miércoles, 21 de enero de 2015

Banco vs Mercado. Museo vs Archivo




 Banco vs Mercado. Museo vs Archivo


No hace demasiado tiempo, creo que en el año 2000, vino a Santander con motivo de una reunión de alto nivel, el entonces Presidente de la República Francesa, Jacques Chirac. No es cualquier persona un presidente de Francia. Se puede decir que era el cuarto hombre más poderoso del mundo, después de los presidentes de USA, Rusia y Gran Bretaña. Hoy la cosa sería más discutible, pero hace esos pocos años, no lo era. Da igual, un presidente de Francia, incluso Chirac, es, qué duda cabe, una persona importante. Tenía que venir a Santander y, pocos días antes de su llegada, dijo que quería ver el Museo de Prehistoria. Francia compite (?) con España en esto de la prehistoria y sus manifestaciones artísticas, a las que siempre ha prestado mucha atención para su difusión y también, naturalmente, para su explotación turístico-comercial. El Museo de Prehistoria de Cantabria, creado en 1926 por el Padre Carballo, era una de las entidades culturales de gran prestigio de España, pues había sabido  adquirir, conservar y estudiar una valiosísima colección de objetos prehistóricos. Además había desplegado una gran actividad arqueológica y convocado y organizado numerosas reuniones de estudio, tanto nacionales como internacionales. No era extraño pues, que el señor Chirac quisiera ver ese Museo de fama internacional. Cuando las autoridades se enteraron del deseo del Presidente Francés creyeron que estaba de broma. ¿Qué viene a Santander y quiere ver el Museo de Prehistoria?. Este francés está loco. ¿A quién se le ocurre?. Será mejor llevarle a Altamira o a Santillana del Mar, ¡pero ese Museo que está en el sótano de la Diputación, por favor, eso es una bobada!.

Pero no lo era. Chirac quería ver ese Museo y lo vio, que para eso era el cuarto hombre más importante del mundo. Las autoridades regionales arreglaron a toda prisa aquel sótano, abandonado desde que García Guinea se había jubilado. Porque García Guinea había sido el alma del museo, según ha reconocido todo el mundo, tanto profesional de la arqueología como simple aficionado. Guinea no pudo hacer, a pesar de su capacidad de arrastre, el buen museo que merecía su trabajo, pero mantuvo durante muchos años un grupo de gente joven e inquieta a su alrededor que daban vida al museo y sus actividades.

Después de aquella visita de Chirac, el Gobierno de Cantabria arregló el museo e hizo una instalación discreta, que recuerdo haber recorrido con visita guiada de una joven que sabía muy bien su cometido. Era un museo pequeño, pero correcto. Con el cambio de sede del Gobierno, fuera del "Palacio de Puerto Chico", desapareció el Museo por la Avenida de los Castros y hace un par de años reapareció en  el sótano del Mercado del Este. De sótano a sótano.

El Mercado del Este es un edificio con mala suerte. Nació, hacia 1840, de la mano de Zabaleta, un buen arquitecto tardíamente neoclásico, pero ya a los pocos años de su inauguración ofrecía síntomas de ruina, con fallos en la cimentación y en la cubierta. Se había construido con una cierta idea de provisionalidad y aquello trajo malas consecuencias. La cubierta original, prácticamente plana, hubo de ser sustituida muy pronto por otra, también de madera, a dos aguas, arquitectónicamente más vulgar. El hecho es que, ya sea por aquella provisionalidad o por otra causa, el edificio envejeció de muy mala manera y estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones. Modernos estudios de mercado de la Ciudad decían que solo debía de haber tres: uno en Puerto Chico, otro en Cuatro Caminos y el de la Esperanza en el centro. Se condenaba a desaparecer a los de Perines, Miranda y del Este. No hubo mantenimiento para ellos y el abandono creo la ruina. Cuando parecía que el Mercado del Este iba a desaparecer, entro en liza el Colegio de Arquitectos y abanderó una campaña en defensa del edificio y de su cubierta de madera (que no era la original) y consiguió paralizar su demolición. Fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento. La victoria del Colegio frente a la política oficial llevó a la rehabilitación del edificio.  El resultado es el edifico actual. Del mercado original solo quedan las grandes losas de piedra del suelo interior, el resto es absolutamente contemporáneo.
 
