehistoria, sea coherente con su estructura arquitectónica y presume la
pérdida de sus valores como espacio público de acogida(DM
23.11.2014).
Probablemente tenga razón, pero por otra parte, conservo la fe en que un buen
profesional obre el milagro, que no llegamos a ver el Decano y yo. (Quizá
habría que rebajar la protección que tiene este edificio…)
El
Archivo Lafuente, que hemos podido ver parcialmente expuesto este pasado verano
en el Embarcadero, Museo Municipal y Paraninfo de la Universidad, tiene el
aspecto de ser un interesante depósito de documentación sobre el arte
contemporáneo. Sin ser, ni mucho menos, un experto, me parece claro su interés
para la consulta y estudio de las manifestaciones artísticas de las últimas
décadas en Estados Unidos, Latinoamérica y España. Se trata además de un
archivo vivo que sigue creciendo y que tiene esa vocación de actualización
permanente, de manera que será cada día más y más atractivo para el estudio del
arte contemporáneo. Creo que su legado al Reina Sofía y como consecuencia, la
apertura de una sede de este Museo en Santander, es una gran noticia para la Ciudad.
La
ampliación del Museo de Prehistoria, cuya situación en los sótanos de un
mercado, no es precisamente la más correcta,
es también algo muy esperado y que hará descansar mejor al padre
Carballo y a García Guinea, además de darnos más satisfacciones a los que lo
veamos.
Sin
embargo, en el aspecto puramente urbanístico, aquel en que se analizan las
oportunidades que ofrece la ciudad en su desarrollo, en este caso en su mismo
centro urbano, con la aparición de nuevos usos y la desaparición de otros, en
este caso, digo, tengo que dudar de la conveniencia de la solución adoptada.
El
cambio de destino de la sede del Banco de España no me parece acertado. El Archivo
Lafuente no tiene por qué estar en una localización tan significada como esta y
sin embargo el Museo de Prehistoria, sí. El Archivo Lafuente, como centro de
documentación, aspirará a tener un público y una actividad más especializada y,
desde luego en menor número que el Museo de Prehistoria y su localización tan central
no es preferente. El Museo, con el alarde museográfico que ha desplegado y que
podrá aumentar en una nueva ubicación, tiene vocación si no de un centro de
masas, sí de un número importante y creciente de visitantes y su
localización central creo que es necesaria
(Aconsejo ver el recién reformando Museo Nacional de Arqueología, en la calle
Serrano en pleno centro de Madrid, para ver lo que es un museo bien montado y
masivamente visitado).
Puestos a adjudicar el edificio del Banco de España a una de las dos sedes,
desde un punto de vista de centralidad, potenciales visitantes y accesibilidad,
me parece que el destino de Museo de Prehistoria es más adecuado.
Eso,
sin contar con sus casi 90 fecundos años de edad, frente a los 12 prometedores del
Archivo Lafuente. La antigüedad es un grado.
Claro
que no se trata de un trueque. Si el Mercado del Este no parece adecuado para el
Museo, menos aún me lo parece para el Archivo.
Por
otro lado, la política urbanística habría de decidirse ahora a acometer la
revitalización de un espacio bien central y que, pese a su apariencia, está en
progresivo abandono: Los edificios de la Plaza Porticada están vaciándose de
usos o soportando otros que no requieren de la centralidad que disfrutan. La
Plaza Porticada es el resultado de una semi fracasada operación urbanística
encuadrada en la Zona Siniestrada, consecuencia del incendio del año 1941. Los
proyectistas de la Plaza pretendieron hacer una plaza mayor, en la mejor
tradición de una de las universales aportaciones del urbanismo español. Una
plaza institucional de soportales presidida por el Ayuntamiento o la Diputación
Provincial. No se llegó a los debidos acuerdos y esa situación privilegiada de
posición dominante de la Plaza, la ocupó la Caja de Ahorros, institución que ha
pasado de ser muy querida por los ciudadanos, a ser objeto de manifestaciones y
pitadas en la propia Plaza, todo por una persistente gestión poco profesional y
muy politizada, como desgraciadamente ha ocurrido con casi todas las cajas del
País. La Caja es ahora el 14% de un Banco y ocupa un lugar excesivamente
protagonista. Mientras ocurría la degradación de la Caja, el espacio público de
la propia Plaza Porticada fue objeto de varías reformas regeneradoras y pasó de
ser un aparcamiento a medias público y privado, que en verano se convertía en
un tinglado para los Festivales,
a restringir la circulación hasta llegar a ser hoy una magnifica plaza peatonal
multiusos. Sin embargo, la arquitectura de la plaza resulta demasiado severa y
sus soportales poco acogedores. Siempre se criticó su falta de vida, echando la
culpa al exceso de organismos oficiales
y al defecto de comercios o cafeterías en las plantas bajas, como tienen las plazas mayores tradicionales.
Dejando
a la Delegación del Gobierno, que por su significado puede mantener esa
centralidad, tanto la Delegación de Hacienda, la Cámara de Comercio, la
desaparecida como tal Caja de Ahorros y no digamos nada de la Delegación
Militar, podrían todas ellas, juntas o en parte, ceder su localización en favor
de nuevos usos más generadores o necesitados de esa centralidad. Ahí puede
situarse el Gobierno Regional, tal como fue pensado en su día (La Diputación de
1942 no quiso mudarse al espacio que hoy ocupa la Caja de Ahorros), o bien en
lo que hoy ocupa la Delegación de Hacienda. El Gobierno Regional tiene inmuebles,
su propia sede de Peña Herbosa o los solares del no nato Edificio Moneo, para
gestionar las permutas necesarias y así recuperar los edificios de la Plaza
Porticada para esos usos y otros tan necesitados de centralidad. Claro que hace
falta probablemente más trabajo que dinero, más imaginación que financiación y,
sobre todo, mucha capacidad de acuerdos entre tantas entidades y organismos
implicados, pero ahí es donde se ve a los políticos de talla.
Y
allí, en esa magnífica situación de la Plaza Porticada, es donde yo veo bien
situado el Archivo Lafuente.