La planta baja se destinó a diversos comercios y a un bar restaurante que ocupa prácticamente la mitad de la superficie total. El gran sótano ha tenido varios usos: sala de exposiciones, montaje de nacimientos,...hasta que hace pocos años se decidió instalar allí el prestigiado Museo de Prehistoria de Cantabria, diciendo que se hacía de modo provisional, pues se trataría de buscar un mejor acomodo, bien en el infortunado Museo de Las Llamas, proyecto que la crisis se llevó por delante, o en otro emplazamiento que pudiera surgir.  

La sede del El Banco de España en Santander es obra del arquitecto José Yarnoz Larrosa, arquitecto oficial del Banco de España, que proyectó, entre los años 1920 a 1936, casi todas las sedes provinciales de la entidad. En cada ciudad "colaboraba" con algún arquitecto local, generalmente el más reconocido, que firmaba con él los planos y que se hacía cargo de la parte más dura de la dirección de obra. En Santander, el que firmó el proyecto, junto con Yarnoz, fue Eloy Martínez del Valle, el más prestigioso del momento (además su padre había sido consejero del Banco de España), en cuyo estudio trabajaba un joven y prometedor arquitecto llamado Deogracias Mariano Lastra. Damos por sentado que algo hicieron en el diseño final de aquel edificio tipo.
 
Yarnoz proyectó una sede tipo para las sucursales del Banco de España, a la que incorporó algunas ligeras variantes para cada localidad. El edificio tiene una planta sótano para las cámaras acorazadas y archivo, planta baja para patio de operaciones y dos plantas más de viviendas. El lenguaje clásico de la fachada se extiende a todas las plantas, de manera que alguna de las ventanas con frontón de los pisos altos, se corresponde con dormitorios o comedor de las viviendas y, en algún caso, con almacén de limpieza. En definitiva, Yarnoz proyectó, para las sedes provinciales, un edificio que aunque es residencial en casi la mitad de su superficie tiene una gran apariencia formal gracias a la columnata que ocupa las dos plantas superiores (las de viviendas) y a los recercados de las más bien pequeñas ventanas. Además, en casi todas las sedes, remata el edificio con un ático ciego en el que se sitúa el escudo de España y el nombre del banco. Todo en piedra de sillería. Conseguía así una imagen potente, de edificación clásica y solida, que era la imagen que el Banco de España deseaba proyectar de sí mismo. En Santander se facilitó e incrementó esa deseada imagen, pues el solar para la sede del Banco, daba frente a la plaza más generosa de la ciudad que, de alguna forma, presidía. De este modo el edificio adquiere una gran presencia en el paisaje urbano del centro, pues se puede apreciar en escala íntima, urbana y monumental, en función de lo más o menos alejado que lo percibamos. Yo valoro más el edificio como una pieza singular de ese paisaje, que como edificio aislado, que lo veo casi repetido en Tarragona, Ávila, Albacete, Huelva, Alcoy, Orense,…Pero también es verdad que tiene un indudable valor arquitectónico.

(En los años en que José Yarnoz proyectó este edificio trabajaba junto a su hermano Javier, también arquitecto. Llegó la barbarie de la guerra civil y cada uno acabó en un bando. No es el momento de contar esas circunstancias, que como muchas de las de esa época, parecen sacadas de una película. El caso es que ambos hermanos, arquitectos de buena familia navarra, acabaron separándose, cada uno en un bando y, según parece, no volvieron a verse nunca. Mientras José se mantuvo como arquitecto del Banco de España y alcanzó un enorme prestigio profesional, fue elegido Académico de Bellas Artes y condecorado con la Gran Cruz de Alfonso X, su hermano Javier fue inhabilitado a perpetuidad por el régimen de Franco, tuvo que emigrar a Venezuela y trabajar como ilustrador para ganarse la vida. Vidas de hermanos españoles.)

Así que a mí, el edificio, cuando a menudo paso por delante de él, me trae a la mente un buen número de imágenes y me evoca buena parte de la historia reciente de este País y, qué duda cabe, ese es un valor añadido de importancia.

Prácticamente todas las sedes del Banco de España proyectadas por José Yarnoz, han quedado sin uso y las respectivas administraciones locales o regionales los han adquirido para reutilizarlos. Tarragona hará un Museo de la Química, Albacete el Museo nacional del Circo, Orense un centro cultural en la planta baja, Alcoy una casa de cultura y así en casi todos los casos.

Santander ha ido ligeramente rezagada en la adquisición del edificio y también en decidir un nuevo uso para el mismo. Hasta julio de 2013 no supimos que el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento iban a destinarlo a Museo de Arqueología y Prehistoria, para lo cual convocaron a los periodistas en el mismo edificio con declaraciones, videos y fotos en la prensa (ABC 10.07.2013). El Ayuntamiento inició una modificación del Plan General, recientemente aprobado, pues el edificio estaba excesivamente protegido y no parecía posible adaptarlo al nuevo uso. Varias entidades culturales no vieron muy clara la rebaja de la protección del edificio y se publicaron diversos artículos contra esa modificación (DM 13.03.2014). Después vino un prolongado y misterioso silencio político administrativo, hasta que de pronto surge un llamativo cambio de planes: La sede del Banco de España se cederá para albergar el Archivo Lafuente que reúne una extensa colección documental especializada en historia del arte del siglo XX en Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. El Archivo Lafuente ha sido a su vez cedido al Museo Reina Sofía, que de esa manera creará su primera sede fuera de Madrid. El Museo de Prehistoria se mantendrá en el Mercado del Este, pero ocupando no solo el sótano si no también la planta baja, para lo que habrá que desalojarla de los comercios actuales y, en consecuencia, deberá perder su carácter de espacio público cubierto. Una revolución en los planes previstos. El director del Museo de Prehistoria estuvo a punto de dimitir, pues al parecer se enteró por la prensa del cambio de planes. El Decano del Colegio de Arquitectos tiene dudas sobre la posibilidad de que el cambio de uso del Mercado, todo él destinado a Museo de Prehistoria, sea coherente con su estructura arquitectónica y presume la pérdida de sus valores como espacio público de acogida(DM 23.11.2014). Probablemente tenga razón, pero por otra parte, conservo la fe en que un buen profesional obre el milagro, que no llegamos a ver el Decano y yo. (Quizá habría que rebajar la protección que tiene este edificio…)

El Archivo Lafuente, que hemos podido ver parcialmente expuesto este pasado verano en el Embarcadero, Museo Municipal y Paraninfo de la Universidad, tiene el aspecto de ser un interesante depósito de documentación sobre el arte contemporáneo. Sin ser, ni mucho menos, un experto, me parece claro su interés para la consulta y estudio de las manifestaciones artísticas de las últimas décadas en Estados Unidos, Latinoamérica y España. Se trata además de un archivo vivo que sigue creciendo y que tiene esa vocación de actualización permanente, de manera que será cada día más y más atractivo para el estudio del arte contemporáneo. Creo que su legado al Reina Sofía y como consecuencia, la apertura de una sede de este Museo en Santander, es una gran noticia para la Ciudad.

La ampliación del Museo de Prehistoria, cuya situación en los sótanos de un mercado, no es precisamente la más correcta,  es también algo muy esperado y que hará descansar mejor al padre Carballo y a García Guinea, además de darnos más satisfacciones a los que lo veamos.

Sin embargo, en el aspecto puramente urbanístico, aquel en que se analizan las oportunidades que ofrece la ciudad en su desarrollo, en este caso en su mismo centro urbano, con la aparición de nuevos usos y la desaparición de otros, en este caso, digo, tengo que dudar de la conveniencia de la solución adoptada.

El cambio de destino de la sede del Banco de España no me parece acertado. El Archivo Lafuente no tiene por qué estar en una localización tan significada como esta y sin embargo el Museo de Prehistoria, sí. El Archivo Lafuente, como centro de documentación, aspirará a tener un público y una actividad más especializada y, desde luego en menor número que el Museo de Prehistoria y su localización tan central no es preferente. El Museo, con el alarde museográfico que ha desplegado y que podrá aumentar en una nueva ubicación, tiene vocación si no de un centro de masas, sí de un número importante y creciente de visitantes y su localización  central creo que es necesaria (Aconsejo ver el recién reformando Museo Nacional de Arqueología, en la calle Serrano en pleno centro de Madrid, para ver lo que es un museo bien montado y masivamente visitado). Puestos a adjudicar el edificio del Banco de España a una de las dos sedes, desde un punto de vista de centralidad, potenciales visitantes y accesibilidad, me parece que el destino de Museo de Prehistoria es más adecuado.

Eso, sin contar con sus casi 90 fecundos años de edad, frente a los 12 prometedores del Archivo Lafuente. La antigüedad es un grado.

Claro que no se trata de un trueque. Si el Mercado del Este no parece adecuado para el Museo, menos aún me lo parece para el Archivo.

Por otro lado, la política urbanística habría de decidirse ahora a acometer la revitalización de un espacio bien central y que, pese a su apariencia, está en progresivo abandono: Los edificios de la Plaza Porticada están vaciándose de usos o soportando otros que no requieren de la centralidad que disfrutan. La Plaza Porticada es el resultado de una semi fracasada operación urbanística encuadrada en la Zona Siniestrada, consecuencia del incendio del año 1941. Los proyectistas de la Plaza pretendieron hacer una plaza mayor, en la mejor tradición de una de las universales aportaciones del urbanismo español. Una plaza institucional de soportales presidida por el Ayuntamiento o la Diputación Provincial. No se llegó a los debidos acuerdos y esa situación privilegiada de posición dominante de la Plaza, la ocupó la Caja de Ahorros, institución que ha pasado de ser muy querida por los ciudadanos, a ser objeto de manifestaciones y pitadas en la propia Plaza, todo por una persistente gestión poco profesional y muy politizada, como desgraciadamente ha ocurrido con casi todas las cajas del País. La Caja es ahora el 14% de un Banco y ocupa un lugar excesivamente protagonista. Mientras ocurría la degradación de la Caja, el espacio público de la propia Plaza Porticada fue objeto de varías reformas regeneradoras y pasó de ser un aparcamiento a medias público y privado, que en verano se convertía en un tinglado para los Festivales, a restringir la circulación hasta llegar a ser hoy una magnifica plaza peatonal multiusos. Sin embargo, la arquitectura de la plaza resulta demasiado severa y sus soportales poco acogedores. Siempre se criticó su falta de vida, echando la culpa  al exceso de organismos oficiales y al defecto de comercios o cafeterías en las plantas bajas, como tienen las plazas mayores tradicionales.
Dejando a la Delegación del Gobierno, que por su significado puede mantener esa centralidad, tanto la Delegación de Hacienda, la Cámara de Comercio, la desaparecida como tal Caja de Ahorros y no digamos nada de la Delegación Militar, podrían todas ellas, juntas o en parte, ceder su localización en favor de nuevos usos más generadores o necesitados de esa centralidad. Ahí puede situarse el Gobierno Regional, tal como fue pensado en su día (La Diputación de 1942 no quiso mudarse al espacio que hoy ocupa la Caja de Ahorros), o bien en lo que hoy ocupa la Delegación de Hacienda. El Gobierno Regional tiene inmuebles, su propia sede de Peña Herbosa o los solares del no nato Edificio Moneo, para gestionar las permutas necesarias y así recuperar los edificios de la Plaza Porticada para esos usos y otros tan necesitados de centralidad. Claro que hace falta probablemente más trabajo que dinero, más imaginación que financiación y, sobre todo, mucha capacidad de acuerdos entre tantas entidades y organismos implicados, pero ahí es donde se ve a los políticos de talla.

Y allí, en esa magnífica situación de la Plaza Porticada, es donde yo veo bien situado el Archivo Lafuente.